Fernando Ónega, periodista natural de Pol (Lugo) y hijo adoptivo de Lalín, fue recordado este viernes en un funeral celebrado en la iglesia parroquial de la villa, organizado por el cultura/" title="Concello">Concello para reconocer su vínculo con el municipio. La ceremonia, a la que asistieron autoridades locales, familiares y vecinos, tuvo lugar el 14 de marzo de 2026 y sirvió para rendir homenaje a su trayectoria y a la relación afectiva que mantuvo con Lalín. El acto se programó como homenaje institucional tras su fallecimiento, ocurrido aproximadamente una semana antes, cuando tenía 78 años. El Concello justificó así un homenaje que puso en valor tanto su trabajo como su apego a la tierra.
El alcalde de Lalín, José Crespo, explicó que la misa supuso una «lembranza e recoñecemento» a la estrecha vinculación de Ónega con el municipio y subrayó que el periodista presumía de ser hijo adoptivo de Lalín y de querer la localidad. Crespo destacó la concurrencia de vecinos y autoridades, y señaló que el homenaje municipal respondía al deseo de mantener viva la memoria de quien contribuyó a proyectar la imagen de la comarca. El regidor puso el énfasis en la cercanía personal que Ónega mostró en sus visitas y en la generosidad con la que se relacionó con la comunidad local.
La ceremonia religiosa, convocada por el Concello, fue breve pero cargada de emotividad, con la presencia de familiares y amistades, además de representantes institucionales. En el oficio se recordó la figura profesional y los lazos afectivos de Ónega con la comarca, y varios asistentes destacaron su papel como puente entre la provincia y los grandes debates nacionales. La emotividad se mezcló con las referencias a su trayectoria, que trascendió el ámbito local y le convirtió en una voz respetada del periodismo español.
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Conoce más →En paralelo a los actos en Lalín, el Gobierno aprobó concederle a título póstumo la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, una distinción anunciada por la portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, tras la reunión del Consejo de Ministros. Saiz recordó el papel que Ónega desempeñó en la transición democrática, entre otros cargos, como portavoz y director de prensa de la presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez. El reconocimiento del Ejecutivo pone en relación la dimensión institucional de su trayectoria con el afecto que le profesaron conciudadanos y profesionales del sector.
La celebración en Lalín se produjo apenas días después de la despedida pública por parte de familiares; su hija, Sonsoles Ónega, envió un mensaje cargado de emoción tras regresar a España tras los actos de despedida y fue mencionada por asistentes como parte de la estela humana que deja su padre. La presencia de miembros de su familia y de colegas puso de manifiesto la huella personal que dejó Ónega, más allá de los cargos y las distinciones. En los parlamentos institucionales y en los comentarios de los asistentes se remarcó su condición de maestro de periodistas y referente de rigor profesional.
Oriundo de la comarca lucense, Ónega construyó una carrera que le situó entre los cronistas imprescindibles del último medio siglo en España, con trabajos en radio, prensa y televisión y una influencia notable en la cobertura política del país. Su etapa en la presidencia del Gobierno y su labor como comentarista le granjearon reconocimiento público y profesional, al tiempo que conservó la relación con sus raíces gallegas, como mostró su vinculación con Lalín. La distinción póstuma y los homenajes locales subrayan esa doble dimensión de su figura.
En la capital lucense se promueve asimismo una campaña ciudadana para que Ónega reciba el reconocimiento de hijo adoptivo en la propia ciudad de Lugo, lo que evidencia el alcance de su memoria en la provincia. Movimientos vecinales y personas del mundo cultural y periodístico han impulsado iniciativas para que distintas localidades mantengan viva su memoria mediante honores y actos públicos. Estas propuestas pretenden traducir el aprecio por su figura en gestos institucionales que perduren.
El funeral en Lalín y la concesión de la Gran Cruz a título póstumo cierran, por ahora, una etapa de homenajes que ponen de relieve tanto la dimensión profesional de Ónega como la calidez de sus vínculos personales. Los asistentes coincidieron en subrayar que su legado como formador de periodistas y su rigor informativo seguirán presentes en las aulas y en las redacciones, así como en la memoria de las localidades que le consideraron propio. La ceremonia sirvió para que Lalín expresara públicamente ese reconocimiento y para que la provincia de Lugo reafirme su vínculo con una figura emblemática del periodismo español.
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