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Investigadores españoles identifican una huella inmunitaria en sangre que predice la respuesta a la quimio-inmunoterapia en cáncer de pulmón

Investigadores españoles identifican una huella inmunitaria en sangre que predice la respuesta a la quimio-inmunoterapia

Un equipo del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) ha detectado en sangre una huella inmunitaria capaz de anticipar la respuesta a la quimio‑inmunoterapia administrada antes de la cirugía en pacientes con cáncer de pulmón no microcítico. El estudio, cuyos resultados se publicaron en marzo de 2026 en la revista Clinical Cancer Research, analiza por qué algunos enfermos mejoran de forma notable tras el tratamiento y otros no. La investigación se basó en muestras tumorales y sanguíneas obtenidas en ensayos clínicos realizados en España con el objetivo de perfeccionar la selección de pacientes candidatos a terapia combinada. El hallazgo sitúa a los linfocitos B y a las estructuras linfoides terciarias como claves para predecir eficacia y evitar tratamientos innecesarios.

Los autores revisaron material de 123 pacientes incluidos en los ensayos NADIM y NADIM II, promovidos por el GECP para evaluar quimio‑inmunoterapia neoadyuvante, es decir, administrada antes de la intervención quirúrgica. El trabajo examina la organización, diversidad y grado de activación de los linfocitos B tanto en el microambiente tumoral como en sangre periférica. Según los investigadores, la combinación de quimioterapia con inmunoterapia potencia la activación de respuestas inmunitarias locales que pueden detectarse también en el torrente sanguíneo. Esa correlación entre tumor y sangre es la que abre la puerta a biomarcadores menos invasivos y más prácticos para la clínica.

En el seno del tumor, el estudio pone el foco en las llamadas estructuras linfoides terciarias (TLS), pequeños núcleos organizados de células inmunitarias que funcionan como centros locales de respuesta. Los TLS más maduros y funcionales se asociaron con una respuesta patológica completa tras la quimio‑inmunoterapia, es decir, con la desaparición completa del tumor en la pieza quirúrgica. Para el coinvestigador principal, Alberto Cruz, oncólogo del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro, no basta con que las células inmunitarias estén presentes: «es la calidad y la organización de esa respuesta la que determina la eficacia», resumen los autores al explicar sus conclusiones.

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Además de las muestras tumorales, los científicos observaron que los pacientes con mejor resultado mostraban en sangre linfocitos B más maduros y funcionales, capaces de producir anticuerpos y coordinar la respuesta inmunitaria. Ese patrón circulante podría convertirse en un biomarcador predictivo que, según los investigadores, supera a los indicadores clásicos empleados hoy en día, como la expresión de PD‑L1 o la carga mutacional tumoral. La ventaja práctica sería poder evaluar la probabilidad de respuesta antes de someter al paciente a tratamiento intensivo, lo que podría reducir toxicidad y costes.

La investigadora posdoctoral del Hospital Puerta de Hierro Belén Sierra subraya que medir la actividad de los linfocitos B y la presencia de TLS podría transformarse en una herramienta clave para seleccionar quién se beneficiará de la quimio‑inmunoterapia neoadyuvante. Los responsables del estudio plantean que, con pruebas sanguíneas validadas, se facilitaría la toma de decisiones en la consulta y se evitaría exponer a pacientes a tratamientos con escasa probabilidad de respuesta. Sin embargo, insisten en la necesidad de ensayos prospectivos que confirmen la utilidad clínica de estos biomarcadores en poblaciones más amplias.

Los ensayos NADIM y NADIM II han sido pioneros en España al evaluar la administración conjunta de quimioterapia e inhibidores del punto de control inmunitario antes de la cirugía en tumores de pulmón no microcítico. Estos estudios han generado ya evidencia de que la estrategia puede aumentar las tasas de respuesta patológica y de supervivencia en determinados subgrupos de pacientes. El análisis del GECP añade una capa molecular y celular que ayuda a explicar la heterogeneidad de resultados entre pacientes tratados con el mismo protocolo.

Desde el punto de vista translacional, los autores abogan por desarrollar ensayos que integren la caracterización de linfocitos B en sangre con técnicas de imagen y análisis tisular para optimizar la estratificación clínica. También señalan la necesidad de estandarizar los marcadores y los procedimientos de laboratorio para que los resultados puedan reproducirse en distintos centros. Si se validan, estas pruebas podrían incorporarse a los algoritmos de decisión terapéutica en oncología torácica en los próximos años.

El hallazgo tiene implicaciones relevantes para la práctica clínica en España y para la investigación internacional sobre inmunoterapia en cáncer de pulmón. Publicado en la revista de la American Association for Cancer Research, el estudio sitúa al GECP y a los hospitales colaboradores como actores relevantes en la búsqueda de herramientas que personalicen el tratamiento. A corto plazo, los investigadores confían en que sus resultados impulsen nuevos estudios multicéntricos que confirmen el valor predictivo de la huella inmunitaria detectada en sangre y permitan su traslado a la clínica.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.