El verano deportivo europeo tiene este año un acento inconfundiblemente gallego. Mientras las selecciones nacionales de fútbol y baloncesto copan los titulares, hay una nómina de atletas nacidos entre Ferrol y Tui que está sosteniendo el medallero español en los campeonatos continentales con una discreción que, la verdad, ya cansa un poco. Porque si algo caracteriza a nuestros deportistas es esa mezcla de retranca y pundonor que les lleva a rendir cuando más aprieta el termómetro, ya sea en una pista de atletismo o en el agua de una piscina olímpica.
Lo cierto es que la cosecha de este 2025 está siendo especialmente generosa. En los Europeos de atletismo celebrados en Roma, la delegación gallega aportó cuatro de las once medallas conseguidas por España, un 36 % del total. Cifras que adquieren otra dimensión cuando se recuerda que Galicia apenas representa el 5,8 % de la población estatal. La proporción, como se ve, no admite discusión: somos una fábrica de talento desproporcionada para nuestro tamaño, y eso tiene nombres y apellidos que conviene reivindicar.
El atletismo, la cantera que no se agota
La pista del Stadio Olimpico vio brillar con luz propia a la velocista coruñesa Ana Peleteiro, que sumó su tercer oro continental consecutivo en triple salto con una marca de 14,87 metros. No fue un triunfo cualquiera: llegó después de una temporada lastrada por molestias en el tendón de Aquiles, y aun así logró la mejor marca mundial del año. «Esto es por todas las que entrenan en silencio en Galicia, en instalaciones que a veces no están a la altura de su talento», declaró la atleta al acabar la prueba, con esa mezcla de orgullo y denuncia que la caracteriza.
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Conoce más →Junto a ella, el fondista ourensano Adrián Ben se colgó la plata en los 800 metros, confirmando que su progresión no fue un espejismo. El de Viveiro, que entrena a caballo entre Lugo y Madrid, rebajó su marca personal hasta 1:43.78, solo superado por el francés Gabriel Tual. «La altitud de la meseta me va bien, pero la morriña de la terra siempre tira», comentó con sorna al ser preguntado por su preparación. Una respuesta que define perfectamente ese carácter gallego que no se rinde ni en la última recta ni en las preguntas incómodas.
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Ver planes de email →«Galicia aporta al deporte español una cantera inagotable de talento, pero también una forma de entender la competición: trabajamos en silencio y celebramos con medida. Eso es lo que nos hace diferentes.» — Director técnico de la Federación Gallega de Atletismo.
El agua, otro feudo inesperado
Pero no solo de zapatillas y tartán vive el deporte gallego este verano. En los Europeos de natación de Belgrado, la pontevedresa María de Valdés ha confirmado su estatus como la gran esperanza de la natación en aguas abiertas española. Su bronce en los 10 kilómetros, a solo dos segundos de la plata, tiene un mérito doble: compitió con fiebre y con un estómago que le jugó una mala pasada a mitad de prueba. «En el agua no hay excusas, solo brazadas», resumió después, con la frialdad de quien sabe que el verdadero reto está en París 2026.
La contribución gallega al medallero europeo se completa con el triunfo del equipo español de marcha por relevos mixtos, donde la compostelana Laura García-Caro volvió a demostrar que es la mejor marchadora del continente. Su parcial en los 20 kilómetros fue el más rápido de toda la competición, un registro que los técnicos de la Federación Internacional ya han puesto bajo lupa. Y es que, conviene recordarlo, Galicia lleva décadas exportando marchadores: desde el histórico Jesús Ángel García Bragado hasta la actual generación, la disciplina es casi un deporte nacional en nuestras carreteras.
Ahora bien, no todo es color de rosa. Mientras estos atletas llenan de orgullo a la afición, las infraestructuras deportivas gallegas siguen sin estar a la altura. El estadio de atletismo de A Coruña, que acogió el mítico Meeting Internacional, lleva años pendiente de una reforma que no llega. Y las piscinas de Pontevedra, cuna de De Valdés, necesitan una puesta a punto urgente para los Juegos de 2030 que la ciudad aspira a organizar. Hay talento, sí, pero también una deuda histórica con quienes lo hacen posible.
La pregunta que flota en el ambiente es si este verano dorado es la excepción o la regla. Los datos invitan al optimismo: el número de licencias federativas en Galicia ha crecido un 12 % en los últimos cinco años, con especial auge en categorías femeninas y en deportes minoritarios. Las escuelas municipales de atletismo, otrora en horas bajas, vuelven a llenarse de críos que sueñan con emular a sus ídolos. Y los ayuntamientos, espoleados por los resultados, empiezan a mover ficha para mejorar unas instalaciones que, hasta hace poco, eran la asignatura pendiente.
Este verano, mientras las televisiones nacionales centran su atención en los deportes de equipo, conviene no perder de vista a esos deportistas que compiten con la bandera de Galicia bordada en el corazón, aunque oficialmente defiendan otra. Porque al final, da igual el color de la camiseta: cuando uno de los nuestros sube al podio, la terra entera lo celebra como propio. Y eso, en tiempos de resultados líquidos, tiene un valor incalculable.
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