Maruja Gómez se convirtió el 14 de marzo de 1936 en la primera mujer elegida alcaldesa en Galicia cuando tomó posesión del Concello de A Cañiza, un hito que hoy se recuerda por su valor simbólico y por las adversidades que siguieron. Su mandato duró solo unos meses y quedó truncado por el estallido de la Guerra Civil, que terminó con su detención y una condena que pudo costarle la vida. La Federación Gallega de Municipios y Provincias rindió homenaje a su figura en un acto celebrado con motivo del 8 de marzo para subrayar la persistente desigualdad en las instituciones locales. El recuerdo de Maruja Gómez se plantea como reclamo para avanzar hacia la paridad en los gobiernos municipales.
El reconocimiento organizado por la Federación municipalista tuvo lugar en el propio Concello de A Cañiza y sirvió para poner en valor una fotografía y el expediente histórico que dan testimonio de aquella efímera alcaldía. La vicepresidenta ejecutiva de la Fegamp y alcaldesa de Betanzos, María Barral, destacó la trascendencia del acontecimiento y aprovechó para reclamar que las administraciones locales trabajen de forma decidida por alcanzar la igualdad en las corporaciones. En su intervención subrayó que la elección de una mujer al frente del gobierno local en 1936 fue un avance que la historia interrumpió, pero que hoy debe servir de estímulo para cambiar la realidad política.
Las actas municipales de la época reflejan las dificultades que tuvo que afrontar la primera alcaldesa por el hecho de ser mujer en un contexto social y político hostil. Su mandato, marcado por tensiones y resistencia, quedó interrumpido con el golpe militar y posterior guerra, y la represión franquista la llevó a ser detenida y juzgada; una condena a muerte que finalmente no se consumó. Pese a su breve paso por la alcaldía, su figura permanece en la memoria local como símbolo de una conquista democrática temprana y frágil.
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Conoce más →El homenaje también sirvió para poner en perspectiva la situación actual: de los 313 ayuntamientos gallegos, solo 70 están dirigidos por mujeres, lo que deja a la mayoría de los municipios bajo gobiernos masculinos. Ese desequilibrio, del orden del 77% de consistorios con alcaldes varones, es el argumento que emplean los líderes municipalistas para solicitar medidas que favorezcan la incorporación de mujeres a las responsabilidades de gobierno. La conmemoración de Maruja Gómez se utilizó así para reivindicar políticas activas que fomenten la presencia femenina en los órganos de decisión locales.
El alcalde de A Cañiza, Luis Piña, defendió en el acto que la igualdad no consiste únicamente en ocupar cargos, sino en transformar la manera de ejercerlos y las prioridades que se ponen sobre la mesa. Para Piña, incorporar nuevas sensibilidades y enfoques en los gobiernos locales es esencial para que la representación sea significativa y aporte cambios reales en la gestión municipal. También advirtió de que la democracia exige una vigilancia constante para no perder los avances logrados, recordando cómo los logros de 1936 fueron arrebatados por la represión.
El recuerdo de aquel periodo convulso remite a una lección sobre la fragilidad de los derechos cuando las instituciones se desmoronan: la alternancia y la pluralidad no son naturales, sino resultados de procesos que hay que proteger y fortalecer. La Federación municipalista aprovechó la efeméride para promover un debate sobre medidas concretas, desde programas de mentoría a reformas de acceso a candidaturas, que faciliten que más mujeres lleguen a las alcaldías y a las plantillas de decisión local.
Además del homenaje a la primera alcaldesa, el Concello de A Cañiza programó un acto en honor de la arquitecta Rita Fernández Queimadelos, nacida en la localidad y considerada una de las primeras mujeres en ejercer la arquitectura en España. Su reconocimiento se enmarca en la misma línea de visibilizar trayectorias pioneras que han permanecido olvidadas y de establecer referentes femeninos en profesiones y cargos de responsabilidad. La presencia de estas figuras locales en la agenda cultural busca conectar la memoria histórica con las demandas actuales por más igualdad.
La conmemoración de los noventa años de la elección de Maruja Gómez subraya que los símbolos cuentan, pero que por sí solos no bastan; hacen falta políticas y voluntad para traducir la memoria en cambios efectivos. La historia de aquella alcaldía efímera es, según participantes en el acto, un recordatorio de que la paridad en los gobiernos municipales es alcanzable pero exige compromiso político y social. A Cañiza reivindica hoy esa herencia como impulso para que en próximas elecciones la presencia femenina deje de ser la excepción y pase a ser una realidad consolidada.
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