Pocas veces una llamada vecinal resulta tan insólita como la que recibió la Policía Local de Chantada el pasado lunes. En el barrio de San Xoán, una mujer alertó de que una serpiente se había colado en el bajo de su vivienda, un espacio que combina garaje, almacén y cuarto de lavado. El animal, asustado por la presencia humana, encontró un refugio inesperado: el tambor de la lavadora.
La dueña de la casa escuchó un ruido extraño y, al asomarse, vio al reptil. El susto fue mutuo. La serpiente, al verse acorralada, se metió en el electrodoméstico y la mujer, con rapidez, cerró la puerta. Ahí quedó atrapada, esperando la llegada de los agentes.
Un rescate con pinzas y mucha paciencia
Uno de los agentes, con años de experiencia a sus espaldas, fue el encargado de la operación. Usó unas pinzas largas para intentar extraer al animal del tambor. Pero no fue tarea sencilla. La serpiente medía algo más de un metro y tenía un grosor considerable. Las pinzas no lograban abarcarla por completo.
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Conoce más →El animal, lejos de amilanarse, empleó todas las técnicas de defensa a su alcance. Empezó a bufar con fuerza, un sonido que heló el ambiente. En un momento dado, el agente observó que la mandíbula del reptil adoptaba una forma triangular, una clara señal de advertencia. «A serpe estaba cada vez máis enfadada, como é lóxico», recordaba el policía.
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Ver servidores VPS →La tensión crecía. La serpiente, en un último recurso, se hizo la muerta. Quedó inmóvil, con la boca abierta y la lengua fuera. El agente confesó que por un instante llegó a preocuparse: parecía imposible que un animal pudiera quedarse sin oxígeno en cuestión de minutos. Pero era un truco. Al cabo de unos segundos, el reptil cobró fuerza y se movió de nuevo.
El desenlace, cerca del río
Finalmente, la serpiente, ya rendida, salió del tambor por su propio pie. El agente aprovechó un descuido para cogerla con las pinzas, meterla en un cubo y sacarla de la vivienda. El destino del animal no fue otro que su hábitat natural: una zona húmeda muy cercana al río, en las inmediaciones de Chantada.
Allí, en la ribera, la serpiente fue devuelta a su medio. El agente comprobó que el cubo, con la tapa agujereada, permitía la respiración del animal durante el traslado. Una vez liberada, la serpiente se deslizó entre la maleza y desapareció. Misión cumplida.
Convivencia con la fauna salvaje
El suceso, aunque llamativo, no es del todo excepcional en una comarca como la Ribeira Sacra. La cercanía del río y la abundancia de vegetación hacen que la presencia de reptiles sea habitual. Lo que resulta menos común es que acaben dentro de una lavadora. La mujer, tras el susto inicial, pudo respirar aliviada. El agente, por su parte, sumó una anécdota más a su carrera.
La serpiente, una vez identificada como una especie autóctona, no supuso un peligro real para los vecinos. Pero la escena sirve para recordar que la naturaleza, a veces, se cuela en los lugares más insospechados. Y que los agentes de la Policía Local de Chantada están preparados para todo, incluso para lidiar con un reptil que se hace el muerto dentro de una lavadora.
Lo cierto es que la historia tiene un final feliz para todas las partes: la vecina recuperó la tranquilidad, la serpiente volvió al río y los agentes se llevaron una historia que contar. No es menor el dato de que el animal empleara hasta cuatro técnicas de defensa distintas: bufar, mandíbula triangular, hacerse la muerta y, finalmente, la huida. Un repertorio completo. Demasiado tiempo atrapado en un tambor.
Ahí está la clave de este tipo de sucesos: la capacidad de adaptación de los animales y la paciencia de quienes los rescatan. En un mundo donde lo urbano y lo natural se tocan cada vez más, convivencias como esta serán más frecuentes. La pregunta queda en el aire: ¿estamos preparados para compartir espacio con la fauna salvaje? La respuesta, al menos en Chantada, parece afirmativa.
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