jueves, 19 de marzo de 2026 | Galicia, España
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El Ejecutivo renuncia a rebajar el IVA de la cesta y prepara un plan anticrisis dirigido que Pedro Sánchez presentará el viernes

El ministro de Economía avanzó el martes las líneas básicas del esperado plan anticrisis que el Gobierno publicará este viernes. A diferencia de las medidas de carácter general aprobadas en 2022 tras la escalada internacional de precios, la intención del Ejecutivo es aplicar respuestas focalizadas: factura energética, campo y transporte serán los ejes principales, mientras que la petición del sector alimentario para reducir el IVA de la cesta de la compra queda, de momento, descartada. Pedro Sánchez cerrará el paquete y explicará su alcance en la comparecencia prevista para el fin de semana.

Medidas selectivas frente a políticas universales

La apuesta por actuaciones dirigidas aparece como una decisión de control del coste fiscal y de eficiencia política. Según fuentes cercanas a la negociación, el Gobierno busca priorizar ayudas que ataquen cuellos de botella: subvenciones o bonificaciones para la energía de empresas intensivas, líneas de apoyo al campo para mitigar el alza de insumos y medidas para abaratar el transporte de mercancías por carretera. No es la primera vez que en situaciones de tensión se opta por la selectividad; la experiencia de años recientes muestra que las intervenciones focalizadas ahorran recursos pero requieren complejos criterios de acceso.

Para los hogares, el mensaje es más ambiguo. Una rebaja del IVA tendría un efecto inmediato y visible en el ticket de la compra —aunque su impacto real depende de la cadena de distribución—; las medidas sectoriales, por su parte, suelen traducirse en alivios más lentos y de alcance desigual. Esa contradicción está detrás del debate político y técnico que se ha venido librando en la última semana en los despachos del Ministerio de Economía y en las reuniones con los socios parlamentarios.

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En la práctica, además, plantear una reducción temporal del IVA obliga a decidir qué productos incluir, por cuánto tiempo y qué mecanismos garantizarían que la bajada se traslade al consumidor final. En Galicia, con su significativa presencia de pequeñas explotaciones agrarias y una distribución fragmentada, esas dudas operativas pesan con especial intensidad.

Presiones desde el sector y la respuesta política

Productores, cooperativas y pequeñas industrias alimentarias han presionado con insistencia durante las últimas semanas, advirtiendo de la erosión de márgenes ante el encarecimiento de piensos, fertilizantes y combustibles. En Lugo y A Mariña los ganaderos lo ven venir; en comarcas hortofrutícolas de A Coruña y del entorno de Santiago, la inquietud se concentra más en el coste logístico. Desde la distribución recuerdan que una rebaja del IVA no siempre supone una reducción proporcional en el precio final, pues parte del ajuste puede quedar en los eslabones intermedios.

En el plano político, el ala izquierda de la coalición ha reclamado medidas más ambiciosas, como topes a subidas de alquiler en grandes ciudades y transferencias directas a familias con rentas bajas. El bloque económico del Gobierno ha mostrado, por ahora, preferencia por instrumentos que reduzcan el impacto sobre la competitividad y no eleven de forma sostenida el déficit. Ese tira y afloja podría acabar en concesiones parciales: ayudas puntuales para colectivos vulnerables combinadas con apoyos a sectores estratégicos.

Organizaciones de consumidores y sindicatos han anunciado iniciativas de presión para que, en lugar de una rebaja general del IVA, al menos se adopten compensaciones que lleguen rápidamente a los hogares más castigados por la subida de precios. En Galicia, algunas voces piden que la Xunta active medidas complementarias si el paquete estatal resulta insuficiente, como ya sucedió en crisis anteriores cuando las autonomías tomaron la iniciativa en políticas sociales o sectoriales.

Lecciones de la crisis anterior y retos de diseño

La comparación con las respuestas de 2022 resulta inevitable. Aquel contexto llevó a actuaciones amplias por la urgencia y el riesgo de desbordamiento económico. Luego llegó la factura presupuestaria, que dejó menos margen para intervenciones de gran calado. Aprender de esa experiencia es parte del cálculo actual: evitar medidas que generen alivios rápidos pero insostenibles y, al mismo tiempo, no quedarse cortos en la protección de colectivos vulnerables.

Desde el punto de vista técnico, el diseño de cualquier medida exige soluciones para dos problemas: la dirigibilidad y la trazabilidad del beneficio. En comunidades con un tejido empresarial tan diverso como la gallega, garantizar que la ayuda llegue a quien la necesita —pescadores, pequeños transformadores, ganaderos familiares— complica los programas y alarga su tramitación. Por eso el Ejecutivo valora mecanismos ya existentes que permitan canalizar recursos sin abrir nuevas líneas administrativas que demoren los efectos.

En el debate también aparece la cuestión de la financiación. ¿Se recurrirá a partidas presupuestarias reorientadas, a emisiones temporales o a medidas que exijan contrapartidas en otras áreas del gasto? La respuesta condicionará no solo la ambición del paquete, sino la resistencia parlamentaria ante su convalidación.

Repercusiones locales y próximos pasos

En Galicia, la cocina social de la política económica se traslada rápidamente a comunidades concretas: la ría de Arousa, donde el precio de algunos productos pesqueros impacta en la economía familiar; las cooperativas de la comarca de O Salnés; los transportistas que operan entre Vigo y el interior. La capacidad de la Xunta para complementar o matizar las medidas estatales será determinante si el plan se percibe como insuficiente.

Este viernes, cuando Pedro Sánchez detalle el contenido y la cuantía de las medidas, se conocerán los plazos y los criterios de acceso. Los agentes sociales y empresariales ya han avisado que evaluarán la letra pequeña y que exigirán transparencia en la aplicación. A medio plazo, el pulso político se mantendrá: si los precios al consumo no ceden, la presión para adoptar medidas más visibles —incluida de nuevo una discusión sobre el IVA— volverá a la agenda pública.

La política económica ante una crisis es siempre un ejercicio de equilibrios: rapidez contra sostenibilidad, universalidad contra focalización, alivio visible contra efectividad en el tiempo. En Galicia, como en el resto del país, la decisión que adopte el Gobierno marcará el tono del debate político y el alivio real en la cesta de la compra de millones de hogares. Votar en nuestra encuesta y dejar la opinión en los comentarios será una forma de medir ese pulso ciudadano que ahora mismo está en juego.

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Pablo Rivas

Periodista deportivo con amplia experiencia en la cobertura del fútbol y deporte gallego. Redactor de la sección de Deportes.