Con el Día del Padre a la vuelta de la esquina, dos madres de A Barcala (Cambre) relatan cómo educan a sus hijos sin estereotipos para normalizar los distintos modelos familiares. Almudena Puente y Chus Labrador son madres de los gemelos Bruno y Xoel desde 2022 y defienden que el respeto y la explicación honesta evitan prejuicios. Dicen que los niños aceptan la diversidad con naturalidad cuando el entorno no la marca como excepcional. Su experiencia sirve de ejemplo para familias diversas y para centros educativos que adaptan celebraciones como el Día de la Familia.
La convivencia diaria en su hogar muestra que los menores no consideran extraño tener dos madres. Relatan una anécdota reciente: en el coche, uno de los pequeños preguntó por qué tenía dos mamás, y la respuesta fue directa y sencilla, explica la pareja. Para ellos, esa claridad forma parte de la educación afectiva que pretenden transmitir. Evitar discursos que sitúen a unas familias como “normales” y a otras como diferentes es clave, recalcan.
Las protagonistas también reconocen que la resistencia sigue presente en adultos de su entorno. Algunos familiares cuestionaron su decisión de ser madres y plantearon la supuesta necesidad de una figura paterna en casa. A pesar de esos reparos, ambas subrayan que la experiencia de formar la familia que deseaban ha sido muy gratificante. La crianza, añaden, les ha dado más certezas que dudas.
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En la escuela, explican, se ha extendido la celebración del Día de la Familia, algo que facilita que no se haga distinciones entre hogares. Señalan que, si los centros preparan actividades para las figuras parentales, a sus hijos no les costaría llevar dibujos para sus dos madres. Para la pareja, lo importante es que los niños vean reflejada en el aula la pluralidad de modelos y que no se establezcan jerarquías entre ellos.
«Las familias son todas válidas»
Los gemelos escuchan en casa que existen muchas formas de familia —dos madres, dos padres, madre o padre solos, hogares con abuelos, etc.— y lo interiorizan con naturalidad. En su entorno escolar y lúdico, esa visión se refuerza cuando los adultos no señalan lo diferente como algo negativo. Según las madres, los prejuicios no residen en los niños sino en los mensajes transmitidos por generaciones anteriores.
Obstáculos, decisiones y transparencia
El acceso a la maternidad tampoco estuvo exento de trabas sociales. Relatan que, desde que expresaron su intención de ser madres, recibieron comentarios críticos sobre la viabilidad de criar entre dos mujeres. Pese a ello, ambas consideran que la decisión fue la correcta y que la convivencia con los hijos ha confirmado esa convicción. La experiencia les ha aportado un aprendizaje personal y familiar profundo.
«En cuanto tengan uso de razón les explicaremos todo»
Respecto a la paternidad biológica, las madres explican que sus hijos no conocerán al donante, porque no se puede identificarle, pero que no ocultan la historia. Anuncian que, llegado el momento, ofrecerán a Bruno y Xoel una explicación adaptada a su edad sobre cómo fueron concebidos. La transparencia forma parte de su proyecto educativo y afectivo.
En lo cotidiano, la pareja ha optado por no celebrar de forma exclusiva el Día de la Madre o el Día del Padre en casa. Prefieren que las conmemoraciones sean inclusivas y que los centros educativos fomenten actividades que reconozcan la multiplicidad de hogares. Señalan que esa sensibilidad evita situaciones incómodas para los niños y facilita la aceptación social.
El testimonio de Almudena y Chus se enmarca en un cambio cultural más amplio: la juventud parece integrar con mayor facilidad la diversidad familiar, mientras que las restricciones persisten entre algunos adultos. Para ellas, la solución pasa por educar sin estigmas y por normalizar en el día a día que no existe una única forma válida de familia. Ese es el mensaje que quieren transmitir a otros progenitores y a las instituciones educativas.
Su recomendación final es simple: explicar con naturalidad, acompañar con cariño y evitar que los adultos impongan etiquetas. Así, concluyen, los niños crecen con respeto por todas las formas de hogar y contribuyen a una sociedad menos prejuiciosa. La experiencia de estas familias en Cambre es, en su opinión, una muestra de que el cambio social es posible y necesario.
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