Pocas veces el fútbol ofrece guiños tan precisos. El pasado domingo, Marc Cucurella pisó el césped del MetLife Stadium de Nueva Jersey con un gesto que, para la mayoría, pasó desapercibido. No fue así para Joan Capdevila. El ex lateral del Deportivo, héroe en Johannesburgo 2010, observó desde la distancia y sonrió. Lo que vio no era una casualidad: era un encargo.
El jugador del Chelsea, titular indiscutible en el once de Luis de la Fuente durante el Mundial de 2026, repitió exactamente el mismo ritual supersticioso que Capdevila ejecutó hace dieciséis años, minutos antes de que España se midiera a Argentina en la final. Un gesto que, según el propio exfutbolista, trajo consigo la buena fortuna que necesitaba la selección para alzar su segundo título mundial.
El mensaje que lo cambió todo
Fue a través de sus redes sociales donde Capdevila desveló el secreto. Lo hizo este lunes, cuando la euforia todavía no había amainado. «Y ahora os cuento un secreto… En 2010 hice lo mismo en el césped antes de comenzar el partido. Lo he contado millones de veces. Le pedí a Cucurella que hiciera lo mismo ayer», escribió el catalán. Y remató con un mensaje directo, cargado de emoción: «Marc, te quiero mucho. ¡ERES CAMPEÓN DEL MUNDO!».
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Conoce más →El vídeo que acompañaba al texto mostraba a Cucurella realizando esa misma acción sobre el verde de Nueva Jersey. Un movimiento que, para el profano, podría parecer intrascendente. Para Capdevila, no. Era la llave que conectaba dos momentos históricos del fútbol español separados por más de una década y media. Ahí está la clave.
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Hosting WordPress →El exjugador del Deportivo, que ocupó la posición de lateral izquierdo en aquella final del 11 de julio de 2010 ante Holanda, había contactado con Cucurella antes del partido. Le pidió que repitiera el gesto. El actual internacional, que ya había demostrado su carácter y su fiabilidad durante todo el torneo, aceptó. No parece casualidad.
De Johannesburgo a Nueva Jersey: el mismo camino
La selección española ha recorrido un largo camino desde aquella noche en el Soccer City. Aquel equipo de Casillas, Xavi, Iniesta y Villa marcó una época. Pero el fútbol, como la vida, necesita nuevos referentes. Cucurella, formado en la cantera del Barcelona y consolidado en la Premier League, ha asumido ese rol con naturalidad.
Su actuación en el Mundial de 2026 ha sido, según los analistas, sobresaliente. No solo por su solidez defensiva, sino por su capacidad para sumarse al ataque y generar peligro. En la final ante Argentina, su despliegue físico fue clave para contener a uno de los extremos más peligrosos del torneo. Y, además, cumplió con el ritual. Demasiado tiempo había esperado Capdevila para ver repetido aquel gesto.
Conviene recordar que el exjugador del Deportivo siempre ha sido un defensor de las tradiciones y los pequeños detalles. Durante su carrera, acumuló más de 500 partidos oficiales y fue pieza fundamental en la conquista del Mundial y la Eurocopa. Su legado, sin embargo, trasciende lo deportivo. Este gesto, esta conexión generacional, lo demuestra.
La superstición como hilo conductor
El fútbol está lleno de rituales. Desde los que tocan el césped antes de saltar al campo hasta los que llevan la misma ropa interior durante todo un torneo. La superstición, en este deporte, no es una rareza: es una necesidad. Los jugadores buscan cualquier elemento que les proporcione una ventaja, por mínima que sea.
En el caso de Capdevila y Cucurella, el gesto compartido va más allá. Es un símbolo de continuidad. Una forma de decir que la llama no se ha apagado. Que el espíritu de aquella generación dorada sigue vivo en estos nuevos campeones. No es menor el dato: el lateral del Chelsea ha sido uno de los futbolistas más regulares del torneo, acumulando minutos en todos los partidos y demostrando una madurez impropia de sus 28 años.
El propio Capdevila, en declaraciones posteriores, recono
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