María Xosé Queizán, la escritora viguesa que durante décadas fue referencia del pensamiento feminista en Galicia, ha sido nombrada académica de honra por la Real Academia Galega (RAG). La decisión, tomada por el pleno de la institución en la tarde del viernes, llega cuando la autora cumple 87 años y tras un largo recorrido literario y militante que puso en el centro la palabra de las mujeres y la memoria social del país.
El nombramiento y la reacción en su ciudad
La resolución de la RAG, comunicada pocas horas después de la votación, define a Queizán como «la voz que puso los alicerces del pensamiento feminista en Galicia» y subraya su «sólida trayectoria que abarca todos los géneros: narrativa, teatro, poesía y una destacada producción ensayística». La académica ingresará oficialmente como miembro de honra en una ceremonia para la que aún no se ha fijado fecha; en ese acto, está previsto que lea su discurso de ingreso.
En Vigo, ciudad donde vive y donde ha desarrollado gran parte de su obra, la noticia ha sido recibida como un reconocimiento que muchos ven, con razón, como tardío. No es la primera vez que Queizán aludía a las dificultades para ser acogida en espacios académicos: en 2020 llegó a decir, en gallego, que «vou entrar na RAG porque non son ben vista», una frase que todavía hoy suena a reivindicación de quien golpeó puertas durante años sin conseguir siempre la atención merecida.

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Conoce más →«Vou entrar na RAG porque non son ben vista».
Precisamente hace pocas semanas la Academia ya la homenajeó en el MARCO de Vigo, un reconocimiento público que anticipó la decisión formal del órgano que custodia la lengua y las letras gallegas. Al mismo tiempo, la institución ha anunciado el nombramiento del escritor catalán Pere Tobaruela Martínez como académico correspondiente.
Una trayectoria cruzada por el feminismo y la memoria
La obra de Queizán es poliédrica y, a la vez, coherente. Desde su primera novela, «A orella do buraco», escrita a los 26 años y señalada por la Academia como una revelación de la Nova Narrativa Galega, hasta sus ensayos pioneros, su trayectoria ha sido disruptiva en un campo literario históricamente dominado por voces masculinas. Tras separarse de Xosé Luís Méndez Ferrín, publicó el ensayo «A muller en Galicia», considerado una aportación temprana a la sociolingüística y al estudio del lugar de la mujer en la sociedad gallega.
Su labor editorial y cultural también dejó huella. La revista anual «Festa da palabra silenciada», que coordinó entre 1983 y 2014, constituyó un hito: pretendía crear un foro para el debate feminista en torno a la creación artística, la política y la teoría feminista. En el número cero, Queizán dejaba escrito que la palabra y la escritura habían sido utilizadas históricamente como herramientas de marginación y que era necesario recuperar esa voz negada.
En el terreno de la narrativa, obras como «Amor de tango» alcanzaron una difusión significativa: la novela, que reconstruye la vida de Vigo a principios del siglo XX y explora las diferencias de clase y la pérdida de libertades tras el fin de la Segunda República, figura entre los más vendidos en lengua gallega en las últimas décadas. Su interés por temas tabú —la homosexualidad, la transexualidad— la situó también como una autora adelantada a su tiempo; títulos como «A semellanza» lo prueban.
Huella en la literatura y en la sociedad gallega
Queizán ha trabajado con varios géneros: teatro —fue finalista del Premio Álvaro Cunqueiro con «Antígona, a forza do sangue»—, poesía —su primer poemario «Metáfora da metáfora» inauguró la editorial Espiral Maior y fue reeditado en 2024 por Xerais— y ensayo. Sus libros poéticos, como «Despertar das amantes», recogen una poética del amor lésbico; en «Fóra de min» regresa la preocupación por la opresión y la discriminación en metáforas evocadoras.
La figura de Queizán no puede entenderse al margen de la memoria familiar y política. Su padre, abogado republicano que intervino en consejos de guerra en Vigo al inicio de la Guerra Civil, murió en la frente de Aragón cuando tenía 27 años, seis meses antes del nacimiento de María Xosé. Esa ausencia temprana marcó su rechazo a la guerra y alimentó una sensibilidad antiguerra que atraviesa algunos de sus trabajos.
Las aportaciones de Queizán a la visibilidad de las mujeres en la cultura gallega han influido en generaciones de escritoras y activistas. Su ensayo y su periodismo cultural hicieron pedagogía: habló de género, de poder simbólico, de la marginalización lingüística y de la necesidad de que las mujeres ocuparan espacios de creación y decisión. A pesar de ello, el reconocimiento institucional no siempre fue proporcional a su peso intelectual; el nombramiento de hoy corrige, en parte, esa asimetría.
Repercusiones y lo que queda por delante
Más allá del gesto protocolario, el ingreso de Queizán como académica de honra plantea preguntas sobre la modernización de la RAG y su capacidad para integrar voces heterogéneas. Para muchos, este es un síntoma de apertura: la Academia reconoce ahora a una autora que no solo ha escrito sino que ha participado activamente en debates críticos sobre la lengua, la identidad y la justicia de género en Galicia.
Quedan por concretar fechas y el contenido del discurso de ingreso, que sin duda será seguido con atención por el mundo cultural gallego. Será una ocasión para repasar la obra de una escritora que ha atravesado convulsiones históricas y que, con sus ficciones y ensayos, ha ayudado a entender cómo la lengua y la cultura reflejan y reproducen las desigualdades.
La decisión de la RAG llega en un momento en que las instituciones culturales son sometidas a escrutinio por su capacidad de reconocer pluralidad. Queizán, con su trayectoria de más de seis décadas, recibe ahora un reconocimiento que muchos consideran justo y necesario. Queda por ver si este gesto será el inicio de una etapa de mayor visibilidad para otras trayectorias feministas que, como la suya, han construido parte de la memoria literaria y social de Galicia.
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