Apenas quedan días para Semana Santa y en la playa de As Furnas, en Porto do Son, la actividad es febril. El propietario del chiringuito que corona esa ensenada de la ría de Muros e Noia ultima equipos, revisa permisos y supervisa la colocación de toldos y mobiliario con la previsión de abrir al público tal y como marca la tradición veraniega. Su negocio será uno más en una temporada que Galicia afronta con una novedad de calado: por primera vez la gestión integral de la costa recae en la Xunta, y las estimaciones públicas sitúan en más de 320 los locales que podrán funcionar hasta octubre.
Preparativos y reapertura en As Furnas
En la arena de As Furnas se respira la mezcla habitual de nervios y ilusión de quienes viven del turismo de playa. El chiringuito —pequeño, con mesas de madera y una vista franca hacia las bateas de la ría— prepara la carta, ajusta las líneas de suministro eléctrico y establece los turnos de personal. «Estamos ultimando los preparativos para abrir en Semana Santa», asegura, según fuentes cercanas, el responsable del local, que prefiere mantener un perfil discreto hasta completar trámites administrativos.
La cita con la temporada adquiere este año un matiz administrativo nuevo: la responsabilidad sobre el litoral pasó a manos autonómicas el pasado 1 de julio. Para propietarios como el de As Furnas eso se traduce en una cadena de gestiones que incluye renovación o adaptación de licencias, coordinación con servicios de seguridad y cumplimiento de los nuevos criterios sancionadores y medioambientales que la Xunta ha empezado a aplicar.
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Conoce más →La reapertura, además, supone un alivio económico para Porto do Son, municipio que ha visto en los negocios de playa una fuente importante de empleo estacional y dinamización del comercio local. «Abrir en Semana Santa no es lo mismo que hacerlo en verano, pero marca el pistoletazo de salida y nos permite poner a punto todo antes del pico estival», explican trabajadores del sector en el concello.
Una temporada con récord de chiringuitos
Las cifras que maneja la Administración autonómica son llamativas: más de 320 locales podrían operar en las playas gallegas hasta octubre, un número que la Xunta presenta como récord. No es casualidad que se hable de récord: en los últimos años la oferta se había ido consolidando entre pequeñas churrasquerías, terrazas y puestos de restauración que aprovechaban las franjas costeras más transitadas.
Para la Xunta, la asunción de competencias supone la posibilidad de uniformar criterios y facilitar procedimientos, especialmente en materia de seguridad y ordenación del uso del dominio público marítimo-terrestre. Desde organizaciones sectoriales se valora que una gestión autonómica pueda agilizar trámites que, hasta ahora, quedaban en manos de numerosos ayuntamientos con recursos dispares.
Sin embargo, la expansión de los chiringuitos también despierta recelos: ecologistas y colectivos vecinales advierten sobre riesgo de saturación en playas pequeñas, presión sobre los sistemas dunares y generación de residuos. En el debate público aparecen igualmente las cuentas: la temporada alarga la estancia media de visitantes y crea empleo, pero buena parte de ese beneficio es estacional y, según ONG y trabajadores, las condiciones laborales siguen siendo una asignatura pendiente.
Dilemas y próximos pasos
La nueva etapa administrativa abre interrogantes prácticos. ¿Cómo compatibilizar crecimiento económico y protección del litoral? ¿Qué papel jugará la Xunta en la mediación entre concellos, propietarios y colectivos conservacionistas? A falta de un protocolo único que contentase a todas las partes, las primeras semanas de la gestión autonómica servirán para calibrar respuestas.
En los despachos de las áreas implicadas se habla de intensificar inspecciones y de uniformar criterios sobre distancias a la línea de marea, puntos de conexión a servicios básicos y medidas contra la contaminación. Al mismo tiempo, hay planes para promover la formación y la creación de manuales de buenas prácticas dirigidos a los responsables de los chiringuitos, con el objetivo de atajar los conflictos antes de que surjan.
No es la primera vez que Galicia intenta conciliar turismo y conservación del litoral. La memoria colectiva recuerda episodios de episodios de regulación tensionada, y también proyectos exitosos de convivencia entre pesca, marisqueo y hostelería. La ría de Muros e Noia, con su intensa actividad marisquera, es un espejo de esa compleja convivencia: restaurantes que trabajan con producto local, bateas visibles desde la playa y usuarios que reclaman tranquilidad y limpieza.
El calendario marca ahora los pasos inmediatos: Semana Santa servirá de ensayo general y la acogida en los primeros fines de semana será un termómetro. Para Porto do Son y para el resto de concellos costeros, la temporada no es sólo una cuestión de terrazas ocupadas; se juega la imagen de un litoral que busca un modelo sostenible y rentable a la vez.
Si la previsión de más de 320 locales se confirma y la Xunta logra homogeneizar y fiscalizar sin estrangular a los pequeños empresarios, la gestión autonómica podrá presentarse como un éxito. En cambio, si surgen problemas de saturación, permisos en litigio o daños medioambientales, las críticas no tardarán en aflorar. De momento, en As Furnas colocan la última mesa y miran al horizonte: la marea viene y, con ella, el primer examen de una temporada que promete ser intensa.
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