Ángeles Penas, directora del Museo de Bellas Artes de A Coruña, se jubila este marzo tras más de tres décadas al frente de la institución, periodo en el que, según ella, las colecciones se han multiplicado de forma notable. La responsable abandona el cargo después de liderar el traslado al actual edificio en 1995 y de pilotar la ampliación del fondo museístico y su proyección institucional. La decisión cierra una etapa marcada por la consolidación del museo en la ciudad y por el refuerzo de su reconocimiento a nivel autonómico y estatal. Penas explica que su marcha responde a la edad de jubilación y al deseo de dejar paso a equipos más jóvenes.
La directora recuerda que su llegada coincidió con el traslado desde la sede anterior, ubicada junto a la Academia de Bellas Artes, y que entonces la colección era muy inferior a la actual. Penas accedió al puesto desde el cuerpo facultativo de conservadores, formación que, afirma, condicionó su visión: la museología y la museografía fueron herramientas clave para definir la línea del museo. Durante estos años impulsó proyectos de exposición, catalogación y conservación que, en su opinión, permitieron ordenar y ampliar el patrimonio. El resultado, subraya, ha sido una institución más sólida y con mayor capacidad de diálogo con otras entidades estatales.
Entre los logros que destaca está el notable crecimiento de los fondos: en las dos últimas décadas el museo pasó de tener una colección modesta a contar con un patrimonio mucho más variado y cuantioso, fruto de adquisiciones, donaciones y rescates documentales. Penas atribuye ese avance a una política sostenida de trabajo de equipo y a acuerdos con administraciones y coleccionistas privados que completaron áreas que antes estaban poco representadas. El músculo institucional del museo —añade— se fortaleció gracias a esa combinación de criterio científico y gestión administrativa. Esa estrategia también permitió mejorar la programación expositiva y atraer a un público más amplio.
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Conoce más →Deja, además, una plantilla con la que guarda una relación de cercanía y aprecio: “Se crea una convivencia familiar”, remarca al describir los años compartidos con compañeros y colaboradores. El afecto por el equipo y por la rutina diaria pesan en su despedida, pero Penas repite que es necesario que entren nuevas generaciones para aportar ideas renovadas. Reconoce que el museo le produce “pena” al pensar en la despedida, pero se muestra confiada en la capacidad de quienes relevarán la dirección. La transición, dice, debe ser ordenada para proteger el patrimonio y mantener la continuidad de los proyectos.
El trabajo técnico y teórico ha sido uno de los pilares de su mandato: la dirección del museo se apoyó en criterios de conservación, catalogación y museografía para definir la hoja de ruta institucional. Penas explica que esas bases teóricas facilitaron decidir qué áreas reforzar y cómo presentar las colecciones al público, siempre con la voluntad de situar al museo en la agenda cultural de Galicia y del Estado. Ese planteamiento, según ella, sirvió también para atraer colaboraciones con otras instituciones y para consolidar la presencia del museo en circuitos expositivos más amplios. La profesionalidad del equipo ha permitido, además, acometer intervenciones de conservación importantes sobre piezas delicadas.
La actualidad del museo pasa ahora por la “mudanza” documental y la organización de fondos, tareas que Penas ha afrontado incluso en las últimas semanas de su actividad. Reconoce que ordenar expedientes y revisar archivos le ocupa tiempo y energías, y confiesa con humor que no limpia por partida de salida sino por necesidad organizativa. Parte del legado que deja son las fotografías y los proyectos del traslado de los años noventa, imágenes que ilustran la transformación del edificio y de sus dependencias. Esas pruebas materiales, sostiene, sirven para recordar la evolución institucional y para que la memoria del museo quede conservada.
Antes de su mandato hubo otras personas que marcaron la historia del museo; entre ellas figuró el antecedente en la dirección, Félix, que participó en las primeras fases del traslado y la reorganización. Penas valora el trabajo colectivo y la continuidad que permitieron completar etapas que, a menudo, requieren décadas para fructificar. El museo, de titularidad estatal, ha buscado en ese tiempo compatibilizar la vocación local con la pertenencia a circuitos nacionales, una doble condición que, según la directora, aportó visibilidad y recursos. La interlocución con las administraciones fue determinante para concretar adquisiciones y para asegurar espacios adecuados para la conservación.
En su despedida, Penas subraya la importancia de mantener el compromiso con el patrimonio y de fomentar la presencia del museo en la ciudad y en Galicia. Confía en que la nueva dirección amplíe horizontes y aproveche el impulso recopilado en los últimos años para innovar en programación y acercamiento al público. Agradece el respaldo recibido y defiende que la estabilidad y la profesionalidad del equipo son la mejor garantía para que el museo continúe creciendo. Su marcha marca el final de una etapa, pero abre paso a la renovación institucional que ella misma desea ver impulsada.
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