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La “banda de los cristos” desvalija el cementerio de San Breixo en Celanova: 34 figuras sustraídas en una sola noche

Celanova volvió a despertarse con el mismo malestar que vienen sintiendo varias localidades de la provincia: el parroquial de San Breixo amaneció este martes con la ausencia de 34 imágenes religiosas que, según los vecinos, habían sido arrancadas durante la noche. La sustracción convierte a este camposanto en el quinto cementerio profanado en apenas 11 días en la provincia, una oleada que los residentes ya han bautizado coloquialmente como la actuación de la “banda de los cristos”. La Guardia Civil de Celanova investiga los hechos a la espera de más datos.

El saqueo nocturno y el hallazgo de la mañana

Los responsables del camposanto localizaron cruces con tornillos forzados y varias manos de las estatuillas desgajadas sobre la hierba; las figuras suelen ir fijadas con tornillería al material de la cruz, por lo que al arrancarlas quedan restos que confirman el modo de operar. Vecinos que pasan a diario por el cementerio alertaron el hallazgo y avisaron a la Guardia Civil, que ya ha tomado declaración a algunas personas y realiza labores de inspección y búsqueda de indicios.

Quien ha vivido la experiencia en carne propia describe una mezcla de impotencia y rabia. Una anciana del barrio comentó a conocidos que lo sustraído no es solo una pieza de metal o yeso, sino recuerdos de familiares; otras familias comprobaron tras la revisión del registro del camposanto que desaparecían cruces colocadas desde hace décadas. A falta de confirmación oficial sobre la valoración económica del botín, el perjuicio emocional y patrimonial es evidente en un municipio donde el patrimonio religioso forma parte de la memoria colectiva.

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El modo de actuación, consistente en entrar de noche y sacar figuras fijadas con tornillos, sugiere organización y conocimientos básicos sobre cómo desanclar ese tipo de ornamentos sin llamar excesivamente la atención. No se registraron daños leves en estructuras de mampostería, pero sí destrozos puntuales en cruces y en los anclajes, lo que multiplica el coste de reparación. Los investigadores trabajan ahora para determinar si las piezas se han sustraído para su venta en mercados secundarios, para el despiece y recuperación de metal, o para coleccionistas privados.

Antecedentes y patrón delictivo

En los últimos días municipios de la provincia han encadenado denuncias similares. La sucesión de profanaciones en cementerios —ya son cinco los recintos afectados en el último once-días— ha generado alarma entre alcaldes, parroquias y asociaciones de patrimonio. No es la primera vez que Ourense y comarcas limítrofes sufren hurtos de iconografía religiosa; sin embargo, la intensidad y la repetición en tiempo tan corto dibujan un fenómeno distinto, más cercano a una oleada que a incidentes puntuales.

La vulnerabilidad de los cementerios rurales frente a estas prácticas tiene causas conocidas: ausencia de vigilancia continua, deficiente iluminación, y en muchos casos falta de un inventario detallado de bienes. En poblaciones como Celanova, cuya historia está marcada por el Monasterio de San Rosendo y por un tejido de patrimonio religioso muy vivo, la pérdida de piezas pequeñas puede pasar desapercibida hasta que alguien revisa in situ las lápidas y cruces familiares. Organizaciones locales llevan años reclamando catálogos digitalizados y medidas de protección que ahora suenan más urgentes.

Los expertos en patrimonio consultados por distintos ayuntamientos suelen alertar de dos vías habituales de salida de estos objetos: el mercado ilícito de antigüedades y la extracción para recuperación de metales en chatarrerías. Cualquiera de las dos posibilidades exige una respuesta coordinada con otras provincias, donde piezas similares podrían aparecer tarde o temprano si hay una red operando. La Guardia Civil, que ya investiga, ha pedido colaboración ciudadana para detectar movimientos sospechosos en mercadillos o plataformas online.

Repercusiones y próximos pasos

La llegada de la Semana Santa, con procesiones y culto público, añade una lectura añadida a esta oleada: por un lado, la profanación de imágenes resulta doblemente conmovedora; por otro, subraya la necesidad de proteger bienes que, aunque humildes, tienen gran valor sentimental. En Celanova, el Ayuntamiento y la parroquia estudian medidas inmediatas: refuerzo de patrullas en horario nocturno, cierre puntual del camposanto, y la instalación de un inventario fotográfico urgente que permita comparar piezas desaparecidas en cualquier momento.

Fuentes municipales consultadas por este periódico indican que se reforzarán las denuncias y se hará llegar a la Subdelegación del Gobierno y a la diócesis la petición de apoyo técnico y preventivo. Además, asociaciones vecinales plantean campañas de vigilancia vecinal coordinada y la instalación de alumbrado estratégico para impedir entradas sin testigos. La idea de cámaras de seguridad en cementerios provoca debates entre quienes defienden la protección del patrimonio y quienes temen un control demasiado intrusivo en espacios de recogimiento.

La recuperación de las piezas, en el caso de que hayan sido vendidas o derivadas a chatarrerías, suele ser lenta y compleja. Es habitual que objetos de poco valor unitario sean fraccionados o disimulados antes de alcanzar un circuito que permita su trazabilidad. Por eso la rapidez en la denuncia, la difusión de imágenes y la coordinación policial son críticas para aumentar la probabilidad de recuperación y para provocar detenciones que desarticulen eventuales redes.

Para muchos habitantes de la comarca, la dimensión más dolorosa es la vulneración del lugar donde reposan los suyos. En localidades rurales, el cementerio sigue siendo un espacio de memoria y de encuentros periódicos; cuando se transforma en blanco de robos, se altera una forma de convivencia que se transmite de generación en generación. La lección que deja este episodio, más allá del daño material, es la necesidad de combinar medidas preventivas con la implicación comunitaria para defender lo que es común y frágil.

El caso de San Breixo ha quedado anotado ya como una de las actuaciones más graves de la última oleada. La investigación de la Guardia Civil continúa, y la comunidad espera que la respuesta policial y administrativa no se limite a reparar cruces sino que actúe contra la raíz del problema. Mientras tanto, las noches en Celanova serán más vigiladas y las familias, a la espera de noticias, cuentan nombres y memorias detrás de cada cruz desaparecida.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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