martes, 10 de marzo de 2026 | Galicia, España
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La sociedad israelí se cierra en torno al Ejecutivo y respalda la ofensiva contra Irán, con un apoyo nacional que ronda el 82%

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La mayoría de la población israelí respalda la campaña militar lanzada contra Irán y muestra una cohesión creciente con el Gobierno desde el inicio de los combates, según varias encuestas realizadas en los primeros días del conflicto. Los sondeos sitúan el apoyo en torno al 82% a nivel nacional, con un 93% de respaldo entre judíos israelíes y un 26% entre ciudadanos árabes del país. Las autoridades han advertido que la operación, emprendida conjuntamente con Estados Unidos, podría prolongarse durante semanas o incluso más tiempo. Las sirenas que interrumpen la vida diaria desde hace once días son ya parte de la nueva normalidad en muchas ciudades del centro y norte del país.

En barrios como Petach Tikva, a las afueras de Tel Aviv, los ciudadanos han aprendido a convivir con los avisos de ataque y los refugios improvisados. El caso de Harry Toledo, un padre que vive en esa localidad, refleja la rutina de una familia que intenta mantener la normalidad para sus hijos pese a las alarmas constantes. Toledo relata cómo una celebración de cumpleaños infantil fue interrumpida por una alerta y obligó a los asistentes a buscar protección en un edificio cercano, un episodio que resume la adaptación cotidiana a un conflicto que no parece ceder. La experiencia personal se repite en numerosas localidades donde el sistema de alertas y sirenas permite a la población guarecerse con pocos minutos de aviso.

Los sondeos publicados por el Instituto de la Democracia de Israel (IDI) y por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional coinciden en un respaldo mayoritario a la ofensiva. El IDI recogió un 93% de apoyo entre judíos y un 26% entre árabes, lo que arroja una media nacional del 82%, mientras que el otro centro de investigación apuntó a un apoyo del 81% y a que el 63% de la población cree que la guerra debería prolongarse hasta la caída del régimen iraní. Estos porcentajes reflejan tanto la polarización interna como la fortaleza de un sentimiento de seguridad que impulsa a muchos ciudadanos a respaldar medidas drásticas.

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La implicación de Hezbolá y los recientes lanzamientos de misiles en zonas como Elad y sus alrededores han aumentado la sensación de amenaza en el centro del país, una circunstancia que el Gobierno utiliza para justificar la ofensiva. Las autoridades han reforzado los mensajes dirigidos a la población para prepararse ante la posibilidad de escaladas y han mantenido un discurso centrado en neutralizar el riesgo que atribuyen al régimen de Teherán. En ese marco, la alianza con Estados Unidos y otros aliados ha sido exhibida como clave para la eficacia de la campaña y para hacer frente a una amenaza transregional.

Pese al amplio respaldo, las encuestas también evidencian divisiones significativas dentro de la sociedad israelí. La menor aprobación entre ciudadanos árabes resalta tensiones de larga duración y la desconfianza hacia una estrategia que, según ese sector, podría agravar la inestabilidad y las consecuencias humanitarias en la región. Organizaciones de la sociedad civil y voces críticas han advertido sobre los efectos en la convivencia interna y sobre el riesgo de que un conflicto prolongado agudice rupturas políticas y sociales en el país.

En la vida cotidiana, muchos israelíes insisten en preservar costumbres y actividades pese a la guerra: salir a tomar un café, celebrar reuniones familiares o llevar a los niños a los parques cuando las alertas lo permiten, actos que, según ciudadanos entrevistados, sirven para sostener la moral colectiva. El Gobierno, por su parte, mantiene un esfuerzo comunicativo orientado a transmitir control y a explicar la necesidad estratégica de las acciones militares. Expertos en seguridad consultados por medios internacionales interpretan ese discurso como parte de una estrategia para consolidar apoyo interno ante una operación que puede prolongarse y requerir sacrificios.

Las cifras de respaldo público se traducen en una mayor legitimidad popular para las autoridades, pero también plantean interrogantes sobre las consecuencias a medio y largo plazo. Un conflicto extendido podría provocar reacciones en la región que trasciendan el objetivo inmediato de debilitar a Teherán, con impacto en economías, flujos migratorios y seguridad marítima. Analistas señalan que la resiliencia de la población, destacada por entrevistados y mandos civiles, será puesta a prueba si la guerra entra en una fase prolongada.

Mientras tanto, la realidad sobre el terreno combina la rutina interrumpida por sirenas y refugios con una narrativa oficial de unidad y propósito que ha logrado movilizar mayorías. El futuro marcará si ese consenso se mantiene o si las tensiones internas y las repercusiones regionales introducen nuevos factores que reorienten la opinión pública. Por ahora, en muchas calles de Israel la vida continúa entre alarmas, celebraciones a medias y un respaldo mayoritario a una operación que los responsables políticos defienden como necesaria para la seguridad del país.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.