«Pensaba que ser nova ía ser contraproducente para min e que ao mellor os alumnos non me ían ter respecto, pero míroos e xa saben que teñen que calar», admite María Lage. Llegar a ser profesora cuando se acaba de alcanzar el cuarto de siglo es una tarea muy difícil y que se ve en pocas ocasiones.
Con solo 26 años, no solo sacó el grado en Química, sino que también logró sacar la oposición y conseguir plaza en el IES Muralla Romana de Lugo, su ciudad natal.
Vocación y cambio de rumbo
El camino a llegar a enseñar física y química a compañeros de generación, ya que los Z llegan hasta el año 2012, tenía otra visión inicial. «Ao principio quería ser mestra de matemáticas, pero en cuarto da ESO deixáronme de gustar, sobre todo ao ver que na carreira eran moi diferentes ao do instituto».
Salado Golf & Beach Resort
Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.
Conoce más →Así al final de su periplo en la secundaria llegó la química a su vida pese a que «antes non me gustaba».
En su época de estudio, logró varias becas y arrancó el máster de investigación. Sobre todo, con motivo de que «os profesores a partir de terceiro contactan cos alumnos que máis lles gustaron nas prácticas para que se unan ao seu grupo de traballo».
Pero Lage pronto se dio cuenta de que «non ía ser o meu», por lo que volvió a su idea de encauzar su camino profesional hacia la enseñanza.
El reto de las oposiciones y el aula
Tras acabar, llegó la preparación de la oposición, una fórmula que cada vez más jóvenes preparan para conseguir un trabajo. María Lage declara que se encerró «todo un ano para preparala, estiven sen vida social ningunha».
Aunque fue una época dura, tuvo el apoyo de su hermana, que también las preparaba. Sus claves fueron «a academia, porque tiña todo moi ben organizado de cara a chegar con todo listo ao día do exame e o traballo persoal».
Pero también indica que cree que para un proceso como este es importante «non ter mala sorte».
Tras sentir una gran «baixada a mínimos do meu nivel de estrés», llegaba la hora de entrar por primera vez como profesora a un centro educativo. Su primer destino era en casa, pero al inicio pensaba que sería «contraproducente» su juventud, sumado a que «eu non son grande nin teño un vozarron», algo de lo que pronto se daría cuenta de que no era así.
Cambios generacionales y preocupaciones sociales
Desde el comienzo, percibió grandes «cambios xeracionais», aunque ella no quiere compararlos con su experiencia porque «nunca tiven a ningún profesor novo ata segundo de Bacharelato».
Aún así, afirma que «preguntan e comentan cousas que eu nunca lle diría a un profesor». Lo hacen sobre todo de «temas superficiais como a vestimenta ou amor», pero también indica que «hai unha gran parte que me pregunta que fixen para chegar a este punto e que estudei».
Aunque también se dio cuenta de un tema de profunda gravedad, como es el auge de las ideologías de extrema derecha en los más jóvenes. Ella apunta que en el centro pudieron constatar que «hai alumnos que non tocan o que se lles pide coa frauta, pero en cambio saben de memoria a partitura do Cara al Sol».
Lage piensa que «non son conscientes do que están tocando, pero as redes sociais fan moito dano» y añade que «hai unha corrente de apoxeo da extrema dereita que non é normal e os adolescentes están moi influenciados, sobre todo os nenos».
Para que los más pequeños puedan evitar caer en este tipo de mensajes, pone el foco en que es importante que haya un «aprendizaxe en todas as persoas independentemente da súa idade».
Señala que «por moito esforzo que fagamos nos centros educativos en facerlles ver que mensaxes son certas ou falsas, se na casa non se sabe discernir e se mestura todo, non servirá de nada».
María Lage percibe que la principal preocupación de la gente de su generación es la vivienda, aunque ella tiene la suerte de poder esquivarla de momento. Indica que «ao poder exercer a miña profesión en Lugo, teño unha situación privilexiada na que podo seguir vivindo na casa dos meus pais».
Esto le permite poder «aforrar para que máis tarde poida independizarme dunha forma máis segura». Indica que ve que mucha gente de su edad «está nunha situación na que traballando ou ben non teñen para poder afrontar a entrada dun piso ou ben se consegue vivir en alquiler, xa pouco máis pode facer».
Aunque también señala que percibe que «hai cousas nas que moita xente gasta que poderían prescindir para conseguir un maior aforro».
Otro de los cambios que notó fue la sociedad después de la pandemia. Lage afirma que ve una socialización «moito máis frecuente nas redes sociais», aunque si que percibe que, en el centro, muchos niños «non levan o seu teléfono, pero teño unha visión limitada».
Su experiencia durante la Covid-19 le hizo «deixar de saír de noite porque pensaba que ese era o noso momento», aunque se lamenta más de «perder coñecementos a nivel académico».
Sobre la Generación Z, pone en valor dos cuestiones. «Creo que valoramos moito máis a calidade de vida e temos máis en conta pasar tempo coas persoas que realmente queremos» y también que «temos unha maior empatía que as xeracións anteriores».
El gallego entre la juventud y la Generación Z
Una de las situaciones de las que se ha dado cuenta María Lage desde que inició su carrera profesional como docente es del bajo uso del gallego por parte de algunos sectores del alumnado. Incluso afirmó que algunos sienten «animadversión» a usar la lengua propia de la comunidad autónoma.
Aunque en su asignatura la docencia está puesta en castellano, Lage es galegofalante y afirma que en algunas ocasiones «sáeme natural comunicarme en galego». Pero no ve en los niños esa intención de hablar en el idioma, incluso indica que «algúns é coma se sentisen unha certa animadversión que eu non son capaz de entender».
La Generación Z está iniciando un nuevo auge tanto del idioma como de la cultura gallega. Donde más lo notó la profesora lucense es cuando fue a Santiago de Compostela a comenzar sus estudios en química.
«Cando cheguei, fun vendo que moitos compañeiros que eran castelanfalantes querían mudar e converterse en neofalantes», a lo que añade que «ogallá poidamos introducirllo aos cativos para que tamén queiran empregalo».
Según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), el 55 por ciento de los habitantes en la provincia de Lugo usan más el gallego que el castellano, siendo un 30,84 el que se comunica siempre en gallego.
Por el contrario, en la franja de edad de los 5 a los 14 años, el dato baja hasta el 33 por ciento, aunque es más esperanzador que en el resto de provincias.
¿Buscas una Inversión Segura?
Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual
Solicitar Información Ahora