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La IA dispara la desinformación sobre la guerra en Irán y siembra dudas generalizadas

La IA dispara la desinformación sobre la guerra en Irán y siembra dudas generalizadas

La tercera semana del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel viene marcada por una ola de contenido falso generado con inteligencia artificial que inunda redes y aplicaciones de mensajería. Investigaciones recientes han identificado más de un centenar de vídeos hiperrealistas fabricados con IA que se comparten como si fueran pruebas de bombardeos, capturas de soldados y devastación urbana. La proliferación de estas piezas busca legitimar narrativas beligerantes y complica la labor de verificación en un escenario ya de por sí caótico.

Los deepfakes y las imágenes sintéticas circulan masivamente en plataformas públicas como X, TikTok, Instagram y Facebook, y de forma menos visible en WhatsApp y Telegram. Muchos de esos archivos van acompañados de textos que presentan los hechos como verídicos, contribuyendo a confundir a audiencias que obtienen la información principalmente en redes sociales.

Una investigación publicada por The New York Times ha identificado al menos 110 vídeos generados con IA relacionados con el conflicto, desde rascacielos en llamas hasta escenas de entierros masivos y supuestas detenciones de soldados. Esos contenidos acumulan millones de visualizaciones y, según analistas, buscan amplificar relatos favorables a determinadas partes en la contienda.

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Amplificación de narrativas y actores implicados

Un análisis de la firma de inteligencia digital Cyabra señala que gran parte del material sintético se utiliza para reforzar versiones pro-iraníes del conflicto. La estrategia combina imágenes fabricadas, metadatos manipulados y reutilización de material antiguo sacado de contexto para dar apariencia de inmediatez y veracidad.

Además de los deepfakes, se siguen difundiendo mentiras tradicionales: desde afirmaciones sobre la muerte de líderes hasta vídeos reales editados y presentados como actuales. Estas prácticas convierten las redes en un terreno donde es difícil distinguir lo acontecido de lo inventado, y donde las audiencias reciben una versión sesgada o directamente falsa de los hechos.

En el lado político, figuras públicas han denunciado la campaña de desinformación. El expresidente Donald Trump dijo que se trata de propaganda sintética destinada a engañar a la opinión pública y a deteriorar la confianza en la información disponible.

«Es un país que se sustenta en la desinformación, y ahora están utilizando la desinformación, además de la IA. Y eso es una situación terrible»,

Herramientas automatizadas y verificación humana

Los chatbots y asistentes basados en modelos de lenguaje también contribuyen al problema cuando, por errores o sesgos en sus datos, minimizan o niegan contenidos reales. Modelos como Grok han sido señalados por ofrecer respuestas que cuestionan evidencias verificadas o que repiten desinformación sin matices.

La capacidad de estas herramientas para generar material audiovisual verosímil supera con frecuencia los filtros automáticos de las plataformas. Las empresas tecnológicas aseguran estar mejorando sus sistemas, pero los equipos humanos encargados de moderar contenido se ven desbordados por el volumen y la sofisticación de las falsificaciones.

La circulación opaca en aplicaciones de mensajería añade una capa de dificultad para los verificadores, que no siempre pueden rastrear el origen de un archivo ni evaluar su veracidad antes de que se propague. En contextos bélicos, donde la información tiene consecuencias directas sobre la seguridad y la moral de la población, ese retraso puede ser especialmente dañino.

Expertos en verificación piden más cooperación entre plataformas, medios y agencias de fact-checking, así como mecanismos técnicos que permitan identificar de forma fiable el contenido generado por IA. Propuestas como el etiquetado obligatorio de material sintético, registros de procedencia y mejoras en la transparencia de los algoritmos figuran entre las medidas reclamadas.

Más allá de las soluciones tecnológicas, analistas insisten en la necesidad de fortalecer la alfabetización mediática: enseñar a la ciudadanía a cuestionar fuentes, comprobar fechas y buscar corroboración en varios canales. Sin ese entrenamiento, la capacidad de la desinformación para alterar percepciones y decisiones seguirá siendo alta.

El fenómeno revela una lección clara: en conflictos contemporáneos la verdad puede convertirse en otra víctima. La proliferación de imágenes y relatos fabricados obliga a medios, autoridades y plataformas a redoblar esfuerzos para no dejar que la manipulación informativa marque la agenda pública.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.