Abrir el coche como si fuera una lata de conservas. Eso es, a grandes rasgos, lo que hacen las bandas que han recuperado el viejo método del ‘alcantarillazo’, una técnica que ya creíamos enterrada y que ha vuelto a dar señales de vida en Galicia, con varios casos detectados en O Porriño y su área de influencia.
El procedimiento es tan simple como destructivo. Los ladrones introducen una palanca, a menudo un destornillador largo o una barra metálica, a través del paso de rueda o de la zona de la alcantarilla del vehículo, forzando el mecanismo de apertura. En cuestión de segundos la puerta cede sin necesidad de romper cristales ni activar alarmas sofisticadas. Ahora bien, lo que ganan en rapidez los propietarios lo pierden en factura del taller, porque los daños en la carrocería y el mecanismo de cierre pueden superar con facilidad los 800 o 1.500 euros de reparación.
Por qué vuelve ahora una técnica ‘vintage’
Lo cierto es que el ‘alcantarillazo’ no es ninguna novedad. Fue moneda corriente en los años noventa y principios de los 2000, especialmente en zonas de gran tránsito de vehículos: aparcamientos de centros comerciales, polígonos industriales y áreas de servicio. De hecho, su reaparición coincide con otro fenómeno que ocupa titulares estos días: los robos de ruedas, catalizadores y objetos del interior de coches, una tendencia que ha repuntado en buena parte del Estado.
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Conoce más →Los expertos en seguridad apuntan a una explicación poco tecnológica pero muy eficaz: los modernos sistemas antirrobo electrónicos han hecho casi imposible el ataque a la electrónica del vehículo, así que las bandas han vuelto a lo básico. La palanca no necesita hackear nada. Cabe recordar, además, que muchos de estos grupos actúan de forma itinerante, desplazándose por autovías y cometiendo varios golpes en una misma noche antes de cambiar de provincia.
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Ver planes de hosting →«Lo que estamos viendo son grupos muy móviles que estudian los aparcamientos durante el día y vuelven de madrugada. Al propietario le basta con no dejar nada a la vista y, si puede, aparcar en zonas iluminadas», señala un portavoz de una patrulla de vigilancia de la zona sur del área metropolitana de Vigo.
O Porriño y el corredor del Baixo Miño, en el punto de mira
La geografía explica buena parte del problema. O Porriño es un nudo logístico de primer orden: por su término municipal pasan la A-52, la AP-9, la VG-20 y el corredor hacia Tui y la frontera portuguesa. Esa densidad de tráfico convierte sus polígonos, Gasamóns y las zonas de aparcamiento de hostales y áreas de descanso en terreno abonado para quien busca coches cargados de herramientas, material informático o simply efectos personales que quedan a la vista.
En las últimas semanas, varios comerciantes y trabajadores de los polígonos porriñeses han denunciado accesos forzados compatibles con esta técnica, según han podido confirmar fuentes próximas a las investigaciones. No es un fenómeno exclusivo del municipio: también se han registrado episodios similares en aparcamientos de Vigo, Ourense y el eje de la A-6 en Lugo. Elloitavente por ciento de los robos en vehículos se concentra en zonas industriales y de ocio nocturno, un dato que dibuja con claridad el mapa del riesgo.
La Guardia Civil y la Policía Local han reforzado la vigilancia en los puntos más golpeados, aunque reconocen la dificultad de dar caza a grupos que actúan en ventanas de tiempo de apenas minutos. La morriña del ladrón de coche de toda la vida, ese que trabajaba con palanca y manga anchas, parece haber vuelto para quedarse un tiempo.
Qué puede hacer el conductor
La retranca gallega dirá que lo mejor es no dejar nada dentro del coche, y no le faltará razón. Las recomendaciones de las fuerzas de seguridad pasan por retirar siempre objetos de valor, guardar工具 y equipos en lugares no visibles y preferir aparcamientos con iluminación y videovigilancia. En el caso del ‘alcantarillazo’ específicamente, algunos talleres instalan placas de refuerzo en el paso de rueda, una solución poco conocida pero relativamente económica comparada con el daño que evita.
También conviene revisar si el seguro cubre el intento de robo, no solo el robo consumado, porque muchos conductores descubren demasiado tarde que la reparación de la puerta corre de su cuenta. Con la bandas recalculando sus rutas por la terra, la vieja máxima sigue vigente: el mejor antirrobo sigue siendo el sentido común.
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