El Grupo de Teatro Juvenil de Ourense —más tarde conocido como Valle Inclán— logró en 1966 dos victorias nacionales con la obra Donadieu, del austríaco Fritz Hochwälder. Aquella doble corona se selló en abril de 1966 en el Teatro Romea de Murcia y pocos días después en Zamora, con el Galardón del Duero. Hoy, a seis décadas de distancia, la gesta sigue siendo uno de los hitos del teatro no profesional ourensano.
Entre los miembros que vivieron y recuerdan aquel triunfo quedan ya pocos supervivientes. El periodista y actor Fernando Ramos, que formó parte del elenco, rememora con claridad cómo aquel resultado puso a Ourense en el mapa del teatro aficionado español. Para la ciudad y para la compañía supuso un reconocimiento inesperado y duradero.
El éxito obedeció tanto a la calidad dramatúrgica de la pieza como al trabajo de equipo y a una dirección exigente que supo exprimir los recursos disponibles. La puesta en escena de Donadieu combinó dirección, movimiento escénico y un cuidado vestuario que llamó la atención de la crítica especializada.
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Conoce más →Formación y elenco
El grupo sobrevivió a la transición entre generaciones gracias al impulso del director Segundo Alvarado-Feijoo Montenegro, que cogió el relevo del Teatro de Cámara y formó el nuevo grupo juvenil. Bajo su tutela emergieron nombres que luego serían habituales en la vida cultural ourensana: Dora Espinar, Marisa Calvo, Manuel Vidal y muchos otros miembros que se fueron sumando.
La lista de intérpretes y colaboradores es larga y refleja la vitalidad de aquel periodo: José Manuel Blanco Gil, Mari Luz García, Marina Gloria Pérez, Miguel Ángel Gómez, Vicente V. Losada, Rafael Huete y otros tantos que configuraron una cantera estable de talento aficionado en la ciudad.
Los elogios de la prensa de la época no se limitaron a la capacidad interpretativa: se destacó la limpieza del texto y la solvencia técnica del montaje, rasgos poco frecuentes entonces en agrupaciones no profesionales.
«Por fin, se escuchaba correctamente en el escenario el lenguaje de Cervantes»
Dirección, movimiento y detalles técnicos
La dirección de Alvarado fue decisiva; su afán de perfección llevó al grupo a incorporar especialistas ajenos al circuito aficionado. El coreógrafo y creador de movimientos escénicos Eduardo Ramóndez, conocido como «Sheridan», aportó coreografías y atmósferas que transformaban escenarios modestos en espacios creíbles.
Para escenas concretas, como el duelo que corona Donadieu, se contó con el maestro de esgrima Osorio y con vestuario encargado a Peris Hermanos, de Madrid. Estos recursos, poco habituales en montajes amateurs, elevaron la calidad percibida por público y crítica.
La compañía dispuso además de un local de ensayos cedido por la Diputación, en las antiguas instalaciones de la Caja de Reclutas. Allí se repetían las escenas hasta la precisión, en un clima de disciplina que fue marca de la casa.
«La profesionalidad de los aficionados»
El prestigio alcanzado atrajo la atención de figuras relevantes del teatro español. Críticos y directores como Modesto Higueras y José Tamayo llegaron a valorar la labor de Alvarado y de su equipo, situando a la experiencia ourensana entre las más destacadas del circuito no profesional.
Alvarado mantuvo su dedicación hasta el final de su vida artística; falleció en 2007 dejando una de las mejores bibliotecas de teatro del país y un palmarés que sigue siendo referente para varias generaciones de aficionados ourensanos.
La memoria del Valle Inclán incluye montajes singulares fuera de Ourense: Antígona, de Anouilh, en el Teatro Romano de Málaga, y la representación de Donadieu en el parque de Castrelos, en Vigo, que demostraron la ambición del grupo para afrontar escenarios complejos.
El hito de 1966 funciona hoy como punto de referencia para valorar la capacidad de los circuitos aficionados para producir montajes de alto nivel. Para los supervivientes, la celebración de este sexagésimo aniversario es ocasión de recordar esfuerzos, amistades y la escena que los unió.
Aunque muchos de aquellos protagonistas ya no están, quedan archivos, testimonios y la impronta de una época en la que Ourense, gracias a un puñado de jóvenes y a una dirección exigente, puso su teatro en primera fila. La efeméride invita a rescatar materiales y a reconocer públicamente una trayectoria que contribuyó a enriquecer la vida cultural de la provincia.
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