lunes, 23 de marzo de 2026 | Galicia, España
ÚLTIMA HORA La AG-53 volverá a cortarse en Toén por obras en el viaducto; la circulación se restablecerá el 27 de marzo
Galego Castelán

María Soliño: la sombra del mar de Cangas que llegó al tribunal de la Inquisición

María Soliño, vecina de Cangas, fue una de las mujeres que acabaron ante el tribunal de la Inquisición en la Galicia de los siglos XVI y XVII. Acusada de brujería —un término que entonces servía para coser agravios personales, disputas económicas y miedos colectivos—, su caso ilustra cómo el poder religioso y la envidia vecinal podían convertir a una mujer con derechos y cierta influencia en objetivo de persecución. Sus antecedentes y el eco de su historia aún perviven en la ría y en los archivos eclesiásticos de Aldán y Moaña.

La acusación y los rescoldos de una justicia implacable

Los expedientes de la Inquisición gallega recogen múltiples causas por supuesta brujería entre 1574 y 1700, y en esas relaciones figura el nombre de María. La acusación no fue un hecho aislado: formó parte de un patrón mayor, en el que mujeres que detentaban algún tipo de poder local —ya fuera económico, sobre bienes comunales o, como en su caso, derechos de presentación para curas— se convertían en blanco de sospechas. El derecho de presentación, que permitía proponer a los beneficiarios de las parroquias de Aldán y Moaña, otorgaba influencia real: control sobre el nombramiento de hombres de la iglesia, interlocución con las estructuras eclesiásticas y, por extensión, capacidad para moldear la vida comunitaria.

Fuentes parroquiales y protocolos notariales de la comarca muestran que la posesión de ese privilegio no era trivial. En una sociedad donde las redes familiares y las clientelas sacerdotales marcaban el acceso a recursos y favores, quien controlaba esos nombramientos tenía un poder que molestaba. No es la primera vez que en las rías Baixas la historiografía local encuentra un hilo que conecta autoridad femenina y acusaciones de maleficio: la palabra «bruja» funcionaba como un arma simbólica que desplazaba conflictos personales hacia la esfera penal.

CONTENIDO PATROCINADO
Playa Privada Salado Resort

Salado Golf & Beach Resort

Descubre la oportunidad de inversión más exclusiva del Caribe. Villas de lujo con retorno garantizado del 12% anual en Punta Cana.

Conoce más →

La instrucción de los procesos inquisitoriales solía basarse en testimonios de vecinos y en prejuicios sobre la moralidad femenina. Vecinos que antes compartían faena en el mar o en los campos podían portar rencillas domésticas a los tribunales. En el caso de Cangas, una villa vinculada desde siempre a la pesca y al comercio marítimo, las tensiones por la propiedad de muelles, por la influencia sobre curatos o por la rivalidad comercial alimentaron, con frecuencia, acusaciones que no buscaban tanto la verdad religiosa como la eliminación de un adversario social.

«La palabra ‘bruja’ servía a menudo para describir a quien tenía demasiado poder para el gusto de sus vecinos», comenta un historiador local especializado en la Galicia temprana.

La Inquisición, con su aparato sancionador, ofrecía un marco legal para zanjarlas. Cabe recordar que los tribunales no siempre perseguían con la misma ferocidad en todas las regiones; sin embargo, en Galicia la presión sobre la mujer que sobresalía era visible, y los archivos de Cangas conservan huellas de aquellos procesos: declaraciones, acusaciones cruzadas y el sello de un órgano que pretendía, entre otras cosas, imponer un orden moral.

Contexto histórico: patriarcado, economía costera y memoria colectiva

Para entender por qué una mujer de la ría podía acabar encausada hay que mirar la estructura social de la época. La Galicia de los siglos XVI y XVII era una tierra de comunidades costeras que vivían del mar y del monte, pero también de clientelas religiosas y redes de poder local. La presencia de órdenes, la relevancia del clero parroquial y la existencia de cargos con prebendas generaban tensiones entre familias. En ese entramado, la imagen de la mujer que administraba bienes, gestionaba patronatos o tenía voz en nombramientos eclesiásticos resultaba incómoda.

Además, las leyendas orales y la tradición popular han terminado de configurar la figura de María en la memoria colectiva de Cangas. La historia oficial y la memoria popular convergen y divergen: la primera deja rastro en legajos y actas; la segunda, en relatos que han sido transmitidos en la villa. Ambas fuentes son útiles, pero deben leerse con cautela: las leyendas tienden a simplificar y a convertir a las víctimas en figuras arquetípicas —mártires, brujas, heroínas— mientras que los archivos muestran la complejidad de las relaciones sociales.

La geografía también jugó su papel. La cercanía al mar facilitaba contactos con el extranjero, impulsaba intercambios comerciales y, por tanto, la aparición de nuevas prosperidades y envidias. No es casual que muchas de las acusaciones surgieran precisamente en núcleos costeros como Cangas, donde la fluctuación económica podía quebrar equilibrios locales y transformar resentimientos en denuncias formales.

Repercusiones actuales y la recuperación de la memoria

Hoy la figura de María se utiliza como símbolo de una época de intolerancia. En Cangas y en municipios vecinos hay ya iniciativas que buscan rescatar nombres y casos de los archivos para devolverles humanidad. Investigadores y asociaciones culturales han trabajado en la localización de expedientes y en la difusión de lo que aquellos folios cuentan: historias de mujeres que, al margen del veredicto final, fueron señaladas por su condición femenina y por su posición social.

En términos prácticos, la recuperación de estos relatos sirve para varias cosas: para reivindicar la dignidad de quienes sufrieron procesos injustos, para comprender cómo operaban las relaciones de poder en la Galicia premoderna y para ofrecer a la comunidad local un relato más completo de su pasado. Aldán y Moaña, cuyos curatos aparecen vinculados a los derechos que poseía María, conservan todavía vestigios de esas épocas en sus archivos parroquiales; preservarlos y facilitar el acceso a ellos es una tarea pendiente.

La reflexión no se agota en la historia: sirve, además, como espejo para debates contemporáneos sobre género y poder. ¿Qué ocurre cuando el espacio público reconoce a las mujeres y eso provoca fricciones? Aunque las formas son otras, las dinámicas de la envidia y de la instrumentalización de la denuncia no han desaparecido. Recuperar la historia de María y de las otras ochenta y tantas mujeres que aparecen en los legajos es una manera de entender esas continuidades y de evitar la repetición de injusticias.

Con todo, el futuro de estas memorias depende tanto de la labor de investigación como de la voluntad local. La ría seguirá siendo testigo de la vida diaria; las piedras de Cangas guardan historias que merecen ser contadas con rigor. El reto ahora es transformar el archivo en relato público, municipal y escolar, para que la sombra de María no sea sólo leyenda, sino advertencia y aprendizaje.

¿Buscas una Inversión Segura?

Salado Golf & Beach Resort te ofrece la oportunidad de invertir en el Caribe con rentabilidad garantizada del 12% anual

Solicitar Información Ahora

Compartir esta noticia

S

Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

🏴 Galego