La tragedia golpeó Venezuela con un doble terremoto que dejó una estela de destrucción. Días después, mientras el polvo aún flota en el aire, emerge una figura clave en la gestión de la ayuda sobre el terreno. Es José Antonio Alejandro González, un hombre que lleva a Ramirás en la sangre aunque su vida transcurra en Caracas. Hijo de emigrantes ourensanos, coordina desde la Hermandad Gallega de la capital venezolana el reparto de asistencia en la zona cero. Y su diagnóstico, recogido por La Voz de Galicia, no invita al optimismo: lo peor está por llegar.
Una «carrera de fondo» que apenas comienza
Quienes conocen el día a día en los barrios más castigados saben que la emergencia inmediata solo es el principio. Alejandro González lo tiene claro. «Ahora para mí viene lo peor», confiesa. No es un lamento sin fundamento. La experiencia en catástrofes demuestra que la primera semana concentra la atención mediática y los recursos urgentes, pero después llega el agotamiento, la burocracia y la fatiga solidaria. El responsable de la Hermandad Gallega habla de una «carrera de fondo» que exigirá resistencia, no solo explosión de solidaridad.
La situación sobre el terreno es desoladora. Hay familias enteras durmiendo en tiendas de campaña improvisadas. Otras, directamente sobre colchones extendidos en calles y plazas. El terremoto no solo derribó edificios; partió en dos la rutina de miles de personas. Y en ese escenario, la comunidad gallega en Venezuela, históricamente una de las más numerosas y organizadas de la diáspora, ha vuelto a activar sus redes de apoyo.
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Conoce más →De Ramirás a Caracas: el vínculo que no se rompe
La historia de José Antonio Alejandro González es la de tantos gallegos que crecieron escuchando historias de una tierra lejana. Sus padres emigraron desde Ramirás, una pequeña localidad ourensana, y él nació ya en Venezuela. Pero el vínculo con Galicia nunca se diluyó. Ahora, desde la Hermandad Gallega de Caracas, canaliza la ayuda que llega tanto desde España como desde la propia colectividad en el país caribeño.
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Hosting WordPress →No es menor el dato de que esta institución, fundada hace más de un siglo, se haya convertido en un pilar para los damnificados. En medio del caos, la estructura asociativa de la emigración gallega funciona como un salvavidas. Y González, con su conocimiento del terreno y su capacidad de gestión, se ha erigido en el enlace entre la necesidad y el recurso.
La logística del desastre: alimentos, agua y techo
La prioridad ahora es cubrir lo básico. Agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos y un techo bajo el que pasar las noches, aunque sea una lona. La Hermandad Gallega ha organizado centros de acopio y puntos de distribución en varias zonas de Caracas y sus alrededores. Pero la logística es compleja. Las carreteras dañadas, los cortes de suministro eléctrico y la inseguridad añaden capas de dificultad a una operación que ya de por sí es titánica.
El responsable ourensano insiste en que la ayuda no puede ser flor de un día. «Ahora viene lo peor», repite, porque cuando los equipos de rescate se vayan y los focos se apaguen, quedará la reconstrucción. Y esa es una tarea que lleva años, no semanas. La comunidad gallega, acostumbrada a sobreponerse a las adversidades, ya ha empezado a movilizarse. Desde colectivos en Galicia hasta particulares en Venezuela, las donaciones empiezan a llegar. Pero la demanda es inmensa.
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