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Lugo suma seis “Soletes de Primavera”: taperías, un caserío y tres confiterías que apuntalan la gastronomía local

La provincia de Lugo ha colocado seis nuevos establecimientos en la lista de los denominados “Soletes de Primavera” de la guía gastronómica, una distinción que premia espacios con alma, buena cocina y ubicaciones singulares. Entre los seleccionados hay dos taperías, un restaurante de orilla de río y tres cafeterías-confiterías que amplían la oferta en ciudades y municipios tan distintos como Sarria, Monforte, Navia de Suarna, Vilalba, Mondoñedo y la propia capital provincial.

De la tapería de pueblo al caserío de montaña: los nuevos reconocidos

En Sarria, uno de los puntos de paso más transitados del Camino de Santiago, ha ocupado un lugar destacado la tapería-colmado La Salina. Abrió sus puertas el 16 de abril de 2025 y, pese a su relativa juventud, ha logrado consolidarse por su propuesta de cocina tradicional gallega —caldo, puchero, volandeiras y croquetas caseras— y por su formato íntimo: seis mesas en el interior y otras seis en la terraza, ya abierta para la temporada de primavera-verano. Su propietaria, Lourdes Viñas, celebra el reconocimiento con la humildad de quien sabe que el trabajo diario pesa más que los premios, y no duda en ensalzar al cocinero del local, Jesús Chaos, “porque tengo un cocinero que es la pera”, dice en conversación con este periódico.

Más hacia el interior, en pleno macizo de los Ancares, figura el Caserío Meiroi, en Mosteiro (Navia de Suarna). Sus dueños, Carmen Pena y José López, mantienen una oferta pautada por los ritmos de la huerta y la ganadería propia: productos que llegan de la tierra a la mesa y se cocinan “como quien conserva una tradición familiar”, afirman desde el establecimiento. El caserío funciona, además, como una ventana a un paisaje guarnecido por montes y silencio, un argumento tan fuerte para el turismo rural como su cocina casera.

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Por su parte, Trespés, en Monforte de Lemos, ha celebrado el reconocimiento que su propietario, Brais Gómez, califica de “inesperado” y que coincide con el noveno aniversario del local. Situado a orillas del río Cabe, junto al puente medieval, Trespés hace bandera de la brasa y de los productos de temporada: mejillones, bonito de Burela a la brasa o un chuletón forman parte de una carta que busca la cercanía y la sencillez bien ejecutada. Su terraza, muy valorada a partir de primavera, es uno de los reclamos para vecinos y visitantes.

Confiterías con historia y vistas: Faragullas, Ebos y Ramón

La Guía no se ha olvidado de las confiterías y en esta edición han entrado tres establecimientos que funcionan como pequeños hitos urbanos. En Mondoñedo, junto a la majestuosa fachada de su basílica —Monumento Nacional desde 1902—, Faragullas ocupa una esquina privilegiada. Su responsable, Andrés Rodríguez, mantiene la reputación del local por pasteles y tostas; el nombre del café tiene una anécdota doméstica que devuelve la memoria a la tradición oral gallega: “Meu avó, cando comías pan e che caían as migas sempre decía que recollese as faragullas”, cuenta Rodríguez sobre la elección del nombre.

En Vilalba, en la comarca de Terra Chá, otro obradoiro se suma a la lista. Ebos Obradoiro Doce, regentado por Eduardo Balsa, es ya referencia local por sus productos artesanales. La mención quiere reconocer tanto la técnica como la apuesta por materia prima de proximidad: bollería y pastelería que funcionan igual de bien para vecinos que buscan calidad diaria que para visitantes en ruta.

La tercera confitería distinguida es Ramón, en la ciudad de Lugo. Situada en el entramado urbano que gravita alrededor de la muralla romana —Patrimonio de la Humanidad—, la cafetería se ha convertido en un punto de encuentro donde comprar un dulce o detenerse a tomar un café entre turistas y residentes. La guía valora estos locales por su capacidad de integrarse en el paisaje urbano y servir de descanso en itinerarios históricos o naturales.

Una primavera que impulsa lo local y el turismo gastronómico

Estos reconocimientos llegan en un momento en el que la primavera actúa tradicionalmente como relanzamiento de la actividad turística en Galicia: los peregrinos retoman etapas del Camino, los senderistas buscan cotas más altas en Ancares y la hostelería comienza a recuperar ritmos más próximos a la temporada estival. Que seis propuestas lucenses entren en el mapa de “Soletes” no es anecdótico: son pequeñas ventanas de la oferta provincial que combinan producto, territorio y experiencia.

Para municipios como Navia de Suarna o Sarria, el efecto es doble. Por un lado, refuerza un relato de calidad que puede atraer visitantes interesados en la gastronomía local; por otro, supone una inyección simbólica de reconocimiento para negocios que en muchos casos son generacionales o nacieron recientemente como respuesta a la demanda de turismo de naturaleza. En Monforte, la comunicación entre viandas y paisaje —la próxima estación fluvial del Cabe— es un argumento que Trespés ya explota con éxito cuando abre sus mesas al exterior.

Además, la mención de confiterías como Faragullas, Ebos o Ramón pone en valor una tipología de negocio que en Galicia ha sabido conservar técnicas artesanas y adaptarlas a nuevos públicos: no se trata solo de una pastelería, sino de un punto de encuentro social que activa el comercio urbano y la hostelería en centros históricos y rurales.

Repercusiones y próximos pasos para los establecimientos

El reconocimiento suele traducirse en más visibilidad y, en consecuencia, en mayor afluencia. Para negocios como La Salina, que trabaja con un menú diario de 16 euros y una carta media de 20 euros, el desafío será mantener la calidad con la que han sido distinguidos sin perder la personalidad que les llevó a la guía. Lo mismo ocurre con el Caserío Meiroi, donde la estacionalidad de la producción propia marca ritmos y capacidades.

Los propietarios consultados coinciden en algo: la importancia de una plantilla estable y bien formada. La hostelería gallega arrastra problemas de personal y de temporalidad, y un premio puede ser un estímulo para atraer a profesionales a proyectos con perspectiva. Por otro lado, la coordinación con el sector turístico local —ofertas combinadas, referencias en oficinas de turismo, inclusión en rutas temáticas— será clave para convertir un reconocimiento puntual en beneficio sostenible.

La primavera suele traer mesas al aire libre, productos tempranos del año y un público más dispuesto a detenerse. Para estos seis “Soletes” lucenses, la combinación de producto, emplazamiento y relato —desde la costa del Cabe hasta las cumbres de Ancares— puede ser el arranque de una temporada en la que la gastronomía local recupere protagonismo. A falta de ver las cifras de ocupación en los próximos meses, lo que ya es evidente es que la diversidad de la oferta —taperías de pueblo, caserío de montaña, restaurante ribereño y confiterías urbanas— dibuja un paisaje gastronómico lucense más vivo y reconocible.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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