La demolición del cierre perimetral de los astilleros marca un hito en la transformación urbana de la fachada marítima
El ruido de las máquinas ha comenzado a escucharse en el barrio de Esteiro, en Ferrol. No se trata de una obra más, sino del inicio de un proceso simbólico y urbanístico que la ciudad lleva décadas demandando: la apertura de la muralla que separa el casco urbano del mar. El proyecto, bautizado como “Abrir Ferrol al Mar”, ha dado este martes su primer paso tangible con el derribo del muro perimetral de los astilleros de Navantia, una infraestructura que durante generaciones ha actuado como una barrera física y visual entre los vecinos y la ría.
La intervención, que arrancó por el tramo que discurre paralelo a la cuesta del lateral de la piscina de Batallones, representa mucho más que una simple demolición. Se trata de una apuesta por la permeabilidad urbana y por devolver a la ciudadanía un espacio que había quedado secuestrado por la lógica industrial. La muralla, levantada en su momento para proteger y delimitar el recinto naval, se había convertido con el paso del tiempo en un obstáculo que impedía la integración paisajística y el aprovechamiento lúdico de la costa.
Un proyecto estrella con varias fases en marcha
Este derribo no es un hecho aislado, sino la pieza central de una estrategia municipal más ambiciosa. El gobierno local, liderado por el regidor José Manuel Rey, ha impulsado esta iniciativa como uno de los ejes de su mandato. De hecho, la misma jornada en que comenzaba la demolición, el Concello daba luz verde a la licitación de la dirección de obra para otro tramo clave: el que conecta Telleiras con Caranza. Al mismo tiempo, se iniciaba la instalación de la verja en la avenida de Irmandiños, lo que evidencia que el proyecto avanza en varios frentes de manera simultánea.
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Conoce más →La decisión de eliminar el muro responde a una demanda histórica de los residentes de Esteiro y de buena parte de la ciudadanía ferrolana, que veía en esa pared de hormigón un símbolo de la desconexión entre la ciudad y su principal activo natural. La ría de Ferrol, con su valor paisajístico y su potencial para el ocio, había quedado relegada a un segundo plano por la preeminencia de la actividad naval. Ahora, con la demolición, se abre la posibilidad de generar un nuevo frente marítimo que integre paseos, zonas verdes y espacios de encuentro.
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Ver servidores VPS →Más que una obra: un cambio de mentalidad urbana
Detrás de la maquinaria pesada y los cascotes hay una reflexión más profunda sobre el modelo de ciudad que Ferrol quiere ser. Durante décadas, la industria naval marcó el ritmo y la fisonomía de la urbe, pero esa hegemonía ha ido dejando paso a una concepción más equilibrada, donde la calidad de vida y el disfrute del entorno natural ganan peso. La apertura de la muralla no solo mejora las vistas, sino que facilita la conexión peatonal y ciclista entre barrios que hasta ahora estaban separados por una barrera infranqueable.
El impacto no es solo estético. La eliminación del cierre perimetral permitirá que el barrio de Esteiro, tradicionalmente vinculado a los astilleros, se abra a nuevas dinámicas. Los vecinos podrán acceder directamente a la lámina de agua, algo que hasta ahora resultaba complicado o directamente imposible. Además, la actuación se complementa con la creación de un nuevo vial y la reordenación del tráfico en la zona, lo que reducirá la congestión y mejorará la seguridad vial.
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