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La guerra que suena, la que es y la que vivimos

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La guerra que suena, la que es y la que vivimos

En una columna publicada el 12 de marzo de 2026, la periodista Pilar Falcón describe cómo los conflictos contemporáneos operan en tres planos: el rumor y la retórica, la violencia efectiva sobre el terreno y sus repercusiones en la vida cotidiana. Desde Ucrania hasta los focos de tensión en Oriente Medio, la autora advierte que el ruido informativo, los combates reales y las consecuencias económicas y sociales conforman una misma realidad que nos atraviesa. Este tríptico explica por qué una guerra puede sentirse muy cercana aunque no la veamos con nuestros propios ojos.

La primera dimensión que analiza la columna es la sonora: el desfile constante de declaraciones, amenazas diplomáticas y titulares que alimentan la sensación de inminencia. Ese zumbido mediático, afirma, actúa como una banda sonora que erosiona la tranquilidad colectiva y condiciona el ánimo público. No se trata de explosiones, sino de la construcción de alarma a través de repetidos avisos y análisis que convierten la incertidumbre en un estado permanente.

La segunda dimensión es la guerra material, la que ocurre en el terreno y deja huellas irreparables: trincheras en Ucrania, ataques y represalias en varias partes de Oriente Medio, desplazamientos masivos y víctimas. Aquí no hay metáforas: hay barro, frío, drones, destrucción de infraestructuras y decisiones tomadas lejos de quienes sufren sus efectos. La columna subraya que estas realidades no encajan en un tuit ni en un reportaje breve; muchas historias quedan fuera del foco mediático por su complejidad y su dolor cotidiano.

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La tercera vida de la guerra es la que se cuela en la rutina: el encarecimiento de la energía y los alimentos, la inflación, la polarización política y la ansiedad colectiva. Son consecuencias indirectas pero tangibles que transforman la economía doméstica y la convivencia social. La autora insiste en que, aunque no haya soldados en nuestras calles, las ondas expansivas del conflicto alcanzan la factura de la luz, el precio del pan y la estabilidad emocional de amplios sectores de la población.

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Estas tres vidas no caminan separadas; se retroalimentan. El ruido político y mediático puede preparar el terreno para la escalada; la violencia real alimenta el miedo; y el miedo, a su vez, condiciona decisiones individuales y colectivas. Esa interconexión convierte a la ciudadanía en receptora pasiva de información y en víctima de consecuencias económicas y sociales, atrapada entre la necesidad de estar informada y la imposibilidad de procesar tanta incertidumbre sin desgaste.

Ante este panorama, la columna plantea una doble responsabilidad: la de las instituciones y la de los medios. Los gobiernos deben gestionar los efectos económicos y humanitarios con políticas que protejan a los más vulnerables y mantengan líneas claras de cooperación internacional. Los medios, por su parte, deberían equilibrar la urgencia informativa con contextos, verificaciones y relatos que pongan rostro a las víctimas, evitando la instrumentalización del miedo.

También hay un reto ciudadano: no dejarse arrastrar por el ruido ni sucumbir a la parálisis. Eso exige acceder a información fiable, exigir transparencia a las autoridades y sostener la solidaridad con las poblaciones afectadas. Falcón recuerda que, además de cubrir las noticias, es imprescindible mantener la presión por la ayuda humanitaria y por soluciones diplomáticas que reduzcan la probabilidad de nuevas escaladas.

La conclusión de la columna es una llamada a la serenidad activa: reconocer que la guerra puede escucharse, existir y tocar nuestras vidas sin desvanecer la responsabilidad colectiva. Gobernar la percepción pública, diseñar respuestas sociales y económicas y no perder de vista la dimensión humana del conflicto son tareas ineludibles. En un mundo tecnológico que sigue resolviendo viejos conflictos con medios modernos, la autora advierte de lo absurdo de presumir de progreso cuando la violencia y sus efectos persisten.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.

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