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La «pelea diaria» de la pontevedresa Blanca Roma, atrapada en Malasia: «Solo nos queda esperar»

La "pelea diaria" de la pontevedresa Blanca Roma, atrapada en Malasia: "Solo nos queda esperar"

El regreso a España se ha convertido en una odisea para la pontevedresa Blanca Roma y cerca de un centenar de compatriotas que el pasado marzo quedaron varados en Kuala Lumpur a causa del impacto que la guerra en Oriente Medio ha tenido sobre las conexiones aéreas. La joven de 25 años, que había pasado un año trabajando en Australia y viajado por el sudeste asiático, perdió su vuelo de vuelta y desde entonces participa en una red de coordinación por WhatsApp con otros afectados. Los viajeros reclaman respuestas concretas de la aerolínea con la que tenían billete y cuentan con gestiones abiertas por parte del consulado español, aunque sin fecha cerrada de retorno. La situación, explican, se complica por familias con menores, viajeros con medicación y precios de billetes que se han disparado.

Roma relata que inicialmente formaban un grupo de 84 personas en la aplicación de mensajería, pero que esa cifra no refleja a todos los afectados, porque existen familias y pequeños contingentes que se comunican a través de un único representante. Ella regresaba tras un periplo por Filipinas, Tailandia y Vietnam y pensaba tomar un vuelo el pasado domingo, pero terminó en la capital malasia tras quedarse sin plaza y sin alternativas claras. Desde entonces, los viajeros han intentado sin éxito establecer comunicación fluida con la aerolínea que gestionaba muchos de los billetes. La organización espontánea entre españoles ha sido la que ha permitido identificar casos urgentes y coordinar contactos con la legación diplomática.

Fuentes del grupo explican que la mayoría de los regresos previstos se hacían con la compañía Etihad y que, días después, persiste la falta de respuesta por parte de la empresa. El martes pasado una representación fue recibida en el consulado para exponer la situación y conocer posibles soluciones; tras una reunión de tres horas, los ciudadanos no obtuvieron una fecha cerrada para el retorno. Durante el encuentro se dieron a conocer historias concretas que evidencian la vulnerabilidad del colectivo: menores separados de sus familias temporalmente, personas que han agotado coberturas de seguro y un caso hospitalario en la propia Kuala Lumpur. La ausencia de una vía de comunicación eficiente con la aerolínea añade incertidumbre a las gestiones diplomáticas.

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La embajada, según cuentan los afectados, formuló tres alternativas para tratar de resolver los regresos. La primera fue reabrir el canal con la aerolínea principal, una opción que resulta poco práctica mientras no exista respuesta por parte de la compañía. La segunda plantea la compra de billetes alternativos que eviten sobrevolar la zona en conflicto, pero los precios se han vuelto prohibitivos: algunos pasajes desde China se ofrecían por encima de 10.000 euros, una cifra inasumible para la mayoría. Por último, se propuso gestionar un vuelo chárter, aunque esa opción depende de la voluntad de aerolíneas y podría implicar desplazamientos a aeropuertos de terceros países como Bangkok o Singapur, con plazas limitadas y criterios de prioridad para su asignación.

En el día a día, la falta de certezas provoca situaciones concretas de urgencia. Uno de los afectados viajaba con sus hijos de tres y siete años y permaneció ingresado en un centro sanitario de Kuala Lumpur; recibió el alta esta semana y adquirió un billete para el sábado, aunque aún no tiene confirmación de salida. Otros viajeros requieren medicación de continuidad y han asumido gastos fuera de cobertura: «Una compañera nos comentó que lleva cerca de 500 euros gastados en fármacos que su póliza no cubre», cuenta Roma. La logística de atención sanitaria, la búsqueda de alojamiento temporal y la gestión económica se han convertido en tareas permanentes para los integrantes del grupo. El consulado ha tomado nota de estos casos y mantiene interlocución, pero la solución global sigue pendiente.

Para quienes esperan en Kuala Lumpur la situación es una «pelea diaria», en palabras de la propia joven, que resume la rutina en comprobar anuncios de vuelos, coordinar compras colectivas y reclamar información oficial. El desgaste físico y emocional es notable entre los afectados, que alternan la incertidumbre con breves logros cuando algún pasajero logra cerrar una plaza para volver. La coordinación por WhatsApp ha servido además para detectar perfiles vulnerables y priorizar peticiones ante la legación. A falta de confirmación por parte de las aerolíneas, la comunidad de viajeros intenta mantenerse unida y compartir recursos para afrontar la espera.

Desde el consulado, según los asistentes a la reunión, se insiste en que se siguen explorando alternativas y que la vía del chárter estaría condicionada a la aceptación de compañías aéreas y a la logística regional. Algunas empresas españolas, apuntan, ya habían rechazado previamente participar en operaciones similares, lo que complica la búsqueda de soluciones rápidas. Mientras, quienes poseen billetes con las rutas más afectadas se enfrentan a la disyuntiva de asumir billetes caros o esperar un contingente organizado por el Estado. La falta de una respuesta homogénea por parte de las compañías aéreas es el principal escollo que señalan los viajeros.

El desenlace sigue en el aire y la fecha de regreso para la mayoría permanece sin fijar. Los afectados esperan que gestiones diplomáticas y la presión conjunta impulsen alternativas viables en los próximos días; Europa y las autoridades españolas estarán, según confían, en el centro de las negociaciones. Mientras tanto, la comunidad de españoles en Kuala Lumpur mantiene la vigilancia sobre cualquier novedad y prepara planes de contingencia para facilitar el retorno de los más vulnerables. Roma, como otros, confiesa que lo único que queda por hacer por ahora es aguardar, coordinar y velar los unos por los otros hasta que llegue una solución.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.