Carmen Muñoz y Alejandro Fage cerraron un negocio próspero en Canadá y, hace dos años, se establecieron en Bolmente, parroquia de Sober en la Ribeira Sacra, para abrir un taller de muebles artesanales. Buscaban un estilo de vida más tranquilo y decidieron trasladar su firma, Cuna Craft & Desing, a un entorno rural cercano al cañón del Sil. La decisión se tomó tras una breve estancia en Andalucía y un período inicial de trabajo en A Coruña para ganar competitividad. Desde su nuevo emplazamiento producen piezas a medida y asumen encargos de carpintería para la comarca.
Ambos desarrollaron la mayor parte de su carrera en Okotoks, provincia de Alberta, donde su taller atrajo clientes en todo Canadá y en Estados Unidos. Durante esos años se hicieron conocidos por mesas con epoxi y canto vivo, un estilo que combina madera natural con resina y que seduce a una clientela que busca un diseño minimalista y elegante. El bagaje acumulado en el extranjero les permitió consolidar técnicas de ebanistería y de trabajo con maderas nobles que ahora aplican en Galicia. Su experiencia internacional es clave para afrontar tanto encargos privados como proyectos de obra.
La vuelta a España se produjo hace aproximadamente dos años y comenzó con una estancia de seis meses en Andalucía. Posteriormente se asentaron temporalmente en A Coruña para arrancar la actividad y acceder a un mercado más amplio, pero los viajes por Galicia les llevaron a replantearse su proyecto vital. Al visitar la Ribeira Sacra encontraron una vivienda en Bolmente y comprobaron que la zona ofrecía la combinación de paisaje, comunidad y calidad de vida que buscaban. Desde entonces han ido reorientando su producción y su clientela hacia el entorno rural.
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Conoce más →En el taller de Bolmente trabajan con maderas como el nogal, el roble y el castaño, que seleccionan para cada encargo en función del uso y del gusto del cliente. Sus piezas son totalmente hechas a mano y personalizadas, y en muchos casos incorporan resina epoxi o elementos de piedra natural que aportan contraste y durabilidad. También realizan trabajos de carpintería más convencionales, desde puertas y ventanas hasta escaleras, adaptando los acabados a las características de cada vivienda. La intención de los propietarios es habilitar un espacio de showroom donde los clientes puedan ver el proceso y el resultado en persona.
Uno de los primeros encargos relevantes que aceptaron en la zona fue el del proyecto ecosocial Guardabosques, en la aldea de Donelle, donde asumieron tareas de carpintería general. En ese proyecto han intervenido tanto en elementos constructivos como en mobiliario interior y en la barra de la futura cafetería, que están diseñando con epoxi integrado. La implicación en iniciativas locales les ha permitido establecer redes de colaboración y posicionarse como proveedores capaces de cubrir desde obras hasta piezas de diseño. Además, estos contratos les dan continuidad mientras consolidan la clientela particular.
Su modelo de negocio combina encargos privados y trabajos vinculados a la rehabilitación y la construcción en la comarca, con una apuesta por la calidad y la personalización frente a la producción en serie. Mantienen contacto con clientes de su etapa canadiense y atienden solicitudes puntuales del mercado nacional, aunque priorizan proyectos que encajan con su filosofía de trabajo artesano. La escala de producción es pequeña, lo que les permite controlar procesos y ofrecer acabados cuidados que justifican el precio de piezas únicas. Para ellos, ese balance entre artesanía y viabilidad económica es esencial.
La mudanza responde también a motivaciones personales: la pareja buscaba un ritmo de vida distinto al de las grandes ciudades y la posibilidad de criar proyectos en contacto con la naturaleza. En la Ribeira Sacra encontraron una comunidad receptiva y un potencial turístico que, según explican, puede complementar la actividad del taller. Reconocen, no obstante, que trabajar desde un núcleo rural implica desafíos logísticos y de acceso a mercados que contrarrestan las ventajas del entorno. A pesar de ello, consideran que la calidad de vida compensa las dificultades.
En su agenda inmediata figura acabar de acondicionar el taller y abrir el espacio al público, de forma que los clientes puedan ver piezas terminadas y procesos de trabajo. También contemplan colaborar en más proyectos sociales y formativos en la comarca, aprovechando la experiencia acumulada en Canadá en materia de diseño y de gestión de encargos. La visibilidad que aportan iniciativas como Guardabosques ha facilitado que su nombre circule entre promotores y particulares interesados en la carpintería de autor.
El caso de Carmen y Alejandro ilustra una tendencia creciente de profesionales que retornan desde el extranjero para apostar por la repoblación rural a través de la artesanía y la sostenibilidad. Con su taller en Bolmente, buscan conjugar técnicas aprendidas fuera con la materia prima local y una demanda turística que no deja de crecer en la Ribeira Sacra. Mientras consolidan su proyecto, confían en que la mezcla de experiencia internacional y raíces gallegas les permita crear empleo y contribuir al tejido económico del valle del Sil.
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