La tarde del 18 de marzo quedó marcada por el derrumbe parcial de la antigua torre de Aez, en el núcleo de Camoira, cuando se vino abajo buena parte del único lienzo que aún permanecía en pie. Vecinos alertaron al observar el desplome en la fachada norte: el ventanal, que conservaba un escudo y restos del almenado, quedó prácticamente destruido.
El derrumbe y la alarma vecinal
Fueron moradores del propio núcleo quienes dieron la voz de alarma al ver que el muro se desplomaba. En cuestión de minutos la fachada norte, que hasta ahora mantenía el ventanal cuadrado y el escudo de los Castro y Gayoso, perdió más de la mitad de su superficie visible. Testigos describen cómo las piedras rodaron hasta la base de la roca sobre la que se asienta la torre, una elevación natural que en el pasado alojó la fortificación de unos 10 metros de altura.
La construcción está catalogada como Bien de Interés Cultural, pero se ubica en una propiedad privada, lo que complica la intervención inmediata. La Consellería de Cultura anunció desconocer el derrumbe y recordó que, al tratarse de un inmueble privado, corresponde al titular conservar, mantener y custodiar el monumento. Esa respuesta oficial añade tensión: para los vecinos y para quienes siguen la penosa secuencia de pérdidas patrimoniales en la provincia, la sensación es que la protección legal no siempre se traduce en conservación efectiva sobre el terreno.
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Conoce más →Aunque la torre llevaba años en ruinas y sólo quedaba en pie un lienzo, el desplome provoca una pérdida notable del perfil histórico del lugar. El ventanal, hasta ahora identificado por su forma cuadrada y por el escudo nobiliario, ha quedado reducido a un contorno imperceptible; lo que queda, según los vecinos, permite intuir aún la silueta original pero también evidencia la fragilidad de un monumento que no recibió la atención necesaria.
Un patrimonio privado y frágil: historia y amenazas
La torre de Aez no es un simple reclamo arquitectónico aislado. En su momento ejercía jurisdicción sobre parroquias como Camoira, Cotá, Outeiro, Serén y Vilalbite, territorios que hoy se reparten entre los concellos de Lugo, Friol y Outeiro de Rei. Su presencia en la comarca remite a una época de señoríos y demarcaciones que tejieron buena parte de la toponimia y del paisaje rural gallego. La torre, levantada sobre roca y visible desde varios puntos del entorno, servía como referencia física y simbólica de ese pasado.
No es la primera alarma por derrumbes de bienes de este tipo en la provincia. Hace poco más de un mes la torre de Torés, en As Nogais, sufrió su mayor desprendimiento en años y organizaciones como Patrimonio dos Ancares y la Asociación Veciñal de Torés llevan tiempo alertando del mal estado de la fortaleza. Los precedentes muestran un patrón: construcciones con protección administrativa que, sin embargo, permanecen en situación de abandono o de conservación insuficiente, muchas veces por la titularidad privada y por la falta de recursos para intervenciones complejas.
La cuestión no es sólo estética o turística. La caída de elementos constructivos plantea riesgos inmediatos para la seguridad de quienes residen en torno a estas ruinas, y señala la erosión de la memoria colectiva. Que un escudo nobiliario, una saetera o un ventanal gótico desaparezcan bajo los cascotes equivale, en términos patrimoniales, a una amputación de señales que ayudan a comprender la evolución de la provincia.
Repercusiones locales y próximos pasos
Tras el derrumbe, efectivos de la Policía Local y de la Policía Nacional se personaron en el lugar para controlar el acceso y evitar riesgos. A falta de una valoración técnica pública, los vecinos piden una inspección urgente que determine el alcance de los daños y las medidas necesarias para evitar nuevos colapsos. En el plano administrativo, la titularidad privada del inmueble complica actuaciones inmediatas por parte de la Xunta o de los concellos, pero tampoco les exime de capacidad de coordinación para facilitar una solución.
La repetición de episodios como el de Aez y el de Torés ha reabierto el debate sobre el régimen de tutela de los bienes inventariados. Algunos expertos y colectivos reclaman fórmulas que permitan intervenir con mayor rapidez, desde convenios con propietarios hasta la movilización de fondos para urgencias patrimoniales. Otros apuntan a la necesidad de campañas de sensibilización y de incentivos fiscales que alivien la carga que supone mantener una ruina histórica.
En el medio rural gallego, donde la despoblación y la falta de recursos son ya retos estructurales, el patrimonio arquitectónico sufre en primera persona las consecuencias. Recuperar o, al menos, asegurar lo que queda requiere voluntad política y herramientas prácticas. A falta de confirmación oficial sobre plazos de actuación en Aez, vecinos y expertos coinciden en que conviene actuar con celeridad para evitar que lo que queda de la torre se convierta en escombros irreversibles.
En los próximos días, la prioridad será una evaluación técnica que cuantifique daños y riesgos. A partir de ahí se abrirá la discusión sobre quién asume las obras —propietario, administración o una fórmula mixta— y sobre qué medidas de protección se deben implantar de manera preventiva en todo el territorio. La caída en Aez es una llamada de atención: cada piedra que se desprende es un capítulo de historia que podemos perder si no cambiamos el rumbo de la gestión del patrimonio.
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