jueves, 19 de marzo de 2026 | Galicia, España
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Trump se distancia del bombardeo al mayor complejo gasístico, pero avisa de que podría ser destruido si hay nuevas represalias

En una mañana marcada por la incertidumbre y el incremento de las primas de riesgo energéticas, el presidente estadounidense Donald Trump negó haber tenido conocimiento previo del ataque que dañó instalaciones vinculadas al campo de gas de South Pars, al mismo tiempo que lanzó una advertencia dura: si Irán continúa con ataques que pongan en peligro a terceros, Estados Unidos estaría dispuesto a destruir las infraestructuras afectadas. El episodio ha encendido las alarmas en los mercados y vuelto a situar al golfo Pérsico como epicentro de una escalada que ahora amenaza al suministro mundial de hidrocarburos.

Cómo ocurrió la ofensiva y las primeras respuestas

Fuentes iraníes señalaron a Israel como responsable de los bombardeos sobre instalaciones en el golfo que forman parte del gigantesco yacimiento compartido de South Pars. Poco después, un misil provocó un incendio en la refinería de Ras Laffan, en Qatar, principal polo de producción de gas natural licuado (GNL) del país. Las imágenes difundidas por agencias y testigos mostraban columnas de humo sobre las instalaciones y activación de contramedidas defensivas en varios estados del Golfo.

La reacción de Trump fue ambivalente: negó que Washington tuviera «conocimiento previo del ataque», pero condicionó cualquier futuro ataque de Israel contra el campo gasístico a la conducta de Irán, advirtiendo que «Israel no volverá a atacar el campo de gas Pars Sur, de vital importancia, a menos que Irán decida imprudentemente atacar a un país inocente, en este caso Catar». La contradicción entre la désautorisation de implicación y la amenaza de represalia por parte de Estados Unidos ha alimentado las dudas sobre la coordinación entre aliados y las responsabilidades reales.

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«Israel no volverá a atacar el campo de gas Pars Sur, de vital importancia, a menos que Irán decida imprudentemente atacar a un país inocente.»

Varios funcionarios en Washington, citados por medios internacionales, rebatieron posteriormente la versión presidencial y apuntaron a que hubo conocimiento y aprobación de partes del Ejecutivo; esos extremos permanecen sin confirmación oficial. En el terreno, la población civil en ciudades del Golfo recibió alertas en sus teléfonos sobre «amenaza aérea hostil», mientras que algunos depósitos de combustible registraron explosiones pese a las defensas activadas.

Contexto geoestratégico y memoria histórica

El conflicto se inserta en una dinámica de confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán que lleva años tensándose, y va más allá de un choque puntual: South Pars es una pieza clave de la arquitectura energética mundial, compartida entre Irán y Catar, y sostiene exportaciones esenciales hacia Europa y Asia. Que esta cuenca —la mayor del planeta— quede en el centro de un enfrentamiento militar multiplica el riesgo de contagio y de perturbaciones duraderas en los flujos de energía.

En Galicia la noticia ha tenido eco rápido. Cabe recordar que la comunidad vivió en la pasada década debates intensos sobre dependencia del gas y capacidad de regasificación; la terminal gestionada en la ría de Ferrol por Reganosa es un activo estratégico que, aunque no inmuniza a España frente a precios al alza, sí aporta margen de maniobra respecto a interrupciones en el suministro por gasoducto. A nivel europeo, la crisis vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de diversificar fuentes y fortalecer redes de almacenamiento.

Además de la dimensión energética, emergen riesgos ambientales y humanitarios. Daños en instalaciones de procesamiento de GNL pueden provocar vertidos, emisiones y efectos prolongados sobre comunidades costeras; en el pasado, incidentes similares en infraestructuras petroleras dejaron huellas que tardaron años en reparar.

Impacto económico y las decisiones que vienen

Los mercados respondieron con brusquedad. El barril de Brent subió más de un 10% y llegó a cotizar cerca de los 119 dólares, mientras que el gas en el mercado TTF de Países Bajos se disparó alrededor de un 25,5%, hasta situarse en torno a los 68,6 euros/MWh. Las aerolíneas también sufrieron: las acciones de grandes grupos europeos registraron caídas significativas desde el inicio del conflicto, lo que a su vez alimenta preocupaciones sobre la recuperación del tráfico aéreo.

Responsables del sector intentaron atenuar el pánico. El consejero delegado de Ryanair, Michael O’Leary, dijo que las grandes compañías no prevén problemas de suministro si la crisis dura «uno o dos meses», y anticipó cambios operativos que pueden favorecer rutas hacia países como España, Italia o Grecia. Declaraciones similares provinieron de ejecutivos de EasyJet y de Lufthansa, cuyo consejero, Carsten Spohr, advirtió que, si las aerolíneas se quedan sin combustible, habrá efectos en cascada sobre otros sectores económicos.

En clave política, España publicó un comunicado en el que condenó los ataques contra infraestructuras energéticas críticas y calificó de «ilegal e injustificable» la advertencia de evacuación difundida por Irán a poblaciones del Golfo. El Ejecutivo apeló a la contención y al respeto del derecho internacional humanitario, subrayando el carácter imprevisible de las consecuencias humanas y medioambientales.

Por ahora, las principales preguntas que quedan abiertas son cuántas semanas se prolongará la tensión, si habrá nuevas ofensivas contra infraestructuras energéticas y cómo coordinará la comunidad internacional una respuesta que combine presión diplomática y protección de los suministros. Para Galicia y el resto de España la prioridad inmediata será garantizar abastecimientos y monitorizar el coste de la energía en hogares y empresas.

Si la historia reciente sirve de guía, la lección es clara: la exposición a crisis geopolíticas obliga a reforzar la resiliencia energética y acelerar la transición hacia fuentes menos vulnerables. Mientras la diplomacia trabaja contrarreloj, la vida diaria y la cuenta de la luz ya empiezan a sentir las consecuencias de una pelea cuyo escenario ha salido de las trincheras tradicionales y se ha instalado, peligrosa y real, en las tuberías y plantas que mantienen encendida la economía global.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.