Hay empates que saben a derrota y otros que huelen a temporada prometedora. El que el Deportivo arrancó del Coliseum cae claramente en el segundo grupo. Los coruñeses volvieron a arrastrar un marcador adverso y volvieron a reaccionar, esta vez gracias a su hombre más determinante: Pierre-Emerick Aubameyang, que firmó el 1-1 definitivo en la recta final de un duelo intenso y repartido ante el Getafe.
El punto tiene mérito doble. Por un lado, permite al equipo gallego conservar su condición de invicto en lo que va de campaña, una rareza que pocos imaginaban al inicio del curso. Por otro, mantiene a los blanquiazules en los puestos que dan acceso a competición europea, terreno que la afición dejaba por imposible hace apenas unos meses.
El valor de reponerse una y otra vez
Quizá lo más llamativo no sea el empate en sí, sino el patrón que se repite: este grupo ha demostrado dos jornadas seguidas una capacidad de reacción envidiable. Ya lo había hecho una semana antes, cuando sobreponerse a un contratiempo le permitió imponerse en un campo complicado. En Getafe, escenario siempre exigente por la física y la intensidad que impone el rival de turno, el guion amenazaba con romperse. No fue así.
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Conoce más →El conjunto madrileño golpeó primero por medio de Ramón Terrats y sostuvo durante buena parte del encuentro su ventaja, como suele hacer un equipo cómodo defendiendo con ventaja en su estadio. Pero el Deportivo no perdió la cara al partido y encontró en el tramo final el premio a su insistencia: un balón bien trabajado que terminó en los pies del gabonés.
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Conviene detenerse en la figura del delantero. Su tanto ante los azulones fue el quinto gol que le marca a este rival, una cifra que confirma una sintonía casi anecdótica con los equipos del sur madrileño. Pero más allá de las estadísticas, su presencia está transformando la mentalidad del ataque coruñés: cuando el equipo necesita un gol, todos los caminos parecen desembocar en él.
En esta ocasión, además, la jugada del empate dejó una lectura muy positiva para el futuro: la asistencia llegó de Yeremay, la otra pieza creativa del equipo. Que los dos hombres más vigilados por las defensas rivales se entiendan en momentos decisivos es una señal de madurez colectiva que va más allá de los puntos sumados.
Rotaciones mínimas, proyecto sólido
Otro apunte interesante es la confianza del cuerpo técnico en su bloque. Ante el Getafe, el once apenas varió respecto al que había logrado un resultado notable la jornada anterior, con una sola novedad: la incorporación al equipo inicial de Marc Casadó, que estrenaba así la titularidad como jugador del club. La apuesta por la continuidad, tan criticada cuando los resultados no acompañan, se presenta ahora como una decisión acertada.
El empate permite, además, mirar la clasificación desde una posición privilegiada: el conjunto gallego se mantiene en zona europea, algo impensable para una entidad recién asentada de nuevo en la élite. El reto ahora será convertir esta racha en costumbre y no en excepción.
Conclusión
Sumar en Getafe nunca es sencillo, y hacerlo además remontando un marcador en contra habla de un vestuario con carácter. El Deportivo sigue sin conocer la derrota, mantiene su ambición europea viva y cuenta con un delantero que resuelve cuando más falta hace. Si hay algún motivo de preocupación, es la dependencia de su estrella; si hay motivo de ilusión, es todo lo demás. De momento, el punto del Coliseum vale oro.
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