Cada verano, las costas españolas vuelven a protagonizar titulares por los mismos motivos: banderas rojas, rescates a destiempo y víctimas que se repiten con una regularidad descorazonadora. Los ahogamientos en playas españolas —más de 400 muertes al año en todo el país, según estimaciones de colectivos de socorrismo— ponen sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿están nuestras playas realmente preparadas para el baño?
La respuesta, cuando uno mira hacia Galicia, es cuando menos matizable. La nuestra es una terra de costa enorme, escarpada y difícil de vigilar. Hablamos de más de 1.500 kilómetros de litoral, con cientos de playas de todo tipo: las masificadas de O Salnés o las Rías Baixas, y esas calas recónditas de Costa da Morte o A Mariña donde el baño es una ruleta rusa cuando sube la marea.
Un litoral imposible de cubrir al cien por cien
Lo cierto es que la comparación con otras comunidades del Mediterráneo resulta reveladora. Allí, las playas urbanas concentran a miles de bañistas en espacios reducidos y con un dispositivo de socorro intensivo. Aquí, la dispersión lo cambia todo. Una playa con media docena de personas puede estar desasistida durante horas, y de hecho lo está, en plena temporada estival.
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Ver en Hotels.com → PublicidadEl problema se agrava fuera de julio y agosto. Cabe recordar que muchas tragedias se producen en septiembre, mayo o incluso invierno, cuando apenas existe vigilancia. El mar gallego no entiende de calendarios turísticos, y los temporales de finales de verano pescan a muchos despistados con el dispositivo de salvamento ya desmontado.
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Buscar dominio →«La bandera verde da una falsa sensación de seguridad si no va acompañada de un servicio de socorro real y visible», advierte un coordinador de salvamento con años de experiencia en las Rías Baixas.
Ahora bien, tampoco todo son malas noticias. En los últimos años, concellos como Vigo, A Coruña o Sanxenxo han ampliado sus equipos de socorrismo y incorporado drones, torres de vigilancia mejor situadas y sistemas de aviso rápido. La tendencia es positiva, aunque desigual entre municipios y muy dependiente del dinero que cada ayuntamiento quiera —o pueda— destinar cada temporada.
Corrientes, retranca y exceso de confianza
Hay un factor gallego que los informes técnicos señalan una y otra vez: el desconocimiento del mar propio. Muchos ahogamientos en nuestra costa no los sufren turistas despistados, sino vecinos de la zona, pescadores y bañistas habituales que confían demasiado en playas que llevan toda la vida frecuentando. Las corrientes de retorno, esos ríos dentro del mar que arrastran hacia dentro, no perdonan la retranca de quien cree que «a este lo conoce de sobra».
De hecho, los expertos insisten en dos consejos que salvan vidas y que siguen sin calar. Si una corriente te arrastra, no nades contra ella: hazlo en paralelo a la costa hasta salir de ella. Y ante cualquier duda con las banderas, la regla es simple: bandera roja, ni una gota.
La comparación con la media nacional también deja matices. Galicia registra una proporción significativa de ahogamientos en playas sin vigilancia o fuera de la temporada de banderas, algo que en el Mediterráneo es menos habitual porque el dispositivo cubre prácticamente todo el verano. Es decir, el problema no es solo de más o menos socorristas, sino de cuándo y dónde se despliegan.
Qué se puede mejorar antes del próximo verano
Las propuestas que manejan socorristas y técnicos son conocidas pero cuesta verlas aplicadas. Ampliar la temporada de vigilancia a los meses de Mayo y septiembre, señalizar de forma más clara las zonas de riesgo en playas rurales, y homogeneizar los criterios de banderas entre concellos vecinos, algo que hoy depende demasiado de cada ayuntamiento.
Mientras tanto, el mar gallego seguirá siendo lo que siempre fue: hermoso, generoso y traicionero a partes iguales. La morriña por nuestras playas no debería costar vidas, y menos cuando las herramientas para evitarlo existen. Lo que falta, como casi siempre, es que alguien decida ponerlas en marcha antes de la próxima tragedia.
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