La avenida de Portugal, en Ourense, permanece prácticamente paralizada por unas obras que se prolongan desde hace casi un año y han convertido esta vía en una dificultad diaria para el vecindario y el comercio local. El corte alterno y la falta de planificación han afectado a un tramo de alrededor de 1,2 kilómetros, desde la intersección con la rúa Ervedelo hasta el desvío por la rúa Carriaco, y han dejado sin concluir aceras, tuberías al aire y tramos de tierra que impiden la normal movilidad. La paralización de los trabajos, según fuentes vecinales, se produjo tras el cese de la empresa adjudicataria motivado por impagos del Concello, y la incertidumbre sobre la reanudación persiste.
El aspecto de la avenida ha sido descrito por quienes la utilizan a diario como el de una zona en obras perpetua: coexistencia de aceras recién pavimentadas junto a otros tramos sin urbanizar, baches en la calzada y materiales dispersos que obligan a los peatones a sortear obstáculos. Las imágenes tomadas en varios puntos muestran escollos de tierra y gravilla donde antes había itinerarios peatonales continuos, y pasos con accesos provisionales o inexistentes que complican el tránsito, especialmente para mayores y personas con movilidad reducida.
Antes del inicio de la intervención, la avenida soportaba un flujo medio de 2.600 vehículos diarios, lo que la convierte en una de las arterias principales de la ciudad. Con las obras abiertas, la circulación se ve condicionada y la convivencia entre coches, furgonetas de reparto y peatones resulta tensa en varios tramos, donde a menudo sólo queda un carril habilitado. Además, son necesarias rampas para facilitar el acceso a 46 portales y entradas a locales, muchas de ellas improvisadas o pendientes de finalización, según relatan los vecinos.
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Conoce más →El impacto económico es notable: alrededor de 70 comerciantes de la avenida y sus calles adyacentes sufren pérdida de visibilidad, descenso de clientela y problemas logísticos para recibir mercancías. Los propietarios de establecimientos hablan de facturación menguante, llamadas de proveedores que evitan la zona y de clientes que prefieren desplazarse a otras zonas de la ciudad por la dificultad para aparcar y el mal acceso. La situación prolongada, advierten, agrava la competitividad de negocios ya ajustados.
Sobre el terreno, se identifican hasta nueve sectores con distinto grado de avance en las obras, sin continuidad entre unos y otros. Los tramos más críticos, según el diagnóstico de residentes, se sitúan entre el portal 117 y el portal 105, donde la intervención apenas ha comenzado en un sentido y la acera opuesta permanece antigua, y entre el portal 66 y la rotonda de O Couto, con aceras convertidas en socavones de tierra y gravilla. En los extremos, cerca de la intersección con Ervedelo y la rotonda de O Couto, las aceras están más avanzadas, pero la calzada acusa hundimientos y desperfectos.
La paralización de la obra se produjo después de que la empresa adjudicataria suspendiera tareas por falta de pago por parte del Concello, según indican fuentes vecinales y comerciales. Desde entonces, no existe un calendario claro de reanudación ni se han concretado plazos públicos que permitan a residentes y comerciantes planificar. La ausencia de una comunicación fluida sobre el proceso y la financiación ha aumentado la frustración en la zona.
Los habitantes de la avenida piden soluciones urgentes: la instalación de pasos seguros y rampas definitivas, una señalización adecuada y un plan de obras por tramos que minimice la convivencia entre peatones y vehículos. También demandan medidas compensatorias para los negocios, una revisión de los plazos administrativos que han acabado por dilatar el proyecto y un compromiso firme del Concello para evitar que esta situación se convierta en permanente.
En un contexto urbano donde la movilidad y el comercio de proximidad son claves, la avenida de Portugal se ha convertido en un ejemplo de cómo una obra mal gestionada puede afectar la vida cotidiana de miles de personas. La reapertura de los trabajos, la clarificación de responsabilidades y la definición de un cronograma realista son, a juicio de los afectados, condiciones imprescindibles para devolver a esta vía su funcionalidad y evitar un daño económico y social mayor en el barrio.
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