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Las cinco razones que terminaron por costarle el puesto a Yago Iglesias en el CD Lugo

Diez meses duró el proyecto de Yago Iglesias en el banquillo del CD Lugo: llegó el pasado 19 de junio con la promesa de un fútbol ofensivo y un objetivo claro —meter al equipo en el play off— y se fue antes de cumplir el año. La decisión del club llegó tras varias semanas de pérdida progresiva de confianza por parte de la nueva propiedad y del consejo de administración, que entienden que el técnico no ha explotado la plantilla ni ha alcanzado la regularidad imprescindible en una categoría tan igualada como la Primera RFEF, Grupo I.

El reto del play off

Desde su aterrizaje, la presidencia y la dirección deportiva marcaron el acceso a la promoción como el listón mínimo. A falta de 9 jornadas, el Lugo ocupa la novena plaza con 42 puntos, lejos de una clasificación estable en la que apenas llegó a encontrarse en dos momentos de la temporada. La tremenda igualdad del grupo mantiene a los rojiblancos a un solo punto del quinto, el Pontevedra, pero con un partido más disputado. Ese colchón de incertidumbre —más reflejo de la paridad del campeonato que de una mejora real del equipo— no ha sido suficiente para convencer a los que toman las decisiones.

Hubo breves destellos de esperanza: la vuelta a la fortaleza en el Anxo Carro, un único tramo con tres victorias seguidas y una serie de partidos sin perder que dieron aire al proyecto. Pero la incapacidad para sostenerse en puestos de promoción, y una derrota amplia que cortó de raíz cualquier impulso, fueron argumentos contundentes en la balanza. Según fuentes cercanas al club, esa falta de anchura en las prestaciones, sobre todo en los momentos clave de la temporada, fue uno de los factores que más pesó.

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Irregularidad que minó la confianza

El Lugo de Iglesias nunca encontró continuidad. Más allá de rachas aisladas —cinco encuentros sin perder entre diciembre y enero o una serie de ocho partidos invicto con muchas tablas— raramente se encadenaron buenos resultados. No llegó a concatenar dos victorias seguidas salvo en esa breve ocasión, y la alternancia entre triunfos, empates y derrotas se convirtió en norma. Esa irregularidad se tradujo también en un equipo que no conseguía dominar el juego de manera sostenida: las buenas intenciones no se transformaban en ritmo sostenido durante los noventa minutos.

Además, el equipo mostró diferencias notables entre la primera y la segunda vuelta. En la primera fase de la temporada, la fortaleza en casa maquillaba los pobres resultados a domicilio, pero a partir de enero el equilibrio se rompió: el Anxo Carro dejó de ser ese bastión inexpugnable y llegaron tres derrotas en casa. A orillas del Miño, la grada comenzó a impacientarse, algo que siempre pesa en un club con afición exigente y memoria reciente.

Un ataque seco y la sensación de plantilla desaprovechada

Si la irregularidad fue la primera línea de crítica, la falta de gol se convirtió en la más visible. Con 28 dianas, el Lugo es el cuarto equipo con menos goles del grupo; solo por delante están Osasuna B con 18, Arenteiro con 26 y Cacereño con 27. Ese dato explica por qué muchas victorias no llegaron y por qué los empates se sucedieron: el equipo no remataba los partidos ni tenía la pegada suficiente para doblegar a rivales defensivamente ordenados.

El reparto de los tantos tampoco ayudó. Tres delanteros asumieron el grueso del trabajo ofensivo y entre ellos sumaron 17 goles, mientras que el resto de la plantilla aportaba muy poco desde segunda línea. En varios partidos, la sensación era la de un equipo cortado en dos: buena intención en la salida de balón, pero sin soluciones claras en los metros finales. Esa carencia, presente desde la pretemporada según observadores internos, resultó decisiva a la hora de valorar la continuidad del entrenador.

La crisis de eficacia ofensiva se convirtió en tema recurrente en las conversaciones con la dirección deportiva. No es la primera vez que una falta de talento decisivo en la última línea lastra proyectos en Lugo; la afición recuerda bien otras campañas en las que la falta de gol condenó aspiraciones. Aquí, la combinación de poco acierto y la ausencia de incorporaciones que desequilibrasen marcó la hoja de ruta que llevó a la salida de Iglesias.

Por último, pesa la percepción sobre la gestión de la plantilla. La llegada de Ronald Baroni trajo un aumento del presupuesto y la incorporación de jugadores con experiencia y proyección. Sin embargo, en el consejo se instaló la sensación de que no se había exprimido todo el potencial del vestuario. Jugadores con historial y calidad no rindieron al nivel esperado y algunos refuerzos no aportaron lo pretendido. Según fuentes cercanas, esa frustración por el rendimiento de los fichajes fue la tercera o cuarta razón determinante para el cambio en el banquillo.

En estos meses, el club también ha sufrido la presión de la competencia directa, la exigencia de una grada crítica y la urgencia de resultados que la nueva propiedad dejó clara desde el primer día. La suma de expectativas económicas y deportivas genera una tolerancia escasa: cuando los rendimientos no se corresponden, la salida suele acelerarse.

Tras despedir a Yago Iglesias, el club ha nombrado a Álex Ortiz como responsable provisional del primer equipo. Su llegada abre un periodo de transición y decisiones: quedan nueve jornadas donde el objetivo es recortar la distancia hacia el play off y, en paralelo, iniciar la reflexión sobre la próxima temporada. Habrá que ver si la directiva opta por una apuesta continúa por un modelo ofensivo y por ajustar el plantel, o si busca un perfil más pragmático que aporte solidez y goles.

Los próximos días serán claves para un club que vive entre la exigencia de su afición y la ambición de una propiedad que no tolera medias tintas. Cabe recordar que el Lugo, con su historia en la categoría y su hinchada en el Anxo Carro, necesita un proyecto con claridad táctica y resultados inmediatos. La pelota, por ahora, está en el tejado del club: planificar, convencer y recuperar la confianza serán las tareas ineludibles para no perder una temporada que, a pesar de todo, aún tiene margen para sorpresa.

«Es una oportunidad perdida, una vez más», declaró el propio Iglesias antes de conocerse la decisión del club.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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