En Vilalba, el 15 de marzo de 2026, Luz Airado, Vilalba que encuentra poesía en su despacho">abogada especializada en violencia de género y también poeta, reivindica que su trabajo profesional y la creación literaria conviven en el mismo espacio. En su abogada de Vilalba que encuentra poesía en su despacho">despacho, donde atiende casos del turno de oficio y del sistema VioGén, encuentra situaciones que alimentan su poesía y a la vez le sirven para acompañar a las víctimas. Airado sostiene que la poesía no solo acompaña la experiencia personal, sino que puede ser una herramienta para comprender y apoyar procesos de recuperación. Sus reflexiones enlazan la práctica jurídica con una mirada creativa que reivindica la presencia del verso en la vida cotidiana.
La abogada, que comparte despacho en Vilalba con su hermana Rocío, explica que la profesión le ha abierto una visión amplia de la realidad social. Atiende a mujeres que denuncian violencia y observa cómo, en muchas ocasiones, la palabra y la escucha son parte de la justicia que se ejerce fuera del estrado. Para Airado, esos intercambios con las personas que acuden por asesoramiento son momentos en los que afloran imágenes y frases que luego se transforman en poemas.
Su trayectoria literaria precede a la carrera jurídica: contó que comenzó a escribir desde niña y que la decisión de estudiar Derecho no fue motivada inicialmente por una vocación temprana. Sin embargo, al entrar en ejercicio profesional, sintió la atracción por la abogacía y ha compaginado ambos intereses hasta convertirlos en aspectos complementarios de su vida. Hoy combina la defensa legal con la escritura, entendiendo ambas actividades como formas de enfrentarse y entender el mundo.
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Conoce más →Poesía como herramienta de reflexión y curación
Airado defiende que la poesía ayuda a procesar experiencias y a reformular situaciones traumáticas. En su opinión, escribir y leer versos permite a las víctimas de violencia de género encontrar modos de expresar su vivencia y explorar vías de recuperación. También considera que la creación poética es una forma de diagnóstico social: permite ver los cambios culturales y las demandas de igualdad que emergen en la sociedad.
«En el despacho también puede haber poesía»,
La letrada recalca que la poesía no es un refugio ajeno a la realidad jurídica, sino una manera de acompañar y entenderla. A su juicio, el auge de voces femeninas en la poesía gallega contemporánea ha hecho posible que los temas de actualidad, incluidos los relacionados con la violencia de género, tengan un espacio de visibilización y debate. La poesía, añade, es una herramienta valiosa para interpretar los cambios sociales y para imaginar nuevas formas de convivencia.
Sobre la relación entre poesía y feminismo, Airado subraya que la literatura siempre contiene un trasfondo social. El feminismo, desde su punto de vista, busca la igualdad y la transformación, y la poesía puede ser un motor de ese cambio: una «arma cargada de futuro» que ayuda a dar voz a experiencias históricamente silenciadas. Además, encuentra en la obra de Rosalía de Castro una referencia imprescindible: la considera una poeta pionera en la articulación de una mirada que hoy se reconoce como feminista.
Perspectiva profesional y propuestas de prevención
En su trabajo cotidiano con casos de violencia, Airado advierte la necesidad de medidas que vayan más allá de campañas puntuales. Cree que las iniciativas disuasorias son insuficientes si no se acompañan de educación y políticas que promován la comprensión de derechos y obligaciones. Por eso aboga por actuaciones integrales que incluyan prevención, formación y recursos para las víctimas, además de la respuesta judicial.
La abogada insiste en que, en muchas ocasiones, la intervención eficaz comienza en las conversaciones del despacho, en la escucha atenta y en las orientaciones inmediatas que reciben quienes llaman pidiendo ayuda. Esas acciones, según ella, constituyen una forma de «justicia cotidiana» que complementa las resoluciones judiciales. Para Airado, la poesía y el derecho no son caminos opuestos, sino complementos que permiten abordar la complejidad de la experiencia humana.
Comprometida con esa visión, combina la defensa legal en el turno de oficio y su actividad como poetisa para dar visibilidad a realidades difíciles de nombrar. Considera que la práctica literaria ayuda a soportar la intensidad emocional del trabajo forense y ofrece herramientas para reflexionar sobre el rumbo social. Su propuesta es clara: integrar más cultura y educación en la respuesta a la violencia de género para lograr cambios profundos y sostenibles.
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