Francesco Bagnaia, tras una temporada 2025 complicada, ha dejado claro que su problema no fue la llegada de Marc Márquez a Ducati, sino la incapacidad de encontrar la puesta a punto adecuada de la Desmosedici GP25. Las especulaciones sobre su posible salida de la marca y un cambio de rumbo en 2026 se han intensificado en el paddock, mientras el piloto italiano reflexiona sobre un curso que le dejó lejos de sus mejores resultados. La declaración llega en medio de rumores que lo sitúan fuera de Ducati a final de 2026 y con un presumible relevo joven en la estructura del equipo.
Sin confirmación oficial, las voces del circuito apuntan a un posible movimiento de Bagnaia hacia otra fábrica —se habla de Aprilia— y a la llegada de Pedro Acosta como compañero de Márquez a partir de 2027. En el entorno del equipo se valora la decisión como consecuencia de la necesidad de Ducati de maximizar su rendimiento con pilotos que se adapten a la evolución técnica de la moto. Bagnaia, por su parte, ha reconocido públicamente que el balance del año pasado le obligará a replantearse prioridades y trabajo con el equipo.
La temporada 2025 terminó con el turinés en una discreta quinta plaza del Mundial, a 57 puntos del líder, y marcó un contraste con sus campañas anteriores, en las que alcanzó los títulos mundiales que consagraron a Ducati desde 2022. Los problemas se centraron en una Desmosedici que cambió respecto al modelo anterior y que le produjo especialmente malas sensaciones en el tren delantero, provocando un rendimiento irregular durante el curso.
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El inicio de la campaña y las primeras carreras dejaron a Bagnaia con actuaciones grises y dificultades para encontrar el ritmo que le había situado como uno de los favoritos. La irrupción de Márquez en el equipo, dominador en muchas carreras, alimentó interpretaciones en el paddock sobre la presión interna y el impacto psicológico en el italiano. Figuras del motociclismo, como Valentino Rossi, llegaron a señalar que la llegada de un rival de tanto peso podía afectar a cualquier piloto a nivel mental y competitivo.
Bagnaia ha rechazado esa lectura y ha explicado que su sufrimiento fue más técnico que personal. En una conversación recogida por medios especializados, defendió que el problema fue la incapacidad de adaptar su pilotaje a la evolución de la moto y no la presencia del nuevo compañero.
«Marc llegó y dominó, no se le puede decir nada. Yo no conseguí pilotar una moto que había cambiado respecto al año anterior, cuando era perfecta. Estaba en grandes dificultades, no sufrí por Marc, sino por el hecho de no poder expresar mi potencial.»
La imagen de algunas carreras, como el Gran Premio de Tailandia en Buriram donde Márquez se llevó la victoria con Bagnaia en el podio, resumió un curso de contrastes: ocasiones de buen rendimiento pero sin constancia suficiente para disputar el título. La falta de regularidad y las dudas sobre el comportamiento de la GP25 terminaron por pasar factura en la clasificación final.
El futuro en el paddock
Con el calendario de 2026 en marcha, las especulaciones sobre cambios de asiento y movimientos entre fábricas han cobrado fuerza. Ducati, que históricamente ha tomado decisiones rápidas cuando ve riesgo para su proyecto, podría apostar por refrescar su alineación con pilotos jóvenes capaces de maximizar las novedades técnicas. En ese escenario, la figura de Acosta aparece como candidato natural dada su progresión en categorías inferiores y su proyección mediática.
Para Bagnaia, el próximo año será clave para recuperar el pulso competitivo y demostrar que su talento sigue intacto. La relación con el equipo técnico, el trabajo en la puesta a punto de la moto y la capacidad para reconducir la confianza serán elementos decisivos. Un buen inicio en 2026 podría cambiar las cartas en juego y aplazar cualquier decisión drástica.
Mientras tanto, la afición y los analistas seguirán muy atentos a las negociaciones y a la evolución de la temporada. La incertidumbre sobre el futuro de Bagnaia pone en primer plano la fragilidad de las trayectorias en MotoGP y recuerda que, más allá de los nombres, la adaptación al material y al proyecto técnico marca en muchas ocasiones el éxito o el fracaso.
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