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Abrir la puerta del coche frente a un colegio: un gesto rutinario que termina en siniestro

Abrir la puerta del coche frente a un colegio: un gesto rutinario que termina en

Cada mañana, miles de conductores repiten la misma secuencia mecánica: aparcar, mirar el espejo —a veces no— y abrir la puerta. Ese segundo de distracción basta para convertir una calle cualquiera en el escenario de un accidente. Algo así ocurrió en Ourense, en la entrada del colegio Carmelitas, donde dos vehículos quedaron dañados de forma notable tras un choque que, por fortuna, no dejó personas heridas.

Una puerta arrancada y restos por la calzada

El impacto fue lo suficientemente violento como para desprendir parte de la puerta del vehículo estacionado, que quedó esparcida por el suelo junto a otros fragmentos: faros rotos y abolladuras en la carrocería completaban el cuadro de un siniestro de apariencia más grave de lo que terminó siendo en cuanto a consecuencias personales.

Las dos mujeres implicadas salieron ilesas, aunque el susto se dejó notar: ambas se encontraban visiblemente nerviosas en los instantes posteriores al golpe, algo comprensible tratándose de una colisión ocurrida, además, en las inmediaciones de un centro educativo.

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La conductora siguió su marcha sin saber lo ocurrido

Uno de los detalles más llamativos del suceso es que la conductora del coche que golpeó la puerta continuó su trayecto, aparentemente sin percatarse del alcance del choque. Fue alertada pocos metros más adelante, cuando los hechos ya se habían producido.

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Este tipo de situaciones plantea una duda frecuente: ¿se trata de una fuga o de una simple falta de percepción? En golpes laterales de baja intensidad, especialmente si el vehículo en marcha circula con ruido de fondo o el conductor no espera el impacto, es habitual que el afectado no registre lo ocurrido. La distinción, sin embargo, no es menor desde el punto de vista legal, y corresponderá a las partes y, en su caso, a los agentes que instruyan el atestado determinarlo.

El riesgo de la puerta del lado de la calzada

El accidente se originó, según lo trascendido, cuando la conductora del vehículo estacionado abrió la puerta correspondiente al lado de la circulación. Es un conflicto clásico del tráfico urbano: quien estaciona tiene la obligación de verificar que puede abrir sin obstaculizar, y quien circula debe mantener la distancia de seguridad respecto a los vehículos detenidos o maniobrando. Cuando ambos fallos coinciden —o cuando basta uno solo—, el resultado es una colisión que suele terminar en peritajes, seguros y reclamaciones.

Que el punto de conflicto coincidiera con la entrada de un colegio añade un factor que merece reflexión: las calles escolares concentran paradas momentáneas, maniobras de gotas y recogida, y una circulación especialmente sensible en las horas de entrada y salida. No consta en este caso la hora exacta ni las circunstancias del estacionamiento, pero la ubicación invita a recordar la prudencia que estos entornos exigen.

Sin heridos, con daños materiales y una lección

El balance final es, en realidad, el mejor posible dentro de la mala suerte: daños materiales considerables en ambos vehículos y ningún lesionado. La imagen de una puerta desprendida en mitad de la vía puede parecer dramática, pero explica mejor la física del impacto —la resistencia de una puerta frente a un coche en movimiento es limitada— que la gravedad real del suceso.

Quedan por dilucidar las responsabilidades, que en colisiones de este tipo suelen repartirse entre quien abrió sin la precaución debida y quien circulaba sin la distancia o la atención necesarias. Lo que sí queda claro es que los accidentes más evitables son precisamente estos: un espejo revisado, una mirada por encima del hombro o unos metros de margen habrían bastado para que la mañana frente al Carmelitas transcurriera como cualquier otra.

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Miguel Ángel Vázquez

Redactor especializado en economía y empresas. Cubre la actualidad económica de Galicia y España para Galicia Universal.

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