Hace un siglo que se registró oficialmente el descubrimiento del yacimiento romano de Santa eulalia de Bóveda, en el municipio lucense de Bóveda, pero su origen y función siguen sin cerrarse. El edificio, atribuido a los siglos II-III a.C. aunque con propuestas divergentes, fue hallado bajo una iglesia y ha sido objeto de estudios y restauraciones intermitentes. A pesar de las campañas arqueológicas y de su declaración como monumento, expertos reclaman nuevas investigaciones para resolver su enigma funcional y cronológico.
El hallazgo inicial llegó a principios del siglo XX cuando, según la memoria local, el cura detectó anomalías en el atrio de la iglesia. Bajo las losas aparecieron una cámara con columnas, pinturas murales y una alberca central que dieron pie a interpretaciones sobre su uso ritual o cívico. Tras trabajos en 1914, el descubrimiento se consolidó y sólo doce años después llegó la visita que fijó su reconocimiento oficial.
El 20 de junio de 1926 el director del Museo Provincial y el arquitecto municipal se desplazaron desde Lugo hasta Bóveda para examinar el conjunto, lo que supone la fecha que marca la «oficialización» del hallazgo. En 1931 fue declarado monumento nacional y en 1996 obtuvo la categoría de Bien de Interés Cultural, medidas que han protegido el lugar aunque no han aclarado sus dudas fundamentales.
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Conoce más →Orígenes superpuestos y preguntas abiertas
Los especialistas han detectado evidencias de construcciones superpuestas: bajo la iglesia actual hubo una estructura previa cuya datación se discute. Según el historiador Enrique Montenegro, la antigua iglesia pudo pertenecer a una fase intermedia entre lo romano y lo románico, quizá de los siglos VIII u IX, aunque sin certezas absolutas.
«podría ser del siglo VIII o IX, no hay certeza; solamente de que fue hecha entre el romano y el románico»
El testamento del obispo Odoario, de época altomedieval, hace referencia a un santoral «de abajo y otro de arriba», una mención que algunos interpretan como prueba de edificios superpuestos o de dos espacios religiosos contiguos. También se han documentado reutilizaciones materiales: en reformas posteriores aparecen ladrillos romanos cortados en triángulo que remiten a fases constructivas previas.
La campaña historiográfica ha sido desigual en intensidad. El interés por contextualizar el monumento en su paisaje romano ha tenido defensores, pero la falta de excavaciones extensas y de análisis científicos modernos ha limitado las conclusiones.
Funciones discutidas y conservaciones parciales
Una de las grandes discusiones gira en torno a la función del edificio inferior: ¿templo, ninfeo, edificio público o estructura funeraria? A principios del siglo XX el historiador Manuel Chamoso Lamas defendió la idea de que se trataba de un ninfeo —un templo ligado a las ninfas y al agua— y fechó el conjunto en el siglo III para justificar esa interpretación.
«Chamoso Lamas consideró que se trataba de un ninfeo»,
Sin embargo, revisiones posteriores han propuesto dataciones que se retrasan al siglo II y han cuestionado la completitud de esa lectura funcional. La llamada «piscina» del centro llegó a ser cubierta por un enlosado de mármol en algún momento, lo que impidió conocer plenamente su configuración original.
El arqueólogo Manuel Gómez Moreno continuó las investigaciones en los años cuarenta, en un contexto marcado por la posguerra que priorizó la protección del monumento frente a excavaciones ambiciosas. La necesidad de cubrir y preservar el espacio frente a la intemperie condicionó décadas de trabajo científico y dejó partes del edificio sin excavar.
Hoy, el conjunto de Santa Eulalia de Bóveda mantiene su valor como uno de los testimonios más singulares del legado romano en Galicia, pero su verdadero papel en la Romanidad del noroeste ibérico sigue sujeto a debate. La combinación de restos arquitectónicos, pinturas murales y elementos acuáticos plantea interrogantes que solo pueden abordarse con una estrategia interdisciplinar y con técnicas de datación modernas.
Responsables patrimoniales y expertos reclaman nuevas campañas que integren arqueología, análisis de materiales y estudios estratigráficos para afinar cronologías y funciones. Mientras tanto, la villa de Bóveda conserva un monumento cuyo misterio, a un siglo de su reconocimiento oficial, sigue siendo una llamada a la investigación.
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