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Rueda celebra que el Gobierno «por fin mueva ficha» ante la crisis por Irán y reprocha no haber consultado a las comunidades

Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, afirmó este viernes en Xunqueira de Ambía (Ourense) que valora positivamente que el Gobierno central haya presentado finalmente un paquete de medidas para mitigar el impacto económico derivado de la guerra en Irán, pero criticó con dureza la falta de diálogo previo con las comunidades autónomas. La intervención se produjo el 20 de marzo de 2026, en una jornada en la que el propio jefe del Ejecutivo estatal llevó un Consejo de Ministros extraordinario que, según Rueda, resultó “accidentado”.

Reproches por la forma, reconocimiento por el fondo

Desde el atrio de un ayuntamiento ourensano, Rueda trasladó una doble sensación: alivio porque al fin llegan medidas, y enfado porque se han diseñado sin contar con los gobiernos autonómicos. “Me alegro de que por fin el Gobierno mueva ficha”, dijo, pero inmediatamente añadió que lo lógico habría sido “haberlo hablado y ponerse de acuerdo entre todos”. La queja se centró sobre todo en la dinámica interna de la coalición: a su entender, la reunión se vio condicionada por las discrepancias entre PSOE y Sumar, que llegaron a retrasar el inicio del Consejo de Ministros.

Rueda pidió prudencia hasta conocer el detalle de las medidas. Admitió que, si las propuestas son útiles, la Xunta las celebrará, pero subrayó que muchas de ellas tienen impacto tanto en el Estado como en las comunidades. “Con la guerra de Ucrania, a quienes nos afectó fue mucho más a las comunidades que al propio Gobierno”, recordó, para reclamar que no se repitan las dinámicas en las que las autonomías se enteran “como siempre por la prensa”.

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“Ya llamaría la atención por cualquier asunto, pero encima que ocurra cuando se reúnen de forma extraordinaria para hablar de algo tan importante… cuando decimos que no hay gobierno, después ellos se encargan de darnos la razón”.

Lo que está en juego para Galicia

La crítica de la Xunta no se limita a una formalidad institucional. La estructura del paquete anticrisis —según han explicado responsables autonómicos— combina medidas fiscales y soluciones en el terreno energético que pueden reducir impuestos o activar ayudas directas. Ese tipo de decisiones modulan recursos que luego repercuten en los presupuestos autonómicos: transferencias, compensaciones y, en algunos casos, la obligación de asumir parte del coste de las medidas o de adaptar normativas regionales.

La economía gallega arrastra en los últimos años dos características que condicionan su reacción: una dependencia notable de los sectores exportadores, sobre todo en la industria conservera y la automoción de componentes, y un sistema de servicios —sanidad y dependencia— cuyo coste recae en gran medida sobre las comunidades. No es la primera vez que la Xunta reprocha al Ejecutivo central decisiones centralizadas; la memoria política regional reciente recuerda desencuentros durante la pandemia y las primeras medidas económicas tras el estallido de la guerra en Ucrania.

En ese contexto, la petición de Rueda a “conocer en profundidad” las medidas antes de valorarlas responde tanto a un cálculo político —no alinearse sin detalles— como a una exigencia técnica: entender qué partidas del gasto irán a cargo del Estado y cuáles requerirán esfuerzos adicionales de las comunidades. También encaja con la táctica habitual del Gobierno gallego, que desde la etapa de Alberto Núñez Feijóo se ha mostrado especialmente vigilante con la lealtad institucional y la defensa del autogobierno económico.

Política nacional y ecos autonómicos

La escena que describió Rueda, de un Consejo de Ministros demorado por las tensiones internas de la coalición, sirve además para dibujar la imagen de fragilidad que el PP regional quiere trasladar a la opinión pública. Si bien agradece las medidas, no renuncia a convertir la falta de diálogo en un problema político para el Ejecutivo de Pedro Sánchez, al que acusa de no mantener “una lealtad institucional mínima”.

En la práctica, la ausencia de una interlocución previa complica la puesta en marcha de las medidas. Las comunidades pueden necesitar adaptar normativas, abrir convocatorias de ayudas o reorientar créditos, y todo ello exige un calendario y recursos. Desde la Xunta ya se anuncia que estudian en detalle el decreto y que reclamarán aclaraciones sobre los plazos de ejecución y el impacto presupuestario. A falta de confirmación oficial sobre reuniones bilaterales, el escenario más probable es que el Gobierno autonómico reclame la convocatoria urgente de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos o un encuentro bilateral para negociar compensaciones.

Más allá del cortoplacismo, la bronca sobre el proceso tiene consecuencias prácticas: la incertidumbre política retrasa decisiones empresariales y complicará la negociación de los presupuestos autonómicos si las medidas implican transferencias o modificaciones fiscales con efectos en la recaudación.

Los agentes económicos gallegos observan con atención. Las patronales del sector industrial y las organizaciones agrarias llevan semanas reclamando certezas sobre el precio de la energía y sobre medidas de apoyo a la exportación. Para muchos alcaldes de provincias como Ourense o municipios costeros, el temor es que cualquier ahorro estatal no se traduzca en un alivio real para familias y pequeñas empresas si las comunidades deben asumir parte del coste sin recursos adicionales.

La imagen política que deja la jornada completa el cuadro: Rueda no renuncia a reconocer la utilidad del paquete, pero condiciona su respaldo a una negociación seria. En la Galicia de 2026 —gobernada por el PP con Rueda al frente desde 2022— ese tipo de exigencias sirven tanto para defender el presupuesto autonómico como para marcar distancia con el Ejecutivo central de cara a las próximas citas electorales.

Por ahora, la pelota queda en el tejado de Moncloa: dar detalles, convocar a las comunidades y fijar el reparto de cargas. Si no lo hace, la crítica de la Xunta no se quedará en un reproche retórico; podría materializarse en exigencias formales y en la solicitud de compensaciones que, en el caso de Galicia, se miden en millones y en servicios. A falta de confirmación oficial sobre los próximos pasos, el reto inmediato es poner cifras sobre la mesa y evitar que la improvisación vuelva a ser la norma.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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