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Los robots quirúrgicos Da Vinci, infrautilizados por la tarde en Galicia

Los robots quirúrgicos Da Vinci, infrautilizados por la tarde en Galicia

Las intervenciones con los robots Da Vinci en hospitales gallegos caen en picado por las tardes. El motivo, según responsables sanitarios, es el rechazo del personal a prolongar la jornada mediante peonadas. Así, la tecnología más avanzada permanece inactiva buena parte del tiempo, mientras las listas de espera siguen engordando.

Alta tecnología, uso intermitente

Quien pase por el área quirúrgica de un gran hospital gallego a primera hora de la tarde podría encontrarse con el robot Da Vinci apagado. No es una imagen puntual. Desde hace semanas, fuentes hospitalarias reconocen que las intervenciones por la tarde han caído prácticamente a cero. El motivo parece claro: la negativa del personal sanitario a realizar horas extra, conocidas en el sector como peonadas, ha dejado los quirófanos robotizados bajo mínimos más allá del mediodía.

Estos robots, que supusieron una inversión de más de dos millones de euros por unidad, están pensados para operar en sesiones dobles, mañana y tarde. Sin embargo, los sindicatos ya venían advirtiendo del desgaste y la sobrecarga de trabajo de los equipos de cirugía. Ahora, ante la falta de incentivos y el incremento de las demandas laborales, la actividad vespertina se ha desplomado. Demasiado tiempo sin aprovechar una herramienta puntera.

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Listas de espera y pacientes en vilo

Basta con mirar los datos del Servicio Galego de Saúde para entender el impacto. Las listas de espera quirúrgica en Galicia superan los 30.000 pacientes, según el último balance oficial. Muchos de ellos aguardan precisamente una operación mínimamente invasiva, para la que el Da Vinci es idóneo. Un responsable del sector explica que “las operaciones con robot reducen el ingreso hospitalario y aceleran la recuperación”, pero sin personal dispuesto a doblar turno, los turnos de tarde están prácticamente vacíos.

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No es menor el dato: en hospitales de referencia como el de A Coruña o Vigo, el robot Da Vinci apenas se utiliza después de las tres de la tarde. En algunos días, ni una sola intervención. El panorama contrasta con el de hace apenas un año, cuando la presión asistencial tras la pandemia impulsó el uso intensivo de estos equipos, con cirugías programadas incluso en sábados y festivos. Ahora, la situación se ha revertido.

El conflicto de las peonadas

Conviene recordar que las peonadas —horas extra remuneradas fuera de la jornada habitual— han sido durante años una válvula de escape para reducir listas de espera. Sin embargo, la fórmula se ha ido desgastando. Las últimas negociaciones entre sindicatos y administración no han logrado un acuerdo que satisfaga a ambas partes. El personal sanitario reivindica mejores condiciones y mayor estabilidad, mientras los responsables de la gestión sanitaria insisten en la urgencia de agilizar las intervenciones.

En barrios como Meicende, cerca del hospital de referencia de A Coruña, no es raro escuchar quejas de pacientes que llevan meses esperando una operación. “Nos dicen que hay máquinas nuevas, pero no las usan”, comenta una paciente a la salida del centro de salud. El malestar se extiende entre asociaciones de usuarios y plataformas de defensa de la sanidad pública. La pregunta, una vez más, es por qué una inversión millonaria se queda en standby por falta de manos.

Un problema de fondo

Nadie duda del potencial que tienen los robots Da Vinci en la cirugía urológica, ginecológica o digestiva. Los resultados clínicos avalan su eficacia y seguridad. Sin embargo, el cuello de botella está lejos de la tecnología. “La clave es la disponibilidad de equipos humanos cualificados y motivados”, apuntan fuentes médicas. Sin cirujanos, anestesistas, enfermería y personal de apoyo dispuestos a cubrir los turnos vespertinos, la máquina más avanzada no sirve de nada.

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Carmen Dorado

Periodista especializada en cultura y sociedad gallega. Colaboradora habitual en medios digitales del noroeste peninsular.

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