Una decena de jefes de Urgencias hospitalarias de Galicia han alzado la voz en un comunicado conjunto tras semanas de silencio roto por el agotamiento. Denuncian un “maltrato institucional” y acusan a la Consellería de Sanidade de bloquear contrataciones esenciales. En el CHUO, el servicio funciona con apenas el 40% del personal necesario. La alarma ya no es preventiva: es una realidad que afecta directamente a la seguridad de los pacientes.
Los hechos
El pasado 12 de mayo, los coordinadores de los Servicios de Urgencias Hospitalarias (SUH) de toda Galicia emitieron un comunicado inédito por su tono y alcance, denunciando una situación insostenible. Señalan que las gerencias de las áreas sanitarias, aunque técnicamente responsables de contratar, están “intervenidas” por la Consellería de Sanidade, que tiene la última palabra. Y esa palabra, según aseguran, ha sido sistemáticamente “no” en los últimos meses. «Estamos viendo como se paralizan procesos de contratación que ya estaban aprobados», reconoce un responsable del sector que pide anonimato.
El texto, firmado por todos los jefes salvo la coordinadora del CHUO, Beatriz Martínez, pone el foco en la estacionalidad: “Justo en los meses de estivales, cuando la demanda aumenta exponencialmente por el efecto vacacional, se bloquea la incorporación de profesionales”. En algunos hospitales, como el de Vigo o A Coruña, las asistencias diarias pueden duplicarse. Sin embargo, el número de facultativos no crece. “No es menor el dato: mientras Primaria negocia nuevas condiciones, Urgencias queda otra vez en el olvido”.
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Conoce más →La queja no es solo salarial. Es estructural. Los coordinadores advierten que la falta de personal está generando “riesgos claros para la seguridad clínica”. En un entorno con más de 200 pacientes simultáneos, la ausencia de un sistema informático de trazabilidad fiable es una bomba de relojería. “¿Qué pasa si se mezclan historias? ¿Quién responde si un paciente recibe un tratamiento erróneo?”, se pregunta uno de los firmantes. “No es paranoia. Es lo que dice la literatura médica”.
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Lo cierto es que esta crisis no estalla de golpe. Hace ya 15 años que los servicios de urgencias reclaman un sistema informático específico para su funcionamiento. “Nos han impuesto herramientas pensadas para consultas programadas, no para emergencias”, critican. El ejemplo más reciente es Ianus 5, la nueva historia clínica electrónica del Sergas. “Si se implementa tal cual, colapsaría los SUH”. A nadie se le escapa que hay una asimetría creciente: mientras Atención Primaria logra mejoras en condiciones y dotación, Urgencias —la puerta de entrada real del sistema— se queda atrás.
Conviene recordar que durante la pandemia por SARS-CoV-2, estos servicios fueron el primer filtro. Soportaron la presión más alta, muchas veces sin reconocimiento. Ahora, con la normalidad recuperada en superficie, los problemas estructurales afloran con más fuerza. “No es casualidad que justo ahora, cuando todo parece tranquilo, empiecen a recortarse contrataciones”, apunta otro coordinador. “Es cuando menos visibilidad tenemos”.
Perspectiva y futuro
El comunicado no es solo una queja: es un ultimátum. Los firmantes exigen que se equiparen sus condiciones laborales y económicas a las de otros servicios. Pero también piden soluciones concretas: sistemas informáticos adaptados, contratación ágil y reconocimiento institucional. “No queremos héroes. Queremos recursos”, resume uno de ellos. La Consellería, por su parte, niega haber bloqueado contrataciones y anuncia que esta semana se aprobarán “medidas extraordinarias” para el CHUO. Pero la desconfianza está servida.
“Están cansados, no quemados”, dice un especialista en gestión sanitaria que prefiere no dar su nombre. “Hay una diferencia sutil, pero importante. Queman etapas, pero siguen ahí, porque no pueden dejar a los pacientes. Eso es admirable, pero insostenible”. Fuentes municipales de Ourense admiten que “la tensión en el CHUO es palpable” y que “los ciudadanos ya notan retrasos en las salas de espera”.
Impacto en Galicia
En una comunidad donde la dispersión territorial obliga a muchos pacientes a recorrer decenas de kilómetros para acceder a un hospital, el cierre o saturación de un servicio de urgencias no es un problema local: es un agujero en la red asistencial. En Ourense, comarca de referencia para zonas como A Rúa o A Baixa Limia, el riesgo es tangible. “Si el CHUO colapsa, no hay alternativas cercanas. Ni siquiera en Pontevedra o Zamora se puede absorber esa demanda”, advierte un técnico sanitario.
Demasiado tiempo hemos normalizado la precariedad en Urgencias. Demasiadas veces hemos escuchado advertencias que terminan en silencio administrativo. La cifra del 40% de facultativos en Ourense no es un dato: es una acusación. ¿Hasta cuándo permitiremos que quienes más hacen sean los menos reconocidos? Cuando un infarto llegue a medianoche, no preguntará por políticas de personal. Solo necesitará una camilla, un médico y un sistema que no se haya rendido antes. Ese momento puede estar más cerca de lo que pensamos.
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