sábado, 3 de octubre de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA La delación de unos ladridos al borde del camino desmonta un caso de crueldad animal
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La delación de unos ladridos al borde del camino desmonta un caso de crueldad animal

La delación de unos ladridos al borde del camino desmonta un caso de crueldad an

Casi siempre, los casos de maltrato animal que llegan a los juzgados comienzan igual: alguien estaba allí por casualidad. En esta ocasión, la casualidad vestía de peregrino. Un grupo de seis personas, entre ellas un voluntario de una protectora pontevedresa, caminaba hacia el santuario de Os Milagres de Amil cuando los sonidos que salían de una parcela en Xeve les obligaron a detener la marcha. Lo que encontraron bajo un árbol cambió el destino de un cachorro y activó una investigación judicial.

El animal, parcialmente cubierto de tierra removida, luchaba por salir. Su rescate fue inmediato: una persona presente en la vivienda cercana lo acogió y lo llevó a un espacio apto para perros. Pero la inquietud de quienes presenciaron el hallazgo no terminó ahí. Sospecharon que la tierra podía esconder más, y no se equivocaron.

El aviso que activó al Seprona

Al día siguiente del hallazgo, los hechos fueron comunicados al Seprona de la Guardia Civil, la unidad especializada en medio ambiente y crueldad contra los animales. Los agentes se desplazaron a la finca y, al examinar el punto donde había aparecido el primer cachorro, confirmaron las peores sospechas: bajo la superficie yacía otra cría, ya sin vida y completamente enterrada.

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El dispositivo no se detuvo ahí. Para descartar la existencia de más animales sepultados, los guardias civiles ampliaron el registro del terreno, una precaución que habla de la gravedad con la que se toma este tipo de hallazgos. El propietario de la parcela es ahora investigado como presunto autor de un delito de maltrato animal y el asunto ha pasado a manos de la autoridad judicial.

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¿Qué pasa con el resto de la camada?

Uno de los detalles que más llama la atención del caso es que el cachorro rescatado no estaba solo: los agentes lo localizaron en una perrera junto a su madre y tres hermanos más, aparentemente en buen estado. Esa contradicción —una camada atendida y, a la vez, crías bajo tierra— será presumiblemente uno de los caballos de batalla de la instrucción judicial, que deberá esclarecer qué ocurrió exactamente en esa parcela y bajo qué circunstancias.

El marco legal en España se ha endurecido notablemente en los últimos años. La Ley de Bienestar Animal y la reforma del Código Penal que equiparó el maltrato agravado a los vertebrados con delitos castigados con pena de prisión han convertido este tipo de conductas en algo mucho más serio que una simple infracción administrativa. Enterrar animales vivos, si se confirma, entraría de lleno en el ámbito penal más severo.

El papel decisivo de los ciudadanos

Este caso subraya algo que las protectoras llevan años repitiendo: la denuncia ciudadana es, con frecuencia, el único mecanismo capaz de destapar situaciones de crueldad que ocurren a puerta cerrada o en parcelas apartadas. Si aquel grupo de peregrinos hubiera seguido su camino hacia Moraña, el cachorro habría muerto asfixiado bajo la tierra y nadie habría conocido jamás la existencia del segundo animal.

Las protectoras gallegas han denunciado en repetidas ocasiones que los abandonos y los casos de crueldad superan con creces su capacidad de acogida, y que buena parte de los casos jamás llega a denunciarse por falta de testigos o por el esfuerzo que supone formalizar una querella. Aquí, la combinación de un testigo con experiencia en protección animal y un grupo dispuesto a no mirar hacia otro lado marcó la diferencia.

Queda ahora en manos de los tribunales determinar la responsabilidad del investigado y, sobre todo, enviar un mensaje claro: la crueldad contra los animales ya no se resuelve en la sombra. Mientras tanto, un cachorro que estuvo a punto de morir sepultado sigue vivo, y lo debe, literalmente, a unos ladridos que alguien decidió no ignorar.

Con información de Diario de Pontevedra.

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Redacción Galicia Universal

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