No fue una tarde de domingo cualquiera en la costa lucense. Mientras muchos vecinos de A Mariña se preparaban para cenar o descansar, el cielo decidió cambiar el guion por completo. Rayos, truenos y una granizada que sorprendió a propios y extraños se convirtieron en los protagonistas absolutos de la jornada.
Las precipitaciones, que en un principio podrían haber pasado por una simple tormenta veraniega, se tornaron en un fenómeno más intenso de lo habitual. En localidades como Foz, el granizo cubrió calles y terrazas, dejando una estampa más propia del invierno que de un mes de julio. La imagen, aunque fugaz, fue lo suficientemente impactante como para que muchos residentes compartieran vídeos y fotografías en redes sociales.
Una tormenta que no avisó
Quienes vivieron la escena en primera persona coinciden en lo repentino del cambio. El cielo, que horas antes presentaba un aspecto tranquilo, se oscureció con rapidez. No fue necesario esperar mucho para que los primeros relámpagos iluminaran el horizonte. Y tras ellos, el estruendo. Un trueno que retumbó con fuerza y que, para muchos, fue el preludio de lo que estaba por llegar.
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Conoce más →Lo cierto es que el granizo no se hizo esperar. Empezó con pequeñas piedras que pronto se convirtieron en una cortina blanca. En cuestión de minutos, el suelo de Foz y de otras poblaciones de la comarca se tiñó de blanco. Una capa delgada pero suficiente para que los más pequeños salieran a las puertas de sus casas, asombrados ante un espectáculo que, en pleno verano, resulta poco frecuente.
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Hosting WordPress →La intensidad de la granizada fue tal que en algunos puntos llegó a acumularse sobre los vehículos aparcados. Los conductores que circulaban en ese momento optaron por detenerse o reducir la velocidad al mínimo. Difícil mantener la calma cuando el granizo golpea con fuerza contra el parabrisas y apenas se distingue la carretera.
Foz, epicentro de la sorpresa
Foz fue, sin duda, uno de los puntos donde el fenómeno se dejó sentir con más virulencia. La villa mariñana, acostumbrada a las suaves brisas del Cantábrico, vivió una tarde de contrastes. Mientras el mar permanecía en calma, el cielo descargaba toda su furia sobre el casco urbano y las parroquias cercanas.
No es menor el dato de que este tipo de tormentas, aunque no son excepcionales en la zona, suelen producirse con menos frecuencia en plena canícula. A nadie se le escapa que el cambio climático está alterando los patrones meteorológicos, y episodios como este parecen confirmar que los veranos gallegos son cada vez más impredecibles.
Los servicios de emergencia, por su parte, no tuvieron que intervenir de forma destacada. Afortunadamente, la granizada no provocó daños de consideración más allá de algún susto y pequeñas incidencias en jardines y huertos. Pero la imagen de las calles blanquecinas quedó grabada en la memoria de quienes la presenciaron.
Un verano de contrastes
Conviene recordar que A Mariña ya había vivido días de calor intenso en las semanas previas. Las temperaturas, en algunos casos, rozaron los treinta grados. De repente, todo cambió. El granizo y los truenos irrumpieron como un recordatorio de que, en Galicia, el tiempo nunca termina de ser del todo previsible.
Las redes sociales se llenaron de comentarios. Algunos, con humor, hablaban de «un adelanto del invierno». Otros, más preocupados, señalaban la rareza del fenómeno. Pero lo cierto es que la tormenta pasó casi tan rápido como llegó. Minutos después de la granizada, el sol comenzaba a abrirse paso entre las nubes, dejando tras de sí un paisaje mojado y un aire más fresco.
Ahí está la clave de lo ocurrido: la fugacidad. Una tormenta que duró lo justo para generar asombro, pero que no dejó secuelas graves. En tiempos en los que cualquier fenómeno meteorológico puede convertirse en una catástrofe, esta vez la naturaleza se limitó a mostrar su poder sin causar estragos.
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