Los estudiantes de la Universidad de A Coruña (UDC) denuncian que el transporte público en la ciudad ignora sus necesidades, especialmente en los campus de Elviña y A Zapateira. En pleno curso 2025-2026 y con la actividad académica al máximo, la línea universitaria —la llamada línea UDC— sufre saturaciones en las horas punta y no cubre barrios donde viven muchos alumnos. La queja se intensifica tras la negativa del Ayuntamiento a implantar estaciones de BiciCoruña en los campus y ante la percepción de frecuencias insuficientes. La situación, dicen los afectados, complica el acceso a las clases y obliga a buscar alternativas menos sostenibles.
El problema no es nuevo, pero se ha agudizado con el aumento de la matriculación y la movilidad diaria hacia los dos grandes campus coruñeses. La red municipal dispone de 26 líneas de autobús, pero los estudiantes subrayan que ninguna estructura del servicio está diseñada pensando específicamente en los trayectos que conectan barrios periféricos y las zonas académicas. La línea UDC es el eje habitual, pero su puesta en marcha y reparto de paradas no alivian la presión en las horas clave.
La línea universitaria cuenta con 29 paradas, muchas de ellas concentradas dentro de los recintos universitarios o en puntos céntricos como Juan Flórez y las plazas de Pontevedra y Ourense. Sin embargo, son los puntos de origen comunitarios —San Pedro de Mezonzo y plaza de Pontevedra, entre otros— los que registran mayor presión a primera hora, cuando los autobuses llegan llenos y no admiten nuevos pasajeros. Esta situación repite el patrón que los estudiantes consideran insostenible.
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Conoce más →Incidencia en la vida académica
El impacto en el día a día de los alumnos se traduce en retrasos, jornadas menos productivas y en ocasiones jornadas de pie o desplazamientos alternativos. Muchos estudiantes relativizan el coste económico y señalan como principal problema la falta de plazas y la irregularidad de pasos en horas punta. En opinión de varios usuarios, la frecuentación debería ajustarse al pico de demanda matinal y vespertina para garantizar el acceso a las clases.
«A veces no te dejan ni entrar; y cuando logras hacerte hueco, el camino hasta el campus se vuelve un verdadero caos»
Así lo relata Jaime Pérez, estudiante de segundo curso de Economía, que vive en un barrio del extrarradio y depende del servicio para llegar a las clases. Su experiencia refleja el fenómeno de autobuses que pasan completos por las paradas más demandadas y que obligan a repetir la espera o a combinar trayectos menos directos.
Además del desbordamiento, la distribución de las paradas y la conexión con barrios como Os Mallos, Monte Alto o Peruleiro es percibida como insuficiente. Muchos estudiantes apuntan que el mapa de rutas favorece puntos céntricos y deja “vacíos” en zonas residenciales donde conviven numerosos universitarios. Esa segmentación del servicio provoca desplazamientos largos y, en ocasiones, un incremento del uso del coche particular.
Alternativas a debate: bicicletas y frecuencias
En febrero, el grupo municipal nacionalista planteó una moción para instalar estaciones de BiciCoruña en los campus, una medida pensada para facilitar el último tramo del trayecto. El Consistorio respondió que la fórmula de bases pequeñas —seis, quince o veinte bicicletas— no resolvería el volumen de usuarios que requieren acceso continuo, y mostró reticencias a implantar el sistema tal y como se propuso.
«No todos vivimos en el centro o en Os Mallos»
La reivindicación de Iria Rodríguez, estudiante de Derecho, resume la demanda principal: más frecuencias y una cobertura que llegue a los barrios donde residen alumnos. Para muchos, la combinación ideal sería reforzar la línea UDC en horas punta y sumar opciones como estaciones de bicicletas bien dimensionadas y paradas adicionales en zonas residenciales.
Desde la perspectiva municipal, el debate plantea limitaciones técnicas y presupuestarias. Adaptar horarios y aumentar vehículos implica costes y ajustes en la planificación operativa de la flota. Sin embargo, los estudiantes advierten del coste social y ambiental de no actuar: mayor uso del coche, atascos y pérdida de accesibilidad a la oferta formativa.
Organizaciones estudiantiles y representantes universitarios reclaman una mesa de trabajo entre la UDC, la concesionaria del transporte y el Ayuntamiento para diseñar soluciones a corto y medio plazo. Entre las propuestas figuran refuerzos en las horas de entrada y salida, paradas adicionales en barrios concretos y pilas de bicicletas compartidas de mayor capacidad en los recintos universitarios.
La polémica vuelve a situar sobre la mesa la necesidad de pensar la movilidad urbana con una mirada que integre educación, sostenibilidad y equidad territorial. Para los estudiantes de A Coruña, la prioridad es clara: que el transporte público deje de ser un obstáculo para cursar estudios y pase a ser una herramienta que facilite el acceso a la universidad.
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