La Ruta del Cares volvió a copar titulares tras el accidente mortal registrado esta semana en el famoso «Divino Desfiladero», el sendero que une Asturias y León a través de un cañón tallado a pico sobre el río. Un senderista perdió la vida tras caer por un desnivel de decenas de metros, un suceso que, aunque lamentablemente no es excepcional en este trazado, ha reavivado el debate sobre la seguridad en las rutas de montaña más concurridas del norte peninsular.
Lo cierto es que el Cares es, de hecho, una de las rutas predilectas de los aficionados gallegos al senderismo. A apenas dos o tres horas en coche desde A Coruña, Vigo o Ourense, miles de caminantes de nuestra terra hacen la peregrinación anual hasta Poncebos o Posada de Valdeón para recorrer sus doce kilómetros tallados en la roca. Se calcula que el sendero recibe más de 300.000 visitantes al año, una afluencia que multiplica los riesgos cuando el clima se tuerce o cuando alguien se confía.
Precauciones que no son opcionales
La ruta no es técnicamente difícil, y ahí está quizá su peligro: la sensación de accesibilidad invita al descuido. El sendero discurre por pasarelas expuestas, con tramos donde el vacío cae más de cien metros hasta el río, y las cabras y el terreno suelto hacen el resto. Cabe recordar que cada temporada se registran rescates de excursionistas que abordaron el camino sin agua suficiente, con calzado inadecuado o ignorando los partes meteorológicos.
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Ver en Hotels.com → Publicidad«El Cares parece fácil y por eso atrapa a la gente despistada. Hay que tratarlo como lo que es: un sendero de alta montaña con pasarelas», nos explica un técnico de rescate de montaña con años de experiencia en Picos de Europa.
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Las recomendaciones básicas se repiten cada verano, pero conviene insistir: calzado de montaña, agua suficiente (no hay fuentes fiables en buena parte del recorrido), chequear la previsión y no adelantar horarios de vuelta. Y una advertencia particular para quienes viajan desde Galicia: la niebla asturiana puede aparecer en minutos, convirtiendo tramos expuestos en auténticas trampas.
El Cares gallego: alternativas de calidad en casa
Ahora bien, no hace falta cruzar la cordillera para disfrutar de paisajes de talla internacional. Galicia atesora senderos que nada tienen que envidiar al desfiladero cántabro-astur-leonés, y que además cuentan con infraestructuras y señalización en constante mejora.
El paradigma es la Fragas do Eume, el bosque atlántico termófilo mejor conservado de Europa, donde el sendero que bordea el río combina humedad perpetual, monasterio medieval y una espectacularidad vegetal única en el continente. Es cierto que su perfil es más amable que el del Cares, pero precisamente por eso resulta ideal para familias o para quienes buscan naturaleza sin exposición al vacío.
Otra opción consagrada es la Ruta da Auga de Ourense, que une la capital termal con Ourense a través de las riveras del Miño, casi doce kilómetros de pasarelas y bosques de ribera plenamente acondicionados. Y para quienes echan de menos la vértigo marino, los senderos costeros de las Rías Baixas —del Camiño dos Faros en la Costa da Morte a la ruta de los acantilados de Vixía Herbeira en Costa da Morte alta, con casi 620 metros de caída vertical al mar, unos de los acantilados más altos de Europa continental— ofrecen esa mezcla de emoción y paisaje que tantos buscan en Picos de Europa.
La retranca gallega diría que no hace falta ir tan lejos para sufrir de morriña de montaña. Las estadísticas avalan la alternativa: mientras el Cares concentra rescates casi cada semana en temporada alta, las rutas homologadas gallegas registran incidentes mucho más esporádicos, en parte gracias a una red de senderos homologados que supera ya los 2.000 kilómetros señalizados por la Federación Galega de Montañismo.
Disfrutar sin sobresaltos
Ninguna de estas alternativas pretende restar mérito al Cares, que sigue siendo una experiencia monumental y que muchos gallegos seguirán visitando con razón. La clave está en la preparación: informarse del estado del sendero, salir temprano, ir acompañado si se desconoce el terreno y contar con los teléfonos de emergencia a mano, el 112 autonómico y el servicio de rescate de la Guardia Civil.
La montaña no perdona la improvisación, ni en Picos ni en los Ancares ni en O Courel, nuestra propia joya en casa. Caminar es uno de los placeres más sanos que existen; hacerlo con cabeza es lo que garantiza que siga siéndolo.
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