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Magallanes inicia en Moaña el desguace de la «Atir», prototipo que impulsó la mareomotriz gallega

Un símbolo de la transición energética gallega llega a su fin físico este 20 de marzo de 2026. La plataforma prototipo concebida por Magallanes Renovables, conocida como Atir, realizó su último traslado hasta el astillero de Industrias Navales A Xunqueira (INAX), en Moaña, donde ha comenzado su proceso de desguace. Nueve años después de su bautismo en el puerto de Vigo, la estructura de 45 metros de eslora entra en tierra para desmontarse, mientras la empresa ya trabaja en la versión comercial que pretende sucederla.

El último viaje: remolque y amarre en Xunqueira

A primera hora de la tarde, el remolque fue comandado por el equipo operativo del puerto y auxiliado por el buque de trabajo Fénix Vigo, propiedad de Northcom Diving. La maniobra comenzó sobre las 14:00 y, tras sortear la ría de Vigo, la plataforma arribó escorada a propósito para evitar que el mástil sumergible golpease el fondo. Quedó amarrada en el dique de Xunqueira, a la espera de la bajamar que permita su extracción del agua y su puesta en seco.

La dirección de obra y la gestión del traslado estuvieron a cargo de la auxiliar Navaleva, que coordinó la operación con prácticos y remolcadores del puerto. En los días previos la estructura había sido parcialmente vaciada de equipos: instalaciones eléctricas, electrónica de control y varios componentes hidráulicos ya fueron retirados para su posible reutilización en futuros proyectos.

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El astillero de Moaña, que en los últimos años ha alternado reparaciones con el despiece de buques, será el encargado del corte y reciclado del acero. La actividad se enmarca, además, en un momento peculiar para INAX, inmerso en un proceso de venta que ha tensionado la capacidad productiva local y que obliga al sector naval del Morrazo a buscar nuevas fuentes de trabajo.

Del puerto de Vigo a las Orcadas: pruebas que validaron un diseño audaz

La Atir nació en 2017 en el puerto de Vigo como un experimento a escala real de lo que se ha dado en llamar «molino invertido»: una turbina diseñada para generar energía aprovechando las corrientes marinas en régimen de marea. Tras su ensamblaje —labor realizada por el astillero Ganaín—, la plataforma pasó sus primeras pruebas a remolque en la ría antes de iniciar la travesía hacia el norte.

En 2019 la Atir llegó al Centro Europeo de Energía Marina (EMEC) en las islas Orcadas, donde empezó a verter energía en la red británica y superó con éxito las exigentes pruebas del banco. Aquella experiencia en aguas abiertas sirvió para validar conceptos de diseño, anclaje y control automático en condiciones reales de costa atlántica, algo que no es frecuente en proyectos emergentes y que colocó a Galicia en el mapa europeo de la mareomotriz.

Los resultados técnicos y los aprendizajes extraídos han servido de base para las siguientes iteraciones del proyecto. No obstante, la transición de prototipo a modelo comercial siempre es compleja: hay que conjuntar ingeniería, financiación, cadena de suministro y permisos ambientales en un entorno marítimo sensible. La Atir fue ensayo y error, pero también ficha de laboratorio flotante que ahora se desmonta para que su experiencia alimente nuevos desarrollos.

Atir 2.0 y la apuesta por la comercialización

La retirada de la Atir no es, en ese sentido, un cierre absoluto sino más bien un tránsito. Magallanes Renovables ya ha proyectado la llamada Atir 2.0, una instalación de mayor tamaño —55 metros de eslora, 7 metros de manga y 16 de profundidad— destinada desde el diseño a la explotación comercial. Para la construcción de esta nueva unidad la compañía ha repetido confianza en Ganaín y suma como socios principales a Coterena, Seaplace y D3 Applied Technologies.

Fuentes cercanas a la ingeniería hablan de un planteamiento que incorporará componentes recuperados de la Atir original, además de mejoras en materiales y automatización derivadas de la experiencia en EMEC. La intención es reducir costes unitarios y acelerar la entrada en mercado; algo clave si se pretende competir en un sector donde, de momento, los costes por kilovatio siguen siendo un hándicap frente a otras renovables.

En paralelo, la empresa ha trabajado en atraer financiación y socios industriales para afrontar la fabricación a mayor escala. El reto no es solo técnico: se necesitan contratos de compra de energía (PPA), seguridad jurídica y, sobre todo, un encaje claro con la planificación litoral, ya que la ocupación del espacio marino y la compatibilidad con pesca y tráficos portuarios son demandas constantes en la costa gallega.

Que la plataforma prototipo regrese a Galicia para su despiece tiene también un valor simbólico. El ecosistema naval de la ría —con astilleros como Ganaín, reparadores y auxiliares— conserva la memoria industrial necesaria para que la tecnología mareomotriz no sea un ensayo aislado, sino un impulso hacia una pequeña cadena de valor regional.

El sector público y la Unión Europea han mostrado interés creciente por la energía de las mareas, pero la materialización exige proyectos replicables y economías de escala. La Atir fue la primera demostración a gran escala salida de Galicia; su desmontaje permite ahora reaprovechar lecciones y materiales para una nueva generación pensada para producir a nivel comercial.

Al final, la historia de la Atir resume la tensión entre innovación y supervivencia industrial: diseñar en la costa atlántica algo nuevo, probarlo en condiciones reales, aprender y volver a empezar. Habrá quien vea en el desguace la imagen de una derrota, pero en los astilleros de Vigo y Moaña muchos técnicos y operarios conversan sobre cómo las piezas retiradas y los datos obtenidos serán precisamente la materia prima de un futuro mareomotriz que, si los factores políticos y económicos acompañan, podría generar empleo y actividad en la comarca del Morrazo y más allá.

A falta de la puesta en marcha de Atir 2.0 y de los contratos que consoliden la comercialización, la vieja plataforma ya cumple su segundo cometido: convertirse en manual práctico para quienes quieren domesticar la fuerza de las corrientes. La noria sigue girando, aunque esta vez lo haga en sentido inverso: desmontar para construir mejor.

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Sofía Martínez

Periodista gallega especializada en información local y política. Licenciada en Periodismo por la USC. Redactora jefe de Galicia Universal.

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