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Más de 2.200 escolares de 50 colegios desbordan Vigo en la Reconquistiña que abre la semana de la Reconquista

A Reconquistiña volvió a convertir a Vigo en aula y escenario. Esta mañana, desde Porta do Sol, alrededor de 2.200 niños y niñas, ataviados con trajes de vigueses y ‘gabachos’ y armados con tambores, dieron el pistoletazo de salida a la semana grande de la Fiesta de la Reconquista. La cita reunió a alumnado de 50 colegios y siguió un guion que mezcla enseñanza histórica, espectáculo y tradición ciudadana.

La ciudad puesta en escena

La concentración en Porta do Sol tuvo el aire simultáneo de una lección de historia y de un ensayo general de Carnaval. Los tambores marcaron el ritmo mientras los grupos acústicos y las comparsas recorrían las calles próximas al Casco Vello. Sobre el escenario, el alcalde Abel Caballero recibió a los escolares y utilizó su intervención para vincular la celebración con la narrativa local: recordó la figura de Vázquez Varela, alcalde en el episodio de 1809, y puso el énfasis en la idea de una ciudad que se negó a ser dominada.

Hubo momentos de humor y de pedagogía. Algunos de los más pequeños apenas podían con los bombos, otros exhibían réplicas de uniformes y banderas, y muchos conocían al detalle la historia que se rememora: la expulsión de los franceses —los llamados ‘gabachos’— por parte de los pobladores de Vigo en 1809. Tras la entrega de medallas, la jornada concluyó con una chocolatada en el Berbés, que sirvió para calentar piernas y ánimos antes del resto de actos previstos en el Casco Vello.

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Las cámaras recogieron la estampa: niños cargando tambores por las empedradas, profesores organizando filas, padres que seguían la comitiva desde las aceras. La organización, coordinada con los servicios municipales, despejó itinerarios y minimizó el impacto en el tráfico, aunque la presencia masiva obligó a reforzar la logística habitual en el barrio marinero.

«Vigo non quería ser servo nin escravo de ninguén e moito menos depender de invasores», afirmó el alcalde, y añadió: «Sodes os mellores nenos do mundo, mellores que os de Nova York, París, Madrid e, por suposto, que os de ahí arriba (A Coruña)».

Memoria histórica y rituales cívicos

Cabe recordar que la Reconquista de 1809 forma parte del imaginario colectivo vigués: no solo se rememora un hecho de guerra, sino la idea de una ciudad que resistió y se organizó. La Reconquistiña, pensada específicamente para las escuelas, actúa como mecanismo de transmisión intergeneracional. No es la primera vez que el Ayuntamiento incorpora a la comunidad educativa en la programación festiva, pero la masiva participación de hoy subraya hasta qué punto la fiesta ha pasado de ser un acto de barrio a un evento con vocación pedagógica y turística.

Este tipo de conmemoraciones mezclan historia y histrionismo. Para el profesorado, la fiesta es una herramienta para acercar contenidos de la Guerra de la Independencia a los más jóvenes; para el consistorio, es un escaparate que visibiliza la vida cultural de Vigo. Críticos habituales advierten, sin embargo, sobre el peligro de simplificar episodios complejos. El relato que se canta en las calles —con héroes locales y villanos extranjeros— omite matices de una guerra que tuvo también rostros civiles y consecuencias duraderas para la economía y la demografía local.

Política, promoción y rivalidades con tono festivo

Quien conozca la trayectoria política municipal no se sorprende de que actos como éste sirvan también para proyectar imagen. Abel Caballero aprovechó el micrófono para lanzar una referencia al mundial de fútbol 2030 —«Ninguén nolo vai quitar», dijo— y para lanzar su habitual chanza sobre la rivalidad con A Coruña. Es una constante en su gestión: la combinación de grandes eventos, fuegos artificiales y festividades populares como motor de promoción urbana y reclamo para visitantes.

En un Vigo que ha apostado claramente por la visibilidad de su calendario festivo, la Reconquista —y su versión infantil— cumplen doble función: consolidar una identidad ciudadana y activar la economía local, sobre todo la hostelería del Casco Vello y las áreas próximas. Comercios y bares del barrio notan un flujo continuado estos días, y la chocolatada del Berbés forma parte de ese circuito que mezcla tradición y consumo.

También sobrevuela la discusión sobre la pedagogía de la memoria. Asociaciones culturales y algunos docentes reclaman complementar el espectáculo con materiales didácticos que expliquen con más detalle el contexto internacional de la época, la ocupación napoleónica y las consecuencias sociales. Fuentes cercanas al colegio participante señalan que muchos centros ya trabajan la efeméride en clase, elaborando carteles y pequeñas exposiciones que acompañan a la salida a la calle.

Lo que queda por delante

La Reconquistiña no es el cierre sino la apertura de una semana cargada de actos: pasacalles, representaciones en el Casco Vello y la tradicional escenificación de la expulsión de los franceses que congrega a miles cada año. Habrá comidas populares, actuaciones y, como marca la costumbre, la ciudad se prepara para noches de fiesta y calles llenas. El programa completo contempla actividades pensadas para todas las edades y, según fuentes municipales, se espera que el clima acompañe —»la fiesta arranca con la bendición del anticiclón», bromeó un veterano de las celebraciones—.

Para padres y maestros, las próximas jornadas suponen un esfuerzo de logística y vigilancia; para el gobierno local, una prueba de capacidad organizativa. Y para los propios niños, una mañana de disfraces, ruido y chocolate que, con toda probabilidad, recordarán cuando sean mayores como aquella vez en que tomaron la ciudad por unas horas.

La Reconquistiña, entre historia popular y espectáculo, sigue cumpliendo su papel: enseñar, divertir y consolidar un relato colectivo. Quedan cuatro días de fiesta en los que Vigo alternará memoria y ocio, solemnidad y cachondeo, en una mezcla que hace a la ciudad reconocible y, por ahora, difícil de separar de su propia fisonomía festiva.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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