Miguel Ríos, veterano del rock español, vuelve a los escenarios con la gira «El último vals» y ofrecerá mañana viernes 13 de marzo a las 20.00 horas un concierto en el teatro de La Laboral, en Gijón. Tras seis meses de actuaciones por España, el artista presenta un espectáculo pulido que celebra su larga carrera y busca el encuentro directo con el público. A punto de cumplir 82 años, el músico mantiene el pulso escénico y aprovecha cada parada para reivindicar su legado. La cita gijonesa se enmarca además en una intensa relación personal y profesional con la ciudad asturiana.
El título de la gira sugiere un adiós, pero Ríos lo emplea con ironía y memoria: ya utilizó ese recurso hace dieciséis años cuando protagonizó un tour anunciado como despedida. El cantante reconoce que la etiqueta de «último vals» funciona como un comodín escénico y asegura que, si llega el momento de marcharse, lo hará sin aspavientos, casi de forma discreta. Entre broma y reflexión comenta que el concepto de despedida forma parte del folclore de las giras y que él prefiere dejar abiertas las puertas mientras conserve energía para tocar. En cualquier caso, la presentación en La Laboral sigue la línea de conciertos íntimos y cercanos que ha venido ofreciendo.
En conversaciones recientes, Ríos se ha mostrado sorprendido por la longevidad de los rockeros clásicos y ha comparado ese fenómeno con la figura del guitarrista de los Rolling Stones. Para él, existen hoy muchos intérpretes octogenarios que han prolongado su carrera y mantienen viva la estética y la actitud del rock. Esa referencia no pretende ser un espejo literal sino una forma de enfatizar que la música popular permite desafiar el paso del tiempo. El veterano artista celebra que la escena conserve voces y cuerpos que sostienen el género con autenticidad.
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Conoce más →Sobre la puesta en escena, el propio Ríos destaca que la continuidad de la gira —tocando al menos una vez por semana— ha permitido afinar los detalles hasta dejarlos muy asentados. La respuesta del público, dice, ha sido fundamental: los asistentes cantan las canciones casi de memoria y reaccionan con entusiasmo desde las primeras notas. Esa complicidad ha reforzado la dinámica del concierto y ha incentivado al músico y a su banda a mantener la intensidad en cada actuación. El resultado es un espectáculo medido, con momentos para la emoción y el repaso a su repertorio imprescindible.
Los teatros, en su opinión, ofrecen una experiencia distinta a los grandes recintos: permiten mayor cercanía y atención al matiz interpretativo. En La Laboral evoca recuerdos de hace décadas, cuando subió al escenario invitado por un viejo compañero y compartió tema tras tema con algunos de sus colegas. En una de esas noches memorables también participaron otras voces de la escena, y el encuentro quedó en la memoria como un ejemplo del compañerismo artístico. Para Ríos, volver a salas con esa historia añade una carga emotiva que pocas veces aparece en conciertos multitudinarios.
Gijón ocupa un lugar especial en su biografía profesional. Fue allí donde en 1962 firmó su primer contrato como artista en la Sala Acapulco del Hotel Hernán Cortés y, al año siguiente, consiguió el tercer premio del Festival de la Costa Verde. Desde entonces, ha regresado en múltiples veranos a tocar en bailes y en escenarios como la Plaza de Toros, el Palacio de Deportes y El Molinón, acumulando recuerdos y vínculos con el público local. Esa relación con la ciudad alimenta las expectativas para la función de mañana y explica el afecto con el que se le recibe.
Al hilo de esa historia compartida, mañana mismo actúa en el mismo teatro Víctor Manuel, viejo amigo y compañero de tantas noches sobre las tablas. Ambos comentaron la coincidencia en una comida reciente, pero no han preparado una aparición conjunta para este fin de semana; la última vez que se vieron en escena en Gijón fue uno de esos episodios que quedan para la crónica sentimental de la música española. Aunque no haya cameo programado, la proximidad de sus fechas refuerza la sensación de continuidad generacional en la escena.
Con una trayectoria que supera las seis décadas sobre los escenarios desde su nacimiento en Granada en 1944, Ríos sigue ejercitando su oficio con moderada ironía y evidente orgullo por su recorrido. Dice sentirse parte de un grupo de músicos veteranos que siguen tocando con ganas y que, de algún modo, continúan los pasos de iconos internacionales como Keith Richards. Mientras la gira avance, su fórmula parece apostar por la honestidad interpretativa y la conexión directa con el público, dos elementos que han convertido cada parada en una pequeña celebración de la historia del rock en español.
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