¿Cuánto vale la esperanza de conservar el techo propio? En los peores momentos de una crisis hipotecaria, la pregunta no es retórica: hay quienes han respondido con sus ahorros. La Fiscalía de Vigo pide ahora cinco años de prisión para dos personas que, según el escrito de acusación, capitalizaron precisamente esa angustia familiar en Tui, cobrando unos 70.000 euros a cambio de una intermediación financiera que, según la acusación, nunca se materializó.
El origen: una deuda y una subasta a la vista
La trama arranca en 2015. La hija de una de las familias afectadas recibe el contacto de los ahora acusados, que le presentan una oferta difícil de rechazar: negociar la deuda pendiente, detener la subasta judicial de la vivienda y refinanciar el préstamo. Todo formalizado con un contrato de prestación de servicios que contemplaba un desembolso inicial de 8.500 euros y otro tanto adicional en concepto de comisión, condicionado a lograr el resultado prometido.
Para el Ministerio Fiscal, detrás de esa fachada de asesoramiento profesional había algo muy distinto: dos personas que actuaron «de común acuerdo» con la única finalidad de apoderarse de un beneficio patrimonial que no les correspondía. La calificación jurídica es contundente: delito continuado de estafa.
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Este tipo de casos no es ajeno a los años de la crisis inmobiliaria y sus secuelas. Cuando una familia se enfrenta a la pérdida de su vivienda, abundan intermediarios que prometen frenar procedimientos judiciales, renegociar deudas imposibles o conseguir refinanciaciones «exclusivas». El guion suele ser similar: contrato formal, pagos por adelantado y resultados que jamás llegan.
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Hosting WordPress →La cifra que se maneja en este caso —unos 70.000 euros— supera con mucho los pagos previstos en el contrato inicial, lo que sugiere, según la acusación, una sucesión de entregas de dinero sostenida en el tiempo. De ahí precisamente la calificación de «continuada»: no un hecho aislado, sino una conducta reiterada.
Lo que se juega en el juicio
La petición de cinco años de prisión sitúa el caso en un terreno serio. La Audiencia Provincial de Pontevedra será la llamada a valorar si existió engaño suficiente y perjuicio económico, elementos esenciales de la estafa. Para la familia afectada, el proceso representa también una posibilidad de recuperar al menos parte de lo perdido, aunque el daño de quien afronta un procedimiento de ejecución hipotecaria y además ve esfumarse sus ahorros difícilmente se repara solo con una condena.
El caso deja una advertencia evidente para el interés público: ante ofertas de «salvar» una vivienda subastable mediante pagos por adelantado a intermediarios sin respaldo, la prudencia y la asesoría independiente son la mejor defensa. El desenlace judicial dirá si la confianza depositada en Tui hace una década fue, como sostiene la Fiscalía, una trampa costosa.
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