Cada verano, cuando llegan las picas de calor y la morriña aprieta a los que están lejos, los gallegos miran al mar como quien busca alivio en casa. Lo cierto es que nuestras costas suelen presumir de estar entre las más limpias de Europa, pero no todo es un camino de rosas. La organización Ecologistas en Acción acaba de publicar su informe anual de Banderas Negras, un distintivo que nadie quiere lucir y que este año ha caído sobre varias playas de la comunidad gallega.
Las Banderas Negras no son un premio, todo lo contrario. Se otorgan a那些 arenales que presentan graves problemas de contaminación, mala gestión urbanística o abandono institucional. A nivel estatal, el informe ha repartido 48 de estos galardones negativos por toda la geografía española. Galicia, con sus más de 1.500 kilómetros de costa, no ha logrado librarse de la lista negra.
Los arenales gallegos bajo la lupa ecologista
De hecho, el informe de este año ha concedido Banderas Negras a varias playas repartidas por las cuatro provincias gallegas. En A Coruña, la playa de San Lázaro, en la ciudad herculina, vuelve a aparecer en la lista por la presión urbanística del entorno y la calidad del agua, un problema recurrente que parece no encontrar solución. Los ecologistas llevan años denunciando el deterioro de esta zona histórica que da nombre a toda una parroquia coruñesa.
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Ver en Hotels.com → PublicidadEn la provincia de Pontevedra, la situación no es mucho mejor. La playa de Baltar, en O Grove, ha sido señalada por la masificación estival y la deficiente gestión de residuos durante los meses de mayor afluencia turística. Ahora bien, los grovenses saben que el turismo es el motor de su economía, pero también reconocen que algo hay que cambiar para no matar a la gallina de los huevos de oro.
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Hosting WordPress →«No se trata de asustar al turista ni de restar méritos a nuestros arenales, sino de exigir a las administraciones que inviertan en prevención y no solo en banderas azules para la foto», señala un portavoz de la coordinadora ecologista en Galicia.
En Lugo, la costa también se lleva su porción de preocupación. Las playas situadas en el entorno del estuario del río Masma, en la comarca de A Mariña, han sido incluidas en el informe por los vertidos procedentes de granjas porcinas y explotaciones agrícolas próximas. La concentración de nitratos en las rías lucenses, según los datos manejados por los ecologistas, supera en algunos puntos hasta un 40 % los límites recomendados por la Unión Europea. Es decir, tres veces más de lo que debería admitirse en unas aguas teóricamente protegidas.
Retranca institucional y respuestas tardías
Cabe recordar que las Banderas Negras no aparecen de un día para otro. Son el resultado de años de denuncias ciudadanas, informes técnicos ignorados y promesas electorales que se diluyen con la marea. La retranca gallega nos hace mirar todo con cierta distancia irónica, pero cuando el agua de la playa donde llevas a tus hijos huele a algo que no es salitre, la cosa deja de tener gracia.
Las corporaciones locales afectadas ya han empezado a reaccionar. En algunos casos con indignación genuina, en otros con comunicados que suenan a respuesta enlatada. Lo cierto es que la Xunta defiende el modelo de gestión costera gallego y subraya que la inmensa mayoría de los arenales, más del 95 % según sus propios datos, superan con nota los análisis de calidad del agua. Y tienen razón en eso, pero el argumento no sirve de consuelo para quienes viven junto a las playas sancionadas.
La contradicción es evidente. Galicia ostenta el récord de Banderas Azules en España, con más de 120 galardones repartidos por toda la costa. Sin embargo, convive con estas Banderas Negras que ponen el dedo en la llaga de problemas estructurales que no se arreglan con una pasada de excavadora antes del verano. De hecho, los ecologistas insisten en que la limpieza cosmética de las playas no soluciona los vertidos al mar, ni el ladrillismo descontrolado, ni la falta de depuradoras en municipios costeros.
La terra nos sostiene y el mar nos define, diría cualquier poeta de la nuestra. Pero entre la poesía y la realidad administrativa hay un trecho que a veces se antoja insalvable. El informe de Ecologistas en Acción es un toque de atención que debería leerse en los despachos de las consellerías con la misma atención con la que se leen las cifras de turistas que llegan cada agosto al aeropuerto de Lavacolla.
El verano seguirá su curso, las playas se llenarán y las odométricas medirán la temperatura del agua como cada año. La pregunta es si cuando llegue septiembre y los turistas vuelvan a sus ciudades, seguiremos hablando de estas Banderas Negras o quedarán archivadas hasta la próxima primavera. La historia, con su parsimonia gallega, sugiere lo segundo.
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