Julen Bollain y la vivienda: un debate que resuena en Galicia
El nombre de Julen Bollain ha saltado estos días a la palestra nacional, convertido en trending topic tras sus análisis sobre la situación del mercado de la vivienda en España. Sus palabras, cargadas de retranca, han puesto el foco en una realidad que muchos prefieren no mirar de frente: el acceso a la vivienda se ha convertido en una auténtica “trituradora” para miles de familias, especialmente jóvenes. Ahora bien, lo relevante para nosotros es cómo encaja ese análisis en la realidad gallega, donde la morriña por tener casa propia es casi tan fuerte como la necesidad de respirar aire de la terra.
Bollain, economista y exdiputado, ha denunciado abiertamente que el mercado inmobiliario español está diseñado para beneficiar a unos pocos, mientras expulsa a buena parte de la población de la posibilidad de acceder a una vivienda digna. Si bien sus afirmaciones han generado polémica en Madrid y Barcelona, lo cierto es que en Vigo, A Coruña y otras ciudades gallegas, la cuestión también quema.
“En Galicia la presión hipotecaria y de alquiler ya es comparable a la de grandes capitales, pero con sueldos más bajos y menos oportunidades”, lamenta un responsable de una asociación vecinal coruñesa.
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El espejo gallego: precios al alza y sueldos que no acompañan
En nuestra terra, los síntomas son difíciles de ignorar. El precio de la vivienda en Galicia ha subido un 7 % en el último año, según datos recientes del INE, un ritmo que triplica el de la década anterior. En Vigo, el metro cuadrado supera ya los 2.400 euros en varias zonas, mientras que en A Coruña no baja de 2.000 en barrios como Os Mallos o Matogrande. El alquiler tampoco da tregua: en la ciudad herculina, arrendar un piso de dos habitaciones ronda los 850 euros, más de la mitad del salario medio joven en Galicia.
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Ver planes de hosting →La situación se complica por la brecha salarial gallega. El sueldo medio aquí es un 12 % inferior al nacional, pero los precios de la vivienda no se han quedado atrás. Es decir, la distancia entre lo que ganamos y lo que cuesta vivir bajo techo propio se ensancha cada año. Así, no extraña que el porcentaje de jóvenes gallegos que pueden emanciparse sea de apenas un 13 %, frente al 24 % de la media española. Esa morriña por quedarse en casa de los padres va dejando de ser cuestión de apego para convertirse en pura necesidad económica.
Turistificación, pisos vacacionales y la batalla local
Otro de los puntos que Bollain pone sobre la mesa es el efecto de la turistificación y el auge de los pisos vacacionales en la expulsión de vecinos de sus barrios de toda la vida. En Santiago o en el Casco Vello de Vigo, la proliferación de viviendas de uso turístico ha disparado los precios y reducido la oferta para residentes. En A Coruña, más de 2.000 viviendas están registradas como turísticas, una cifra que se ha duplicado en solo tres años.
Los ayuntamientos gallegos, con más voluntad que medios, buscan fórmulas para frenar este fenómeno. En algunos casos, como en Ourense, se han aprobado moratorias para nuevas licencias de pisos turísticos. Sin embargo, tanto expertos como vecinos insisten en que estas medidas llegan tarde y son insuficientes. De hecho, la sensación generalizada es que la vivienda se ha convertido en un bien de lujo, cuando debería ser un derecho básico.
Retos y oportunidades: ¿puede Galicia aprender de los errores ajenos?
La pregunta que flota en el ambiente es si Galicia está a tiempo de evitar una situación tan insostenible como la de otras regiones más tensionadas. Algunos analistas sugieren que la clave pasa por apostar por la rehabilitación y la vivienda social, dos campos en los que la Xunta y los municipios tienen aún mucho por hacer. Por ejemplo, en 2023 solo se entregaron 280 viviendas públicas en toda la comunidad, una cifra que palidece si la comparamos con la demanda real.
En la calle, la percepción es clara:
“O vives de alquiler compartido o te vas al rural, porque en la ciudad cada vez es más difícil empezar de cero”, resume un joven vigués que busca piso desde hace meses.
La presión del mercado, la falta de oferta asequible y el empuje del turismo dibujan un panorama complejo, donde el sueño de tener una casa propia se aleja para muchos gallegos. Quizás la lección de Bollain sea, en el fondo, una llamada a tomarnos en serio el problema antes de que la “trituradora” devore la última oportunidad de la juventud de la terra.
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