Hay infraestructuras que envejecen como los edificios y otras que envejecen como las ideas. La pasarela metálica que salta sobre la avenida de Compostela pertenece, al parecer, a la segunda categoría. El gobierno local de Pontevedra ha dado luz verde esta semana a la contratación del proyecto que podría acabar con ella, casi cuatro décadas después de su inauguración.
La decisión, aprobada en la Xunta de Goberno municipal y anunciada por la teniente de alcalde, va más allá de derribar una estructura de 1987. Plantea una pregunta de fondo: ¿cómo debe cruzar una persona a pie una vía urbana de dos kilómetros concebida, en pleno auge del automóvil, para que el tráfico fluyera sin obstáculos?
Del modelo de los ochenta al peatón como referencia
La avenida de Compostela se abrió al tráfico como una gran vía rápida, y la pasarela fue su solución de aquella época para separar flujos: los vehículos por abajo, los viandantes por arriba, cada uno en su carril. Era la lógica urbanística dominante. Cuarenta años después, Pontevedra —ciudad pionera en peatonalización— mira ese modelo con recelo.
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Conoce más →El relevo previsto no será un simple sustituto vertical, sino un paso sobreelevado pensado para conectar a pie el entorno de Pasarón con el campus universitario, uniendo O Burgo y A Xunqueira. Es decir, la conexión deja de ser un parche de seguridad para convertirse en un eje de movilidad entre barrios y entre la ciudad y la universidad.
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La actuación incluye otro elemento revelador: una rebaja del límite de velocidad en el entorno, donde ahora se circula a 50 kilómetros por hora. Reducir la velocidad es, en la práctica, admitir que la vía dejará de funcionar como corredor rápido para comportarse como calle urbana. ¿Y qué es una calle sino el espacio donde el peatón tiene prioridad?
El mensaje de fondo es doble. Por un lado, se corrige una infraestructura que cumplió su función pero que hoy resulta incómoda y poco accesible para gran parte del público: rampas largas, estructuras envejecidas, trayectos poco atractivos. Por otro, se prepara el terreno para la reforma integral de la avenida, una aspiración municipal recurrente orientada a humanizar la principal entrada sur de la ciudad y a acercarla al ámbito universitario.
Un proyecto, muchas dudas
Quedan, eso sí, pasos importantes por dar. Encargar el proyecto no equivale a ejecutar la obra: habrá que redactar el diseño, someterlo a información pública, presupuestarlo y financiarlo. El calendario de derribo y la fecha de construcción del nuevo paso sobreelevado no están fijados, y la experiencia dice que entre el encargo técnico y las excavadoras puede mediar bastante tiempo.
Tampoco está de más preguntarse por el coste de mantener mientras tanto una estructura de casi cuarenta años, ni por cómo se organizará el tránsito peatonal durante las obras. Son detalles que el proyecto encargado deberá responder.
En cualquier caso, la sentencia está dictada: la pasarela de la avenida de Compostela, testigo mudo de la Pontevedra de 1987, tiene los días contados. En su lugar, la ciudad quiere un cruce que no obligue a salvar obstáculos, sino que invite a cruzar. Si esa ambición se traduce en hormigón será, como siempre, cuestión de presupuesto y voluntad política.
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