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Las cuatro películas que llevaron al gallego Oliver Laxe de Cannes a los Premios Óscar

Las cuatro películas que llevaron al gallego Oliver Laxe de Cannes a los Premios Óscar

Oliver Laxe, director nacido en París y afincado en Navia de Suarna, ha recorrido en poco más de una década el camino que une los festivales de autor con la atención de la industria global: cuatro largometrajes estrenados entre 2010 y 2026 lo han situado primero en Cannes y ahora en la carrera por las estatuillas de Hollywood. Sus películas, rodadas en Marruecos y en Galicia, han sido reconocidas por la crítica y los jurados de certámenes internacionales por su mirada contemplativa y sus paisajes —tanto naturales como humanos—. Ese recorrido explica por qué un cineasta de provincias ocupa hoy un lugar en la conversación sobre el cine europeo y las preseas internacionales.

La filmografía de Laxe se ha ido construyendo con discreción pero con firmeza: relatos austeros, personajes en los márgenes y un uso del paisaje como protagonista. Nacido en el seno de una familia gallega emigrante, trabaja con una estética que mezcla documental y ficción, y que privilegia el tiempo narrativo frente a la urgencia del artificio comercial. Esas señas de identidad han hecho de sus títulos referencias ineludibles en festivales de autor, y le han granjeado una reputación que ahora traspasa fronteras.

Su primera película, «Todos vós sodes capitáns» (2010), se rodó en Tánger y oscila entre el documental y la ficción: un grupo de niños participa en un taller de cine que, a su vez, se convierte en parte de la narración. La obra fue premiada con el galardón Fipresci en la Quincena de Realizadores de Cannes, un reconocimiento que fue decisivo para abrirle puertas en el circuito internacional. Ese film pionero mostró desde el inicio la voluntad de Laxe de desdibujar los límites entre realidad y ficción, estrategia que rebosa en su filmografía posterior.

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«Mimosas» (2016) consolidó su posición en el mapa del cine de autor: rodada en las montañas del Atlas, narra la travesía de una caravana encargada de llevar a un líder religioso a su lugar de descanso, un viaje que combina elementos de western y reflexión espiritual. La película obtuvo el Gran Premio de la Semana de la Crítica de Cannes, además de reconocimientos en su país, y reforzó la imagen de Laxe como un cineasta capaz de unir emoción y experimentación. Con «Mimosas» el director ganó visibilidad y premios que le permitieron acceder a mayores presupuestos y colaboraciones.

El giro hacia Galicia llegó con «O que arde» (2019), rodada en los montes de Os Ancares y centrada en la vida de un hombre que regresa a su aldea tras cumplir condena por provocar un incendio forestal. El film, de ritmo pausado y atmósfera íntima, atrajo la atención por su honestidad y por la manera en que sitúa el fuego —y la memoria— en el corazón de la narrativa. Fue recibido con elogios en festivales y críticas que destacaron cómo Laxe había traído su poética de paisajes y personajes marginales a su propia tierra.

La más reciente, «Sirat», ha terminado por colocar a Laxe en la órbita de los premios de la Academia; la película ha suscitado reacciones intensas entre actores y espectadores por su tono perturbador y su ambición. En el rodaje aparece el actor Sergi López, y figuras del cine internacional como Jacob Elordi han elogiado el trabajo, mientras que voces tan reputadas como la de Susan Sarandon han descrito la experiencia como sobrecogedora. Esa mezcla de reconocimiento crítico y apoyo de intérpretes consolida la presencia de Laxe en la carrera por la estatuilla.

El factor Cannes ha sido recurrente en su trayectoria: los premios y la programación en distintas secciones del festival francés han servido como plataforma para que distribuidores, críticos y festivales mayores se fijaran en su obra. Esa ruta desde los certámenes de autor, donde se valora la originalidad formal y la mirada personal, hasta la atención de la industria internacional no es habitual y subraya el calado de su propuesta cinematográfica. Para Laxe, la sucesión de éxitos en festivales ha sido tanto reconocimiento como tarjeta de presentación.

Para la cultura gallega, la trayectoria de Laxe tiene un doble efecto: proyecta paisajes, dialectos y problemáticas rurales a audiencias globales y, al mismo tiempo, demuestra que un cine hecho desde territorios periféricos puede alcanzar plataformas mayores. Su residencia en Navia de Suarna y la reiterada vuelta a Os Ancares como escenario transforman su trabajo en un puente entre lo local y lo universal. Esa tensión es, quizá, una de las claves de su singularidad.

Quedan por ver los efectos que la carrera hacia los Óscar tendrá en la difusión de su obra y en la industria gallega, pero lo cierto es que Laxe ya ha conseguido que cuatro películas sirvan de mapa para entender su evolución: un debut experimental en Marruecos, una epopeya mística, un regreso a Galicia y una apuesta cinematográfica que ahora mira hacia Hollywood. Más allá de premios, su recorrido confirma que el cine de autor español sigue encontrando formas de conectar con audiencias internacionales.

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Redacción

Periodista de Galicia Universal.