De las salas a las cumbres: cultura y praxis para recuperar el bosque autóctono
Que una institución cultural de alcance nacional ponga en su agenda los montes del Barbanza dice mucho del momento ambiental y social que vive la comarca. La iniciativa se materializa este fin de semana en Froxán, Lousame, con una jornada que combina trabajo en el monte y debate sobre las respuestas locales a retos globales. El gesto —más simbólico que espectacular— abre una vía para visibilizar prácticas de conservación que llevan años desarrollándose al pie del monte.
La cita, programada para el sábado 28 de marzo, se presenta bajo el paraguas de Florestanía: cultura e praxis da ecoloxía reparativa. En ella se alternarán tareas de regeneración del bosque autóctono con espacios de reflexión crítica sobre las políticas y estrategias necesarias para afrontar problemas que van desde la invasión de especies hasta el riesgo de incendios, pasando por la pérdida de biodiversidad y la fragmentación del paisaje rural.
Acción directa y voluntariado: quitar eucaliptos y volver a plantar memoria
Las imágenes que acompañan la convocatoria muestran a voluntarios y voluntarias en tareas prácticas, como la eliminación manual de eucaliptos en zonas próximas a Rianxo, una acción ya habitual en varios puntos del Barbanza. Esa intervención es a la vez simbólica y funcional: recuperar espacio para especies autóctonas, reducir combustibles forestales y reactivar saberes locales sobre el manejo del monte.
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Conoce más →Organizadores y colectivos implicados coinciden en que la reparación del bosque no es solo una operación técnica, sino un proceso cultural que exige recuperar prácticas tradicionales, educar a nuevas generaciones y crear economías locales vinculadas al bosque sano. La presencia de una institución cultural aporta visibilidad y recursos, pero sobre todo pone en valor la dimensión cultural del paisaje, su memoria y sus usos sostenibles.
Un foco mediático que obliga a coordinar políticas
El interés público por el Barbanza se explica tanto por su valor natural como por las tensiones acumuladas: especies exóticas que desplazan a la vegetación autóctona, abandono de gestiones tradicionales, presión urbanística en algunas franjas costeras y una mayor exposición a incendios en contextos de cambio climático. Poner el foco mediático sobre estas montañas no sustituye a las políticas públicas, pero sí las condiciona: la atención facilita fondos, proyectos y alianzas, y también obliga a la administración local y autonómica a clarificar planes de gestión.
En el terreno, las intervenciones de este fin de semana buscan generar ejemplos replicables: combinaciones de acción ciudadana, asesoramiento técnico y colaboración institucional que permitan trabajar a escala del paisaje. El reto es ambicioso: transformar masas forestales homogéneas dominadas por unas pocas especies en mosaicos que recuperen funciones ecológicas y servicios ambientales como la protección del suelo, la regulación hídrica y la conservación de fauna y flora autóctonas.
Del activismo local a la pedagogía ambiental
Más allá de la retirada de ejemplares invasores, la jornada incorpora espacios para pensar cómo se cuentan estas intervenciones a la ciudadanía. La pedagogía ambiental aparece como una pieza clave: explicar por qué ciertos árboles generan problemas, cómo afectan al riesgo de incendios o al abastecimiento de agua, y qué prácticas pueden sostener un monte vivo. Es una conversación que requiere claridad técnica y sensibilidad cultural, sobre todo en zonas donde el paisaje forma parte de la identidad cotidiana.
Los colectivos ecologistas y el voluntariado rural, que llevan años trabajando sobre el terreno, ven con prudente optimismo la mayor visibilidad. La implicación de una entidad cultural de repercusión nacional puede traducirse en más recursos y en un mayor reconocimiento social de estas tareas. Pero también plantea la necesidad de que esa atención se traduzca en continuidad: las intervenciones puntuales funcionan mejor cuando se integran en planes a largo plazo y en modelos de gestión participativa.
Una oportunidad para repensar el vínculo ciudad-monte
La iniciativa en Froxán es, en definitiva, una invitación a repensar la relación entre centros culturales urbanos y paisajes rurales. No se trata solo de traer asistentes a una actividad en el monte, sino de construir puentes: exposiciones, programas educativos y alianzas que sostengan procesos de regeneración más allá del día concreto. Para el Barbanza, un territorio con fuertes raíces agrarias y forestales, esa articulación puede ser estratégica: visibiliza problemas, añade recursos y, si se gestiona bien, abre nuevas oportunidades económicas vinculadas a la conservación.
Si la experiencia se consolida, dejará como saldo algo más que parcelas restauradas: aportará modelos de cooperación entre ciudadanía, técnicos, ayuntamientos y entidades culturales, y recordará que cuidar el monte forma parte de la cultura colectiva. En un paisaje tan trabajado por manos y memorias humanas como el del Barbanza, esa reparación ecológica cabe entenderla también como reparación social.
Con información de medios gallegos
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